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La economía que deja el chavismo

Así es la Venezuela que deja el chavismo

Algo ha comenzado a cambiar en Venezuela. Al menos, eso parece. Las urnas han dado la espalda al chavismo y a su modelo económico. Un rechazo anunciado tras meses de duras protestas en las calles del país y de eternas colas en los supermercados que han minado la confianza de una sociedad castigada por la represión, la inflación y el desabastecimiento. La victoria de la oposición fue obra de casi 20 millones de venezolanos. Los resultados fueron un contundente rechazo al régimen chavista de Nicolás Maduro que hubo de conformarse con 55 escaños. La alianza opositora MUD -Mesa de Unidad Democrática- sumaba 107.

La oposición venezolana ha conquistado la mayoría de los votos, pero se enfrenta a una dura realidad social y, sobre todo, económica. Recogen el testigo de un país endeudado y una población harta de lidiar con la escasez. Las cifras, desde luego, no son muy alentadoras. Según el Fondo Monetario Internacional, la caída del PIB prevista para este año es del 10% y se espera otro descenso del 6% en 2016. Se trata de la peor evolución de la región y una de las peores del mundo, sólo comparable a la de países en guerra. De hecho, la economía venezolana cayó del cuarto al séptimo puesto en el ránking de las economías de América Latina.

Una economía en picado

La realidad económica del país fue justificada por el régimen como la principal consecuencia de la “guerra económica” iniciada por el imperialismo y la burguesía contra el régimen bolivariano. No obstante, los datos desmontan esta teoría y señalan directamente a una pésima gestión del gobierno chavista. El petróleo, su principal producto de exportación y fuente de divisas, ha caído en picado: 34,46 dólares por cada barril de crudo, el precio más bajo de los últimos seis años. El gobierno venezolano ha intentado que la OPEP recorte la producción, pero se encontró con la feroz negativa de Arabia Saudí, dispuesta a saturar el mercado a precios irrisorios. Las divisas comenzaron a resentirse: apenas entraban dólares en las arcas del Estado. El régimen comenzó a vender petróleo a países del Caribe a precios de saldo para garantizar el abastecimiento del país.

Pero el chavismo tuvo que hacer frente a más dolores de cabeza; el mayor de ellos, la inflación. Los precios se han multiplicado por ocho en los últimos dos años. La inflación en Venezuela ya supera el 159% y se prevé que aumentará hasta el 204% en 2016, según el FMI. El gobierno de Nicolás Maduro optó por establecer precios fijos para los alimentos básicos. El mercado negro y las largas colas en los alrededores de los supermercados no se hicieron esperar. A todo ello hay que añadir que desde la llegada de Maduro al poder el bolívar se ha hundido. Hoy, según el tipo de cambio oficial,  hay que entregar 6,3 bolívares para conseguir un dólar. Otra opción es acudir al mercado negro donde 100 dólares se intercambian por cerca de 800 bolívares, unos  900 euros aproximadamente.

En la calle

Sin duda, una de las imágenes que permanecerá vinculada a la gestión económica del régimen chavista es la de un pueblo litigando con la escasez de bienes y, como consecuencia, haciendo uso de las cartillas de racionamiento. Un legado para el gobierno entrante que caminará hacia el éxito en la medida en que ponga fin a esta realidad.

Erradicar la pobreza había sido una de las principales líneas de actuación del régimen chavista. Es más, en los primeros años del chavismo las denominadas “misiones” habían logrado reducir esta tasa. De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística, la pobreza había pasado del 49% en el primer semestre de 1998 al 27,4 % de hogares venezolanos en el 2011. Pero la tendencia cambió. En 2013 la pobreza afectaba al 27% de los venezolanos y en 2014 al 48% de las familias del país.

Un informe elaborado por investigadores de tres universidades venezolanas -la Universidad Católica Andrés Bello, Universidad Central de Venezuela y la Universidad Simón Bolívar- afirma que la pobreza en el país ha llegada a su punto más alto. Estiman que afecta a cerca del 73% de los hogares. La pobreza extrema se ha duplicado. El 20% de los hogares serían pobres. Suman más de 1.555.000.

Así es el escenario en el que tendrá que lidiar la oposición para devolver al país al lugar que antaño ocupaba en la región. No hay que olvidar que Venezuela es un país rico en recursos. Su subsuelo, sin ir más lejos, lo convierte en el quinto país exportador de petróleo del mundo. Sólo es necesario un giro en la gestión para recuperar el terreno perdido. El primer paso se habría dado en las urnas; el Parlamento habrá de continuar esta andadura.

