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Egipto estrena relaciones internacionales

Ellos son los nuevos aliados de Egipto

Todo parece indicar que para Egipto ha comenzado una nueva etapa liderada por Abdel Fatah al-Sisi. Su llegada a la presidencia hace un año ha puesto en marcha la maquinaria diplomática. Necesita tejer alianzas para sacar adelante al país más poblado de África. Ardua tarea la que pesa sobre sus espaldas. No obstante, el presidente egipcio cuenta con socios de gran envergadura: los países del Golfo Pérsico le han tendido la mano y, más tarde, Rusia se ha mostrado dispuesta a cooperar y mitigar así su aislamiento internacional.

Las ayudas desde el Golfo Pérsico

Las relaciones entre Egipto y los países del Golfo no son una novedad para Al-Sisi. De hecho, varios de esos países habían apoyado la “revolución del 30 de junio de 2013” para derrocar al entonces presidente islamista, Mohamed Mursi. Se trata pues de continuar respaldando a Egipto. Es el caso de los Emiratos, Arabia Saudí y Kuwait, los principales países en apoyar política y financieramente al nuevo presidente en su lucha contra los Hermanos Musulmanes. Estas tres potencias del Golfo habrían aportado a Egipto alrededor de 12.000 millones de dólares.

Según la agencia oficial de noticias KUNA, la ayuda kuwaití a la presidencia de Al-Sisi habría consistido en un depósito de 2.000 millones de dólares en el Banco Central Egipcio, un préstamo de 1.000 millones y otros 1.000 millones en concepto de préstamo para productos energéticos como petróleo. Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos habrían inyectado los 8.000 millones de dólares restantes. Arabia Saudí, por su parte, aportó 5.000 millones de dólares: una ayuda directa de mil millones de dólares, petróleo y gas por valor de 2.000 millones y crédito sin intereses de otros 2.000 millones. Los Emiratos Árabes Unidos habrían contribuído con una ayuda directa de mil millones de dólares y un crédito sin intereses de 2.000 millones de dólares.

Qatar retoma el contacto

La relación entre Egipto y el emirato catarí ha sido más complicada. Dos eran las grandes diferencias que impedían el idilio entre ambos países. El apoyo de Qatar al expresidente Morsi y los Hermanos Musulmanes -considerados una organización terrorista por Egipto- y, por otro lado, la detención de varios periodistas de Al Yazira, la televisión catarí, por su cobertura a favor de las revueltas en el país. Los lazos diplomáticos entre ambos estaban rotos desde la llegada de Al-Sisi al poder. Pero la reconciliación llegó, en parte, gracias a la mediación de Arabia Saudí que también había recuperado sus relaciones con el emirato en una Cumbre Extraordinaria del Consejo de Cooperación del Golfo.

No obstante, hay que recordar que el emirato apoyó económicamente a Mohamed Morsi. Por aquel entonces, depositó 2.000 millones de dólares en el Banco Central de Egipto para que el gobierno pudiese hacer frente a la crisis de pagos y el fuerte endeudamiento del Estado. El apoyo catarí al gobierno de Morsi fue también gasístico: el país más poblado de África sufría constantes cortes de suministro eléctrico. “Qatar aportará cinco cargamentos de gas natural licuado como un regalo para el pueblo egipcio durante los meses de verano”, aseguraba en junio de 2013 el ministro catarí de Energía e Industria, Mohammed al -Sada en un comunicado.

La promesa rusa

El Kremlin no ha dudo en llamar a la puerta del nuevo presidente egipcio. En su visita a El Cairo, Vladimir Putin ha reforzado las relaciones comerciales con el país africano. Además, se ha mostrado interesado en reforzar la cooperación militar entre ambos países. Juntos pretenden hacer frente al avance del terrorismo. Egipto intenta frenar la insurgencia yihadista en la península del Sinaí, con fuertes críticas en el panorama internacional.

Sin duda, el mejor “regalo” procedente de Moscú es un proyecto realmente importante para Egipto: la construcción de la primera central nuclear. Se levantará en Dabaa, una ciudad al norte de Egipto. Su construcción ayudará a resolver la grave crisis energética que asola un país que sufre constante cortes de suministro.

