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Sudáfrica 2010: los errores que Qatar 2022 aún puede evitar

Resulta interesante analizar las expectativas de crecimiento y desarrollo que los Mundiales de Futbol prometen a los países emergentes y sus costes económicos.

Pongamos por ejemplo el caso del la Copa del Mundo en Sudáfrica en 2010. Fue el Gobierno nacional de Pretoria el que le dio los 470 millones de euros a la City de Ciudad de Cabo para construir el lujoso estadio de Green Point. El problema es que una vez pasado el mundial era la City la responsable de su mantenimiento. No es fácil llenar un estadio de 60.000 asientos en el país que presenta grandes desigualdades sociales y cuyo deporte favorito es el rugby o el cricket.

En mayo del 2008 la City puso en marcha una licitación para que el estadio tuviese un operador, es decir: una empresa privada que asumiera los costes. Sólo hubo tres ofertas. Un comité especial escogió un consorcio formado por la compañía de gestión de deportes locales (SAIL) y la operadora francesa Stade de France (Sail Stadefrance) como los licitantes ganadores, entre otras razones porque fueron los que aceptaron el riesgo financiero. El contrato de arrendamiento se firmó por el plazo transcurrido de Junio del 2009 hasta octubre del 2010. El Gobierno de la City pagó 11 millones de euros a la empresa Sail Stadefrance por hacerse cargo del estadio, antes y durante la Copa del Mundo, dando a la City el 30% de los beneficios, teniendo el gobierno local que pagar marketing de los eventos y costes adicionales.

Pero lo cierto es que el contrato con Sail Stadefrance sólo se firmó durante un año, y después de los pocos visitantes que tuvieron durante el campeonato, se mantuvieron escépticos a prolongarlo. Un plan de estudio era lo que fallaba. No había ningún plan financiero de cómo hacer que el estadio de Green Point en Ciudad del Cabo fuera económicamente sostenible una vez finalizada la cita deportiva. Y estamos hablando solo de un estadio de los cinco que se construyeron en el 2010 para el campeonato. El país africano gastó 5.170 millones de dólares en infraestructura para acoger la competición, según informa CNN Expansión. De ellos, 1.400 millones fueron destinados a remodelar o construir los diez estadios. ¿Realmente merece la pena?

El caso de Qatar también está lleno de expectativas y distintas opiniones. Es obvia la inversión que el Emirato está realizando en deportes, en parte para diversificar la economía dependiente del sector energético y en parte para prepararse como país anfitrión para el campeonato de la FIFA 2022.

Qatar invertirá alrededor de 200.000 millones de dólares en proyectos relacionados con la Copa del Mundo 2022, según un informe de Deloitte de 2013 que ha sido publicado por Oxford Business Group. De los 200.000 millones, se espera 140.000 millones sean invertidos en infraestructura de transporte, incluyendo un nuevo aeropuerto, carreteras y el metro de Doha, y 20.000 millones en infraestructura turística. Qatar 2022 contará con un total de 12 estadios; nueve de ellos nuevos y tres remodelados, todos con un especial aire acondicionado para combatir las altas temperaturas. El gasto total de esta inversión en estadios rondará los 4.000 millones de dólares. Un dato llamativo teniendo en cuenta el total de lo invertido, según informa América&Industria.

Al igual que Sudáfrica, habrá que analizar si la inversión trae los resultados económicos esperados para un país con poco más de dos millones de habitantes y sin tradición futbolística.

El nuevo aeropuerto internacional de Doha

La jugada de Qatar 2022: súper inversión en infraestructura

El nuevo aeropuerto internacional de DohaHabrán de pasar décadas, quizás siglos, para que el mundo recuerde lo elocuente y suntuoso de su existencia. El tiempo será quien tenga la última palabra. Por ahora, toneladas de hormigón y acero esconden las apuestas arquitectónicas de un país que se niega a ser recordado únicamente como un gigante del gas y del petróleo, el oasis de las grandes fortunas. Qatar quiere abrirse al mundo. Su escaparate será la Copa Mundial de Fútbol. El gran evento ya tiene fecha: 2022. Comienza la cuenta atrás. El emirato se la juega. Sus grandes ases ya están sobre la mesa: faraónicas obras de ingeniería comienza a ver la luz. Todo ha de estar impoluto para su puesta de largo.