En colaboración con Belén García Hidalgo

Egipto tiene un desafío: que fluya la liquidez

Si hay una importante batalla por librar en la economía de Egipto es, sin duda, la de la liquidez. El dinero ha de fluir de nuevo. Una cuestión de vital importancia para engrasar la recuperación de la actividad económica. Tras años de inestabilidad y de fuerte dependencia externa, el recién nombrado gobernador del Banco Central Egipcio, Tarek Amer, tendrá que lidiar con esta carga.

De acuerdo con el Banco Central Egipcio, las reservas de divisas se habrían incrementado en 80 millones de dólares en octubre. Significa que las reservas de divisas del país ascienden a 16. 415 millones de dólares. A primera vista podría parecer un dato más que optimista. Sin embargo, de acuerdo con el mismo organismo, el nivel actual de reservas de divisas apenas cubre las importaciones de materias primas básicas por unos tres meses. Lo cierto es que tras esta realidad se esconden fenómenos que podríamos calificar de temporales y que harían mermar esa buena perspectiva. Las divisas del país del Nilo han aumentado gracias a fenómenos como el turismo o las exportaciones y las importaciones. Sin embargo, la caída de uno de estos fenómenos pondría en entredicho esta tendencia.

Inyecciones en tiempos revueltos

No se puede obviar que el mercado de divisas egipcio ha estado recibiendo capital de terceros países durante la convulsa revolución. Sin ir más lejos, el año pasado el Banco Central Egipcio recibió 4.000 millones de dólares de Qatar. A esta cifra habría que sumar otros 3.000 millones que el emirato prometió en bonos del Tesoro por un interés del 3,5%. Pero Qatar no fue el único país que inyectó dinero en las arcas egipcias. Arabia Saudí y Turquía han abonado 1.000 millones de dólares cada una. Libia, por su parte, depositó 2.000 millones. Con estas inyecciones de dinero, el país del Nilo pudo hacer frente a la importación de productos básicos como el trigo o la energía (gas y petróleo).

Lo cierto es que las cifras hablan de un fuerte endeudamiento externo. Según el propio Banco Central, en el segundo trimestre de 2015 la deuda externa nacional aumentó hasta los 48.063 millones de dólares. En el primer trimestre del mismo año era de 39.853 millones.

Un desafío para Tarek Amer

Revertir la situación es la gran encomienda para el nuevo gobernador del Banco Central Egipcio, Tarek Amer. La principal línea de actuación pasa, entre otras medidas, por convertir las deudas contraídas con los importadores en dólares en deudas pendientes de amortización en moneda local. Su objetivo no es otro que evitar los riesgos con el tipo de cambio y aliviar la demanda de dólar tanto en el mercado oficial como en el paralelo. Esta deuda ascendería a 4.000 millones de dólares.

Devaluar el dólar frente a la libra egipcia ha sido una de las últimas medidas adoptadas por el Banco Central Egipcio. Un cambio de estrategia que supone la puesta en marcha de una fórmula con actuaciones totalmente opuestas a las llevadas a cabo hasta el momento. A lo largo de 2015, la libra egipcia fue devaluada en tres ocasiones. Este nuevo rumbo parece encaminado a fortalecer la moneda nacional frente al dólar. Sus consecuencias más inmediatas habrían de manifestarse en la partida de las exportaciones. Pero las medidas no paran ahí. El Banco Central Egipcio decidió cubrir el 25% de las líneas de crédito temporales concedidos por los bancos a sus clientes importadores en moneda extranjera. A cambio, los bancos tendrán que devolver esta liquidez al Banco Central Egipcio como un depósito con un tipo de interés vinculado al London Interbank Offered Rate (LIBOR).

Otra de las grandes bazas para incrementar la liquidez tiene como escenario el Canal de Suez, una fuente casi inagotable de divisas para el país africano. La ruta de navegación más rápida entre Europa y Asia aporta a Egipto cerca de 3.000 millones de dólares al año. La Autoridad del Canal de Suez prevé que para 2023, con la creación de un centro industrial y de logística internacional, los ingresos aumenten hasta los 13.000 millones de dólares frente a los 5.000 millones que reporta tras la ampliación del mismo en agosto de este mismo año.

Habrá que dar tiempo al tiempo y esperar que las nuevas medidas echen raíces. Esperar que al final de la temporada puedan recogerse los frutos deseados, con la madurez necesaria para seguir alimentado la economía egipcia.

En colaboración con Belén García Hidalgo

La España que Mariano Rajoy lleva a las urnas

España está inmersa en plena campaña electoral. Se acerca el 20-D, una fecha clave para un país del que hace cuatro años tomaba las riendas Mariano Rajoy. Convertido en el décimo presidente de la democracia, llegaba al Palacio de la Moncloa convencido de que sabía qué teclas tocar para recuperar la sintonía económica hasta entonces desafinada por el temor a un rescate bancario. Ahora bien, la campaña electoral que le acercó a la presidencia estuvo cargada de promesas a día de hoy incumplidas que podrían pasar factura. Será en las urnas donde se decida si continúa al frente de la orquesta o si, por el contrario, ha terminado el baile. Sea el resultado que sea, el 20-D el escenario de partida será el mismo para todos.