Tampoco hay que obviar el fuerte aislamiento que sufre Rusia en el ámbito comercial. Tras las diferencias con Occidente por su gestión de la crisis en Ucrania, Putin prohibió cualquier intercambio comercial con la Unión Europea y Estados Unidos. Como nuevo socio estratégico de Egipto, Rusia aumentará las compras de productos como patatas, cebollas, ajos y naranjas. El país africano, por su parte, recibirá toneladas de trigo ruso con las que satisfacer a una población que continúa creciendo. Pero hay más. Putin y Al-Sisi han dado luz verde a la creación de una zona de libre comercio en el Canal de Suez entre Egipto y la unión aduanera que conforman Rusia, Bielorrusia y Kazajistán.

En definitiva, Egipto ha comenzado a tejer sus alianzas para el inicio de una nueva etapa en su historia. Sus grandes aliados se sitúan, por ahora, lejos de Occidente.

En colaboración con Belén García Hidalgo

Los fondos soberanos de Qatar se extienden por todo el mundo

QIA, el “seguro” de Qatar para el futuro

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Planea sobre ellos la sombra de la duda. Juegan con dinero público. El juego consiste en invertir considerables cantidades de dinero en grandes empresas privadas castigadas por la crisis financiera global y ávidas de capital. Pero, cómo se gestiona esa inversión: ¿en público o en privado?

Frente a esta incertidumbre, lo cierto es que los denominados fondos soberanos se están consolidando entre las potencias emergente de África, América Latina y Oriente Medio. Según el informe “Fondos Soberanos 2014”, realizado por la escuela de negocios Esade, en la actualidad existen más de 84 fondos soberanos operativos. Sus activos superan los 5,9 billones de dólares.

La importancia de estos recursos para las economías nacionales es considerable. Según su proporción respecto al Producto Interior Bruto (PIB), los fondos de inversión más importantes serían el de los Emiratos Árabes Unidos (ADIA), seguido de Kuwait (KIA) y Qatar (QIA), el país más rico del mundo. No ha de ser casualidad que se trate de Estados cuya pujanza económica se basa en la producción y exportación de petróleo y gas natural. Recursos que generan la riqueza que después reinvierten en estos fondos soberanos.

 Qatar, por ejemplo

A pesar de la desconfianza que genera su existencia, los fondos soberanos se han convertido en una herramienta para el crecimiento de los países inversores y un “rescate” para aquellos que han recibido el capital. Veamos pues el caso de Qatar, una economía que apuesta por la diversificación y que ha basado su crecimiento en la exportación de gas y petróleo.

Qatar Investment Authority (QIA) es la entidad encargada de la gestión de los fondos soberanos de inversión del emirato. Cuenta con diez años de vida. Su objetivo pasa por «invertir, administrar y hacer crecer las reservas de Qatar a largo plazo para apoyar el desarrollo de la economía qatarí» y «ser reconocido como institución de inversión internacional para convertirse en el socio preferido de los inversores», aseguran.

Al frente de este organismo se encuentra Abdullah bin Mohammed Al Thani, miembro de la familia real qatarí. Como Consejero Delegado tiene la responsabilidad de ejecutar y supervisar las estrategias de inversión. También es responsable de la gestión de este organismo, uno de los mayores fondos de inversión soberana en el mundo con más de 60.000 millones de dólares.

Cuestión de prioridades

Son varios los sectores que resultan especialmente atractivos para los fondos soberanos de inversión. El sector financiero, el sector inmobiliario o el sector del lujo -donde es posible encontrar desde grandes almacenes hasta puertos deportivos- son algunas de las preferencias de estos fondos soberanos.

Fue en 2008 cuando el fondo soberano qatarí se estrenó en el mercado financiero europeo. Entonces, QIA invertía 6.100 millones de libras esterlinas en Barclays. Así, pasaba a controlar el 10% de la entidad financiera. Era sólo el principio. QIA se haría con el 6,2% de Credit Suisse, convirtiéndose en el segundo mayor accionista después de Olayan Group de Arabia Saudita, que tiene una participación del 6,6%, según datos de Reuters. En 2010 el país del Golfo se hacía con el 5,17% de Banco Santander Brasil. Qatar compró entonces bonos de la filial brasileña que, posteriormente se canjearían por acciones, por valor de 2.719 millones de dólares. Todo podría ser apenas una pequeña muestra de su presencia en el sector financiero mundial. Resulta imposible obviar que el 20,86% de las acciones de la bolsa de Londres (London Stock Exchange) es propiedad de Qatar Investment Authority. Dicho de otro modo, Dubai y Qatar son los dos mayores accionistas de la tercera mayor bolsa de valores del mundo.