 Por tierra, mar y aire

 El rápido crecimiento de Qatar ha saturado sus principales vías de comunicación y transporte. El primer síntoma lo padecía el aeropuerto: se quedaba pequeño ante la feroz expansión de la aerolínea estatal, Qatar Airways. La compañía ya opera en más de 140 destinos internacionales con una flota de aviones integrada por cerca de 160 aeronaves, según informa el director ejecutivo del grupo, Akbar Al Baker.

Ante este apabullante éxito, el emirato lo tuvo claro. Qatar Airways pasaría a operar en un nuevo escenario acorde a sus cifras. Un escenario apoteósico, colosal en el que habrían de invertirse 15.000 millones de dólares. Comenzaba a fraguarse el Nuevo Aeropuerto Internacional Hamad, el segundo mayor aeropuerto en tráfico de pasajeros del golfo Pérsico después de Dubai. Ni siquiera el terreno fue obstáculo para una ejecución de proporciones inmensas. Tal es así que el 60% de sus 29 km2- una extensión equivalente a un tercio de la capital catarí- han sido arrebatados al mar.

 Fuente: HOK International

Fuente: HOK International

Tampoco su diseño fue un tema menor. El prestigioso estudio HOK International fue el encargado de dar forma al nuevo aeropuerto de Qatar. Los bocetos llegaron desde San Francisco, Estados Unidos. Techos ondulados como las olas del mar o las dunas del desierto, palmeras y otras especies vegetales autóctonas recrean la identidad del país al que unos llegan y del que otros se despiden. Una identidad donde la religión juega un rol principal que también ha sido representado en este gigantesco aeropuerto a través de una mezquita.

Fuente: New Port Project (NPP)

Fuente: New Port Project (NPP)

Otra de las joyas con las que el emirato pretende deslumbrar al mundo es el nuevo puerto de Doha, un empujón a la industria de la exportación con el que dar respuesta a las necesidades comerciales del país. Se trata de un megraproyecto que, además del puerto prevé construir una nueva base para las Fuerzas Navales y una zona económica que será conocida como QEZ3 (Qatar Economic Zone 3). Un conjunto portuario cuyo coste se estima en 7.400 millones de dólares y cuya inauguración se prevé para 2016.

Un proyecto para la ciudad

Si resulta vital conectar Qatar con el resto del mundo, no menos importante es unir las puertas de acceso al país con su epicentro: la capital. Una idea sencilla que, al materializarse, sirve para poner en marcha otro proyecto de gran envergadura: el metro de Doha.

Fuente: Qatar Railway

Fuente: Qatar Railway

Cuatro líneas serpentearán el mapa de Qatar. Será en 2026, fecha en la que se habrán terminado las obras de toda la red proyectada. Cubrirán el área metropolitana de Doha y conectará con los principales centros de población. Funcionará principalmente bajo tierra, salvo en la periferia, donde las líneas operarán a nivel del suelo o elevadas. Según Abdullah al-Subaie, director gerente de Qatar Railways Company, el proyecto costaría al país 36.000 millones de dólares. Se emplearán 1,2 millones de toneladas de hierro en su construcción.

No obstante, la primera fase habrá concluido tres años antes de tan esperada efeméride. Para finales de 2019, el Metro de Doha tendrá en funcionamiento 37 estaciones y más de 86 kilómetros de vía. En 2026 se completará el proyecto sumando 70 nuevas estaciones y más de 140 kilómetros de vía.

Las dos principales estaciones estarán operativas en la primera fase. «Msheireb Station», en el corazón de Doha, será el eje de toda la red, el gran intercambiador. En ella confluirían tres de las cuatro líneas: la roja, la verde y la dorada. «Education City Station», por su parte, está llamada a convertirse en el punto de encuentro de todos los pasajeros que circulen en ferrocarril. Unirá el tren de alta velocidad y el tren de larga distancia -dos megaproyectos ferroviarios ya en marcha- con el centro de la ciudad.

Qatar no escatima en recursos para demostrar al mundo que no le faltan méritos para ser la sede de la Copa del Mundo en 2022. Los proyectos en marcha y los ya concluidos son apenas una muestra del interés de este país del Golfo Pérsico por convertirse en referencia internacional. Billones de dólares y toneladas de materiales son testigos de este propósito.