El peso pesado

El mayor desafío al que se enfrentaba Mariano Rajoy cuando llegó a la Moncloa era, sin duda, el desempleo. Las cifras del paro eran (y continúan siendo) escalofriantes. En octubre de 2011 la tasa de paro era del 21,52%, es decir, 4.978.300 personas se habían quedado sin trabajo en España. El mismo trimestre de 2015 la realidad ha cambiado, eso sí, sigue siendo bastante cruda. Según la Encuesta de Población Activa (EPA), la tasa de paro en este tercer trimestre se sitúa en el 21,18%, es decir, existen 4.850.800 parados en el país, el nivel más reducido desde el segundo trimestre de 2011. Tras esa tímida mejoría se halla una reforma laboral contestada por los sindicatos de trabajadores. Las medidas adoptadas en esta reforma apuntalaban la precarización mediante el abaratamiento del despido y la temporalidad de los puestos de trabajo. Así, en los últimos doce meses, el empleo indefinido se ha incrementado en 178.100 personas; sin embargo, el temporal suma 357.700 empleados.

Un país marcado por el elevado desempleo arrastra otra incontestable verdad. La tasa de personas en riesgo de pobreza o exclusión social ha aumentado hasta el 22,2%. Según la Encuesta de Condiciones de Vida (ECV), los ingresos medios en los hogares españoles en 2014 han bajado hasta los 26.154 euros, es decir, un 2,3% respecto a 2013. Esta variable, que sirve para medir las personas que se encuentran por debajo del umbral de pobreza, indica que los hogares unipersonales y aquellos integrados por una pareja y dos menores viven con menos de 7.961 y 16.719 euros respectivamente, continúa subiendo.

Las cuentas en los hogares españoles son cada vez más parecidas a un encaje de bolillos. La misma encuesta revela que el 42% de los ciudadanos no puede afrontar gastos imprevistos por valor de 650 euros, un 10% sufre retrasos en los pagos relacionados con la vivienda principal -alquiler, hipoteca, luz, agua- y un 16% tiene serias dificultades para llegar a fin de mes.

Presión desde Bruselas

Pero no es la sociedad castigada por la crisis económica el único frente abierto de Mariano Rajoy. La Unión Europea se mantiene firme en sus posiciones y reducir el déficit público continúa siendo un quebradero de cabeza para el gobierno. Las exigencias de Bruselas se saldaron con la puesta en marcha de duros ajustes presupuestarios que castigaban la maltrecha economía de los españoles a base de recortes sociales y subida de impuestos.

No hay que obviar que España tiene abierto un procedimiento de déficit excesivo desde el 27 de abril de 2009. Sólo el año pasado logró cumplir el objetivo pactado con la Comisión Europea -5,8% del Productor Interior Bruto-. No obstante, según los cálculos de Bruselas, este año España incumpliría de nuevo el objetivo de deuda y cerraría con un 4,5% frente al 4,2% fijado. El Gobierno en cambio considera que no es un cálculo acertado, pues no tiene en cuenta que el crecimiento económico del país será tres décimas superior al estimado. Pese a todo, la alerta desde Bruselas continúa. El objetivo para 2016 pasa por otro porcentaje: la deuda pública española no podrá superar el 2,8% de su PIB. La Comisión Europea insiste en su pesimismo y considera que será imposible para el país alcanzar esta cifra con los Presupuestos Generales (PGE) que ha presentado para el año 2016. La bajada de los impuestos y el mayor gasto social que prevé España son la base de sus sospechas.

Hace apenas un mes los Técnicos del Ministerio de Hacienda (Gestha) pedían al Gobierno que acometiese medidas “urgentes” para cumplir con el objetivo del déficit tras haber rebajado el coste de la reforma fiscal en el documento remitido a Bruselas. Proponían la vuelta a la tributación de las ganancias especulativas en la tarifa general del IRPF -las obtenidas en un plazo inferior a un año-; el incremento en cinco puntos de la tributación a las empresas que obtienen más de un millón de euros de beneficio y la aprobación del Impuesto a las Transacciones Financieras. Aseguran que sólo así se evitaría “acometer ajustes en los gastos sociales o aplazar inversiones”.

¿Acertará Moncloa en sus cálculos o pecará de pesimista la Unión Europea? Resuelta la disyuntiva, el país recuperará la ilusión o seguirá sufriendo los duros envites de una recuperación económica cocinada a fuego lento.