Para poner en marcha sus inversiones en el sector inmobiliario, Qatar creó otro organismo dependiente también del ya mencionado Qatar Investment Authority (QIA). Se trata de Qatari Diar, el fondo de inversión inmobiliaria del emirato. Las cifras hablan por sí mismas. Desde 2012, Qatari Diar cuenta con más de 49 proyectos en desarrollo o planificación en Qatar y en otros 29 países alrededor del mundo, con un valor de más de 35.000 millones de dólares. En cualquier región del globo es posible encontrar la firma qatarí en opulentas obras de arquitectura y suntuosos complejos urbanístico. Destacan, entre otros proyectos relevantes, el exclusivo complejo hotelero “​Sea Pearl” en Atakoy (Turquía), el puerto deportivo de Tarragona (España), la embajada de Estados Unidos en Londres (Reino Unido), el City Centre DC en Washington (Estados Unidos), la City Gate en El Cairo (Egipto) o el Diar Dushanbe en Dushanbe (Tayikistán).

El sector del lujo es otra de las grandes bazas que juega Qatar para diversificar su economía. Así, el país más rico del mundo ya es dueño de Harrods, los grandes almacenes londinenses. La famosa cadena de tiendas fue comprada al empresario egipcio Mohamed al Fayed por unos 1.740 millones de euros. Pero el interés del emirato por lo británico va más allá. El país del Golfo tiene el control del 25% de la cadena de supermercados Sainsbury, la tercera más grande de Reino Unido.

Si hay algo que resulta imposible obviar es el interés de Qatar por las grandes firmas. El emirato tiene un 1,03% del conglomerado LVMH, propietario de marcas como Louis Vuitton, Loewe o Kenzo. En su haber también se encuentra el 11,3% de  Tiffany & Co. Grandes hoteles de lujo engordan la lista de propiedades del país del Golfo. Qatar’s Constellation Hotel Holdings pagó 750 millones de euros por la adquisición de una cartera de hoteles que incluía nada menos que el Louvre y el Concorde Lafayette en París, el Hotel Martínez en Cannes y el Palais de la Mediterranee  en Niza.

La diversificación de la economía qatarí es pues una amplia red que se extiende por diversos sectores. Así es como el emirato ha hecho uso de la riqueza del subsuelo para  extender su dominio y controlar su dependencia de los recursos naturales.

Así cambiará el precio del petróleo la política internacional

La caída del precio del petróleo. Consecuencias en geopolítica

Mucho se ha especulado sobre la bajada del precio del crudo y la posibilidad de que Arabia Saudí, el mayor productor de petróleo de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), redujese la extracción para regular el precio en los mercados globales.

Sin embargo, el gigante de oro negro se niega a perder su cuota de mercado. Ante la falta de ingresos del sector energético Riyadh ha optado por vender deuda púbica. El pasado julio Arabia Saudí realizó su primera emisión de bonos desde 2007. Fueron 15.000 millones de riyales -unos 4.000 millones de dólares-, que se colocaron entre los bancos nacionales. Según el diario británico Financial Times, Arabia Saudí planea levantar un total 27.000 millones de dólares.

Banqueros comentan el banco central del reino saudí pretende colocar 5.300 millones de dólares mensuales en bonos —en tramos de cinco, siete y diez años- para el resto del 2015 y 2016.

Está claro que el sector energético global está en una fase de cambio y estamos en un momento crítico que marcará el devenir del futuro, sobre todo en los países que dependen del crudo como la mayoría de los Estados del Golfo, Venezuela, Rusia y África Occidental. La explicación de este paradigma se encuentra en las nuevas técnicas de extracción de crudo, como el fracking.

Estados Unidos, el segundo importador de petróleo mundial, cansado de comprar el crudo a terceros ha conseguido desarrollar métodos alternativos de extracción con los que ha logrado autoabastecerse y aumentar la oferta de crudo. Ahora bien, habrá que tener en cuenta lo daños que el fracking puede ocasionar en el medioambiente. Esta técnica inyecta miles de litros de agua mezclada con sustancias químicas en las rocas bajo tierra para la obtención de gas natural, lo que puede ocasionar efectos nocivos para la salud y dañar las reservas de agua naturales.

La llave para compensar el exceso de oferta sería, precisamente, cortar la producción de petróleo y así regular la oferta. Sin embargo, Arabia Saudí se niega a perder su cuota de mercado y decide incrementar la producción de petróleo hasta los 10.564 millones de barriles durante el pasado junio, según informa CNN.

