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Una profunda recesión castiga a Brasil

Junto a Rusia, China e India integra un selecto club, el de las superpotencias emergentes. Es la B de los denominados BRIC. No le faltaban méritos para ello, al menos hasta el momento. El país más extenso de América del Sur es también la mayor economía de la región en cuanto al Producto Interior Bruto y la séptima a nivel mundial, según el Fondo Monetario Internacional (FMI). Sus más de 8.500.000 kilómetros cuadrados de territorio convierten a Brasil en el país más extenso de América del Sur. En él habitan más de 206.000.000 de ciudadanos. La renta per cápita en 2014 era de 15 838 dólares. Pero en 2011 el modelo de crecimiento de este país parecía llamado a agotarse. Ahora, la sombra de la recesión se cierne sobre Brasil que se enfrenta a la peor crisis económica de los últimos 25 años.

Las cifras del desaliento

Las cifras que arroja 2015 ponen de manifiesto el comienzo de una dura recesión. El PIB brasileño se contrajo un 1,7% en el tercer trimestre de este año. Es el tercer trimestre consecutivo de recesión. Según el Instituto General de Estadística Brasileño, la economía había retrocedido un 0,8% durante el primer trimestre del año y un 2.1% durante el segundo. El Fondo Monetario Internacional lo había adelantado: la economía de Brasil se contraería un 3% en 2015, el doble del publicado julio.

El paro y la inflación se han convertido en las dos grandes pesadillas del segundo mandato de la presidenta, Dilma Rousseff. Según el Instituto Brasileño de Geografía y Estadística, en octubre de este año el 7,9 % de la población carecía de empleo. Según la misma institución, los salarios ajustados por inflación se redujeron un 0,6% con respecto a septiembre y un 7% desde octubre de 2014, a un promedio de 2.182,10 reales -581,09 dólares- por mes. Los precios al consumidor subieron más de un 10% en el último año. Una realidad cuya consecuencia más inmediata ha sido el descenso del consumo – uno de los principales motores de la economía del país- . Ha experimentado una caída del  4,5%.

Resulta imposible obviar que el caso de corrupción de la petrolera estatal, Petrobras, ha sido un duro golpe para la economía brasileña. La crisis política en que derivó este escándalo de corrupción tuvo como consecuencia directa la reducción de la inversión hasta en un 18,1%. El escándalo costaría a la economía brasileña 27.000 millones de dólares. Según la Fundación Getulio Vargas y el Centro de Estudios de Derechos Económico y Social (CEDES) el sector más afectado sería el de la construcción. Se estima que se perderían 192.000 puestos de trabajo.

¿Funcionará el plan de austeridad?

La crisis económica está socavando la popularidad de la presidenta, Dilma Rousseff. Miles de manifestantes salieron a las calles del país pidiendo su dimisión. A ello se sumaba la decisión de la Standard & Poor’s de rebajar la nota de la deuda del país al nivel de “bono basura”. En septiembre, Brasil dejaba de ser considerado un buen pagador. Tocaba fondo.

La respuesta de la presidenta brasileña fue contundente. El plan de ajuste pasaba por eliminar 10 de los 39 ministerios, reducir 1.000 empleos estatales y recrear un viejo impuesto a las transacciones financieras. A estos recortes se sumaban otros impopulares cuyos efectos caerían sobre los programas sociales de vivienda y salud, los pilares del Partido de los Trabajadores. El objetivo de este paquete de medidas basadas en la reducción del gasto público no es otro que lograr un superávit del 0,7%, es decir, de 17.030 millones de dólares.

Salpicada por la corrupción y castigada por la desconfianza de una crisis económica que cada vez se torna más cruda, será complicado para Dilma Rousseff recuperar la confianza. Su próximo reto pasa por hacer frente a un proceso de destitución que ahonda aún más la crisis política. Le acusan de haber realizado maniobras fiscales irregulares para ajustar las cuentas de su Gobierno en 2015.

En colaboración con Belén García Hidalgo

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