Pero al aumento de la producción de crudo no es suficiente para subsanar las pérdidas ocasionadas por la bajada de los precios del petróleo y Riyadh está considerando recortar el gasto público un 10% para combatir el déficit, el cual asciende alrededor del 20% del PIB según datos del FMI. Una medida de austeridad a la que tan acostumbrados estamos en Europa.

Maduro en el Golfo

Como el efecto dominó, el exceso de oferta, no solo ha perjudicado las finanzas de los países del Golfo. Venezuela ha sido otro de los grandes países afectados. Razón por la cual se explica el reciente viaje de Maduro a Qatar –ambos países pertenecientes a la OPEC-, el pasado 4 de septiembre, buscando acuerdos que hagan subir el precio del petróleo. Venezuela es el quinto productor mundial de crudo con la exportación de alrededor de 2,5 millones de barriles diarios. Su principal mercado es China y Estados Unidos.

Sin embargo, los datos no deben interpretarse de manera negativa. Ante el derrumbe de los precios del crudo, los países dependientes del sector energético se ven obligados a diversificar su economía. Un ejemplo a seguir en el Golfo es, sin duda, Dubai, el Estado que ha conseguido basar sus ingresos en el sector servicios y consagrarse como un destino de negocios atractivo para empresas internacionales. Ejemplo que Qatar está siguiendo muy de cerca ya que pretende convertirse en un centro de referencia en la región en cuanto a educación y medicina.

Cuba, un país dependiente de los petrodólares venezolanos, se ha visto forzado por primera vez en la historia a acercarse a Estados Unidos y comenzar sus relaciones diplomáticas con Washington tras el cese de la ayuda financiera de Caracas. La crisis energética obligará a los países cuyo PIB dependen del crudo a diversificar su economía y buscar nuevos aliados. Hecho que cambiará la geopolítica internacional.

Qatar, así es su economía antes del Mundial

La economía de Qatar en cinco minutos

Poco queda ya de aquel país que basaba su economía en la comercialización de perlas y la pesca. De aquel Qatar se hablará usando el pretérito. Es un capítulo en su historia. Su presente se explica en cifras. Hoy es el país con la renta per cápita más alta del planeta: 83.000 dólares al año, según el Fondo Monetario Internacional (FMI). Las reservas de gas natural y petróleo son las responsables de su poderío internacional. Qatar es el principal exportador mundial de gas natural licuado (GNL) con el 31% del total de las exportaciones mundiales en 2014, según un informe elaborado por Qatar National Bank. Su riqueza está llamada a convertirse en su gran baza. Billones de dólares se invertirán en transformar el país en referencia mundial. Será en 2022, ya convertido en sede del mundial de fútbol.

¿El fin de la era del petróleo y del gas?

Qatar ha sido para el colectivo mundial una potencia petrolera y gasística, una bestia que arañaba a su subsuelo billones de dólares al año. Su hegemonía mundial en el sector energético no conocía rivales. Sin embargo, un acuerdo anhelado por la comunidad internacional podría poner en jaque su liderato. Irán cede y se compromete a no enriquecer uranio con fines militares a cambio del levantamiento de sanciones económicas que mantienen ahogada su economía.

La firma de este acuerdo sitúa a Irán en el tablero y con él, las segundas reservas de gas natural licuado más importantes del mundo, por detrás de Rusia. Pero no será el único dolor de cabeza para los países del Golfo, incluído Qatar. Las últimas noticias lo corroboran. La caída del precio del petróleo es un hecho consolidado. Arabia Saudí, el mayor productor de la OPEP, se niega a dejar de extraer petróleo y mantendrá su producción de crudo. Su estrategia pasa por demostrar que el «fracking» no es rentable.

El emirato se niega a seguir dependiendo económicamente de sus reservas. De hecho, las cifras macroeconómicas arrojan la puesta en marcha de una nueva economía que apuesta por la diversificación. En el primer trimestre de 2015 la economía qatarí creció un 4,1% respecto al año anterior. Un crecimiento en el que la construcción, los servicios financieros, la industria manufacturera y el sector servicios fueron los verdaderos protagonistas. Por su parte, el sector de los hidrocarburos se contrajo un 0,1% como consecuencia de la menor producción de crudo y de las paradas de mantenimiento en las instalaciones de gas.

Un sueño mundial

Dotar a la capital, Doha, de todo lo necesario para acoger la Copa del Mundo de fútbol en 2022 está siendo el gran reto del país. Qatar invertirá alrededor de 200.000 millones de dólares en proyectos relacionados con la Copa del Mundo 2022, según un informe de Deloitte de 2013 que ha sido publicado por Oxford Business Group. De ellos, se espera que 140.000 millones sean invertidos en infraestructura de transporte, incluyendo un nuevo aeropuerto, carreteras y el metro de Doha, y 20.000 millones en infraestructura turística. Qatar 2022 contará con un total de 12 estadios; nueve de ellos nuevos y tres remodelados, todos con un especial aire acondicionado para combatir las altas temperaturas. El gasto total de esta inversión en estadios rondará los 4.000 millones de dólares. Un dato llamativo teniendo en cuenta el total de lo invertido, según informa América&Industria.

La mayor partida, por tanto, será la destinada a infraestructura. Son tres los grandes proyectos que el emirato ha puesto en marcha de cara a la cita futbolística: el nuevo aeropuerto internacional, el puerto y el metro de Doha. El primero de ellos, ya concluído, supuso el desembolso de 15.000 millones de dólares. El Nuevo Aeropuerto Internacional Hamad es el segundo mayor aeropuerto en tráfico de pasajeros del golfo Pérsico después de Dubai.

Para dar  un empujón a la industria de la exportación y satisfacer las necesidades comerciales del país, el emirato ha puesto en marcha la construcción del nuevo puerto de Doha. Este megraproyecto, además del puerto, prevé construir una nueva base para las Fuerzas Navales y una zona económica que será conocida como QEZ3 (Qatar Economic Zone 3). Un conjunto portuario cuyo coste se estima en 7.400 millones de dólares y cuya inauguración se prevé para 2016.

Sólo faltaría por apuntalar la comunicación terrestre. Una cuestión que no ha sido olvidada por Qatar. La capital contará con cuatro líneas de metro. Será en 2026, fecha en la que se habrán terminado las obras de toda la red proyectada. Cubrirán el área metropolitana de Doha y conectará con los principales centros de población. Funcionará principalmente bajo tierra, salvo en la periferia, donde las líneas operarán a nivel del suelo o elevadas. Según Abdullah al-Subaie, director gerente de Qatar Railways Company, el proyecto costaría al país 36.000 millones de dólares. Se emplearán 1,2 millones de toneladas de hierro en su construcción.

Cuando Qatar despierte del sueño mundialista, toneladas de acero y hormigón quedarán para la posterioridad en su territorio. Dependerá de la capacidad de gestión del emirato que la gran inversión realizada revierta en beneficios para la sociedad qatarí. El reto, en definitiva, no es llenar estadios más allá de 2022, sino sacar partido a un país obligado a reinventarse para seguir siendo el más rico del mundo.

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Sudáfrica 2010: los errores que Qatar 2022 aún puede evitar

Resulta interesante analizar las expectativas de crecimiento y desarrollo que los Mundiales de Futbol prometen a los países emergentes y sus costes económicos.

Pongamos por ejemplo el caso del la Copa del Mundo en Sudáfrica en 2010. Fue el Gobierno nacional de Pretoria el que le dio los 470 millones de euros a la City de Ciudad de Cabo para construir el lujoso estadio de Green Point. El problema es que una vez pasado el mundial era la City la responsable de su mantenimiento. No es fácil llenar un estadio de 60.000 asientos en el país que presenta grandes desigualdades sociales y cuyo deporte favorito es el rugby o el cricket.

En mayo del 2008 la City puso en marcha una licitación para que el estadio tuviese un operador, es decir: una empresa privada que asumiera los costes. Sólo hubo tres ofertas. Un comité especial escogió un consorcio formado por la compañía de gestión de deportes locales (SAIL) y la operadora francesa Stade de France (Sail Stadefrance) como los licitantes ganadores, entre otras razones porque fueron los que aceptaron el riesgo financiero. El contrato de arrendamiento se firmó por el plazo transcurrido de Junio del 2009 hasta octubre del 2010. El Gobierno de la City pagó 11 millones de euros a la empresa Sail Stadefrance por hacerse cargo del estadio, antes y durante la Copa del Mundo, dando a la City el 30% de los beneficios, teniendo el gobierno local que pagar marketing de los eventos y costes adicionales.

Pero lo cierto es que el contrato con Sail Stadefrance sólo se firmó durante un año, y después de los pocos visitantes que tuvieron durante el campeonato, se mantuvieron escépticos a prolongarlo. Un plan de estudio era lo que fallaba. No había ningún plan financiero de cómo hacer que el estadio de Green Point en Ciudad del Cabo fuera económicamente sostenible una vez finalizada la cita deportiva. Y estamos hablando solo de un estadio de los cinco que se construyeron en el 2010 para el campeonato. El país africano gastó 5.170 millones de dólares en infraestructura para acoger la competición, según informa CNN Expansión. De ellos, 1.400 millones fueron destinados a remodelar o construir los diez estadios. ¿Realmente merece la pena?

El caso de Qatar también está lleno de expectativas y distintas opiniones. Es obvia la inversión que el Emirato está realizando en deportes, en parte para diversificar la economía dependiente del sector energético y en parte para prepararse como país anfitrión para el campeonato de la FIFA 2022.

Qatar invertirá alrededor de 200.000 millones de dólares en proyectos relacionados con la Copa del Mundo 2022, según un informe de Deloitte de 2013 que ha sido publicado por Oxford Business Group. De los 200.000 millones, se espera 140.000 millones sean invertidos en infraestructura de transporte, incluyendo un nuevo aeropuerto, carreteras y el metro de Doha, y 20.000 millones en infraestructura turística. Qatar 2022 contará con un total de 12 estadios; nueve de ellos nuevos y tres remodelados, todos con un especial aire acondicionado para combatir las altas temperaturas. El gasto total de esta inversión en estadios rondará los 4.000 millones de dólares. Un dato llamativo teniendo en cuenta el total de lo invertido, según informa América&Industria.

Al igual que Sudáfrica, habrá que analizar si la inversión trae los resultados económicos esperados para un país con poco más de dos millones de habitantes y sin tradición futbolística.

El nuevo aeropuerto internacional de Doha

La jugada de Qatar 2022: súper inversión en infraestructura

El nuevo aeropuerto internacional de DohaHabrán de pasar décadas, quizás siglos, para que el mundo recuerde lo elocuente y suntuoso de su existencia. El tiempo será quien tenga la última palabra. Por ahora, toneladas de hormigón y acero esconden las apuestas arquitectónicas de un país que se niega a ser recordado únicamente como un gigante del gas y del petróleo, el oasis de las grandes fortunas. Qatar quiere abrirse al mundo. Su escaparate será la Copa Mundial de Fútbol. El gran evento ya tiene fecha: 2022. Comienza la cuenta atrás. El emirato se la juega. Sus grandes ases ya están sobre la mesa: faraónicas obras de ingeniería comienza a ver la luz. Todo ha de estar impoluto para su puesta de largo.

 Por tierra, mar y aire

 El rápido crecimiento de Qatar ha saturado sus principales vías de comunicación y transporte. El primer síntoma lo padecía el aeropuerto: se quedaba pequeño ante la feroz expansión de la aerolínea estatal, Qatar Airways. La compañía ya opera en más de 140 destinos internacionales con una flota de aviones integrada por cerca de 160 aeronaves, según informa el director ejecutivo del grupo, Akbar Al Baker.

Ante este apabullante éxito, el emirato lo tuvo claro. Qatar Airways pasaría a operar en un nuevo escenario acorde a sus cifras. Un escenario apoteósico, colosal en el que habrían de invertirse 15.000 millones de dólares. Comenzaba a fraguarse el Nuevo Aeropuerto Internacional Hamad, el segundo mayor aeropuerto en tráfico de pasajeros del golfo Pérsico después de Dubai. Ni siquiera el terreno fue obstáculo para una ejecución de proporciones inmensas. Tal es así que el 60% de sus 29 km2- una extensión equivalente a un tercio de la capital catarí- han sido arrebatados al mar.

 Fuente: HOK International

Fuente: HOK International

Tampoco su diseño fue un tema menor. El prestigioso estudio HOK International fue el encargado de dar forma al nuevo aeropuerto de Qatar. Los bocetos llegaron desde San Francisco, Estados Unidos. Techos ondulados como las olas del mar o las dunas del desierto, palmeras y otras especies vegetales autóctonas recrean la identidad del país al que unos llegan y del que otros se despiden. Una identidad donde la religión juega un rol principal que también ha sido representado en este gigantesco aeropuerto a través de una mezquita.

Fuente: New Port Project (NPP)

Fuente: New Port Project (NPP)

Otra de las joyas con las que el emirato pretende deslumbrar al mundo es el nuevo puerto de Doha, un empujón a la industria de la exportación con el que dar respuesta a las necesidades comerciales del país. Se trata de un megraproyecto que, además del puerto prevé construir una nueva base para las Fuerzas Navales y una zona económica que será conocida como QEZ3 (Qatar Economic Zone 3). Un conjunto portuario cuyo coste se estima en 7.400 millones de dólares y cuya inauguración se prevé para 2016.

Un proyecto para la ciudad

Si resulta vital conectar Qatar con el resto del mundo, no menos importante es unir las puertas de acceso al país con su epicentro: la capital. Una idea sencilla que, al materializarse, sirve para poner en marcha otro proyecto de gran envergadura: el metro de Doha.

Fuente: Qatar Railway

Fuente: Qatar Railway

Cuatro líneas serpentearán el mapa de Qatar. Será en 2026, fecha en la que se habrán terminado las obras de toda la red proyectada. Cubrirán el área metropolitana de Doha y conectará con los principales centros de población. Funcionará principalmente bajo tierra, salvo en la periferia, donde las líneas operarán a nivel del suelo o elevadas. Según Abdullah al-Subaie, director gerente de Qatar Railways Company, el proyecto costaría al país 36.000 millones de dólares. Se emplearán 1,2 millones de toneladas de hierro en su construcción.

No obstante, la primera fase habrá concluido tres años antes de tan esperada efeméride. Para finales de 2019, el Metro de Doha tendrá en funcionamiento 37 estaciones y más de 86 kilómetros de vía. En 2026 se completará el proyecto sumando 70 nuevas estaciones y más de 140 kilómetros de vía.

Las dos principales estaciones estarán operativas en la primera fase. «Msheireb Station», en el corazón de Doha, será el eje de toda la red, el gran intercambiador. En ella confluirían tres de las cuatro líneas: la roja, la verde y la dorada. «Education City Station», por su parte, está llamada a convertirse en el punto de encuentro de todos los pasajeros que circulen en ferrocarril. Unirá el tren de alta velocidad y el tren de larga distancia -dos megaproyectos ferroviarios ya en marcha- con el centro de la ciudad.

Qatar no escatima en recursos para demostrar al mundo que no le faltan méritos para ser la sede de la Copa del Mundo en 2022. Los proyectos en marcha y los ya concluidos son apenas una muestra del interés de este país del Golfo Pérsico por convertirse en referencia internacional. Billones de dólares y toneladas de materiales son testigos de este propósito.

Irán entra a competir en el sector energético con el mayor exportador de gas: Qatar

Qatar, ¿un modelo a seguir para un nuevo Irán?

Parecía una quimera. Una asignatura pendiente. Más de 30 años  fueron necesarios para que un presidente estadounidense pudiese pronunciar estas palabras: «Hemos frenado la expansión de las armas nucleares en Oriente Próximo». Con esta afirmación, Barack Obama anunciaba el acuerdo histórico que ponía fin a la posibilidad de que Irán desarrolle su propio arsenal nuclear. Un hito plasmado en cien hojas con más de ochenta anexos marca el comienzo de una nueva era. «Una vez resuelta esta crisis innecesaria emergen nuevos horizontes para centrarnos en desafíos compartidos», anticipaba Hasán Rohaní, presidente iraní, en Twitter.

Pero no es un acuerdo gratuito. A cambio de reducir su capacidad para enriquecer uranio y plutonio – los elementos básicos para el desarrollo de la bomba atómica-, Irán regresa al escenario internacional. Para ello, será sometido a un intenso régimen de inspecciones que servirán para medir su compromiso. De forma gradual y, en la medida en que cumpla con lo pactado, las sanciones que ahogaban al régimen desaparecerán. Eso sí, no contemplan un paso atrás. Si Irán incumple, las sanciones volverán a ponerse en marcha. Es el precio acordado por el grupo internacional 5+1 -los miembros permanentes del Consejo General de la ONU- y Alemania.

El regreso de Irán al tablero internacional pone en jaque sectores estratégicos de la economía mundial. Imposible obviar que se trata de la cuarta mayor reserva de petróleo del mundo -150.000 millones de barriles- y la segunda mayor reserva de gas natural del planeta. ¿Qué cabe esperar?

Irán, ¿jaque al gas qatarí?

La futura irrupción de Irán en el mercado energético internacional supondría una reordenación de las rutas de abastecimiento. Se presenta como un aliado perfecto para una Europa Occidental fuertemente dependiente del gas ruso. Pero no hay que perder de vista a Qatar: el principal exportador mundial de gas natural licuado (GNL) con el 31% del total de las exportaciones mundiales en 2014, según un informe elaborado por Qatar National Bank. De acuerdo con este estudio, la región Asia-Pacífico es el mercado preferente del gas qatarí con el 72% de las exportaciones. Esta fuente de energía -limpia y cuyo transporte es más barato al no depender de interminables gasoductos- también seduce a Occidente.

El levantamiento de las sanciones abre las puertas del mercado internacional del gas a Irán. Sus reservas, las segundas más importantes del mundo -por detrás de Rusia- entrarían a competir directamente con Qatar. El principal inconveniente con el que tendría que lidiar Irán sería la fuerte inversión en infraestructura para la producción de gas natural licuado y su transporte.

Según la Agencia de Calificación Global Fitch, Irán tardaría cinco años en desbancar a Qatar y convertirse en el mayor exportador de gas del mundo. Es el tiempo que necesita para aumentar la producción, escuchar las propuestas de inversión de las no pocas compañías extranjeras que pujan por hacerse hueco en un mercado que se antoja más que prometedor y ver concluidos los principales gasoductos que conectarán con el viejo continente.

En 2020 TANAP (Anatolia Gas Pipeline Project) podría cambiar la geopolítica del gas en Europa. Es la alternativa a los gasoductos rusos, pues todas las rutas de gas procedentes de Asia atraviesan necesariamente este país. Irán estudia unirse al proyecto de gasoducto que discurre a lo largo de 1.850 kilómetros desde la frontera de Grecia hasta la de Georgia, donde enlazará con el futuro gasoducto del sur del Cáucaso, procedente del mar Caspio. Lo adelantó en mayo Mohsen Pakaein, el embajador iraní en Azerbaiyán. «Estamos analizando la posibilidad de comprar en equidad la tubería si alcanzamos nuestros objetivos de producción en 2018».

Hacia dónde mira Qatar

Si bien es cierto que a largo plazo Irán planea desarrollar su potencial energético, no menos evidente resulta que Qatar avanza en otras direcciones. Basta ojear sus últimas cifras macroeconómicas para darse cuenta de que el país con la renta per cápita más alta del mundo -83.000 dólares al año, según el Fondo Monetario Internacional (FMI)- ya no centra su crecimiento económico en el gas o el petróleo. La baza que juega el emirato se resume en la diversificación: una estrategia con la que pretende amortiguar la caída de los precios en el sector energético.

Según los datos publicados por el Ministry of Development Planning and Statistics (Ministerio de Planificación y Desarrollo de Estadísticas), en el primer trimestre de 2015 la economía qatarí creció un 4,1% respecto al año anterior. Un crecimiento en el que la construcción, los servicios financieros, la industria manufacturera y el sector servicios fueron los verdaderos protagonistas. Los proyectos de infraestructura a gran escala -metro de Doha, nuevas carreteras y autopistas o la expansión del aeropuerto internacional de Hamad- son el motor de la economía qatarí. Por su parte, el sector de los hidrocarburos se contrajo un 0,1% como consecuencia de la menor producción de crudo y de las paradas de mantenimiento en las instalaciones de gas.

El emirato no se conforma con continuar ostentando el título de más rico del globo. Su objetivo para 2030 es convertirse en referencia mundial de educación y sanidad. La familia real qatarí no escatimará en recursos para llevar a buen puerto lo que se conoce ya como ‘Qatar National Vision2030’. El dinero procedente de la explotación de sus recursos naturales más cotizados se reinvertirá en la creación de un sistema educativo con el que dotar a los estudiantes de una formación comparable a la que se oferta en cualquier lugar del mundo. Ejemplo de ello es la Ciudad de la Educación, un complejo de 14 kilómetros cuadrados que aspira a convertirse en la referencia educativa y de investigación científica y técnica de la región. Entre sus pretensiones también se encuentra el desarrollo de un sistema universal de salud, gestionado de acuerdo a estándares mundiales. El fin último es que todos los servicios sanitarios estén al alcance de toda la población.

Acompañado de las excelentes cifras macroeconómicas, Qatar se enfrasca en un nuevo reto: poner esos resultados al servicio de los qatarís mediante servicios básicos universales.

En colaboración con Belén García Hidalgo