En colaboración con Belén García Hidalgo

¿Está cerca el fin del bloqueo estadounidense a Cuba?

Cómo Estados Unidos desbloquea la economía de Cuba

Es un conflicto tan antiguo que obliga a emplear conceptos reservados a la Historia. Abordarlo supone regresar  a la ya superada política de bloques; por un lado, aquellos que defendían el liberalismo con Estados Unidos al frente y, por el otro, la ya caduca Unión Soviética (URSS) que sostenía que el comunismo era la única vía posible. En este contexto surgía el enfrentamiento entre Estados Unidos y Cuba.  El embargo estadounidense a la isla caribeña se remonta a la revolución emprendida por el expresidente Raúl Castro. Los guiños a  la URSS molestaban a Estados Unidos, inmerso ya en la Guerra Fría. El régimen castrista y su reforma agraria a base de expropiaciones fueron el detonante. El 19 de octubre de 1960 el gobierno estadounidense prohíbe toda exportación a Cuba. El embargo echaba raíces.

Más de medio siglo ha pasado desde que comenzase el denominado bloqueo cubano.  Poco ha cambiado desde entonces. Actualmente, Cuba continúa sin poder exportar e importar libremente productos y servicios hacia o desde los Estados Unidos, no puede utilizar el dólar estadounidense en sus transacciones financieras internacionales o tener cuentas en esa moneda en bancos de terceros países. Tampoco se le permite tener acceso a créditos de bancos en Estados Unidos, de sus filiales en terceros países y de las instituciones financieras internacionales como el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional (FMI) o el Banco Interamericano de Desarrollo (BID). Según un informe del Ministerio de Relaciones Exteriores del gobierno cubano, a precios corrientes, durante todos estos años, el bloqueo ha provocado daños económicos que superarían los 116.880 millones de dólares.

La Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) se ha pronunciado en 22 ocasiones para condenar, por abrumadora mayoría, el embargo estadounidense a la isla. No obstante, el cambio de rumbo no habría de producirse hasta el 17 de diciembre de 2014. Un cuarto de siglo después de la caída del muro de Berlín, el presidente estadounidense, Barack Obama, anunciaba el inicio de las conversaciones con la isla para restablecer las relaciones diplomáticas. Se avanzaba hacia el fin de las sanciones. Pero levantar por completo el embargo no depende únicamente del presidente. Barack Obama necesita la aprobación del Congreso.

El daño a Cuba

Resulta complejo cuantificar el perjuicio real del embargo estadounidense a la isla caribeña. Obviamente, el comercio exterior fue la gran víctima. Según las estimaciones del Ministerio de Asuntos Exteriores, entre abril de 2013 y junio de 2014, Cuba perdió 3.900 millones de dólares en exportaciones de bienes y servicios. Así, por ejemplo, si los productos tradicionales como el tabaco y el ron llegasen al mercado estadounidense, Cuba dispondría de 205,8 millones de dólares. Otro de los sectores fuertemente castigado por el embargo fue el turismo y todas las actividades económicas vinculadas a él. En el mismo período, las pérdidas en este sector habrían ascendido hasta los 2.052,5 millones de dólares.

El sector financiero ha sido otra de las herramientas utilizadas para el bloqueo económico de la isla. El cierre de cuentas de bancos cubanos por parte de instituciones financieras y bancarias extranjeras como consecuencia de las presiones estadounidenses han sido constantes. Ello implica la necesidad de un intermediario para las transacciones. Se disparan las costes. A esta realidad habría que añadir una más. No hay que olvidar que Cuba no puede utilizar el dólar como moneda de pago, por lo tanto, las transacciones quedan afectadas por las tasas de cambio. Se endurece el sistema de pagos y cobros. Se resienten las inversiones. No fluye el dinero.

El «deshielo» derrite la revolución

El mayor problema que afronta Cuba es su ineficiente sistema económico. Necesita equilibrar su balanza comercial. El déficit del comercio de mercancías fue de 8.570 millones de euros en 2013, el segundo mayor de la historia socialista. Es más, las exportaciones cayeron por dos años consecutivos y su valor en 2013 era un 12% menor a su nivel en 1985, sin tener en cuenta la inflación. Resulta imposible obviar que la economía cubana ha sufrido las consecuencias de la crisis económica y política que atraviesa su mayor aliado: Venezuela. Según las estimaciones de Carmelo Mesa-Lago, Catedrático Emérito de Economía en la Universidad de Pittsburgh, en 2010 Venezuela aportaba a la isla 11.800 millones de euros -comercio de mercancías, compra de servicios profesionales cubanos, petróleo e inversión directa-, el 21% del PIB cubano. En enero de 2014 Venezuela firmó 56 proyectos de cooperación con Cuba por valor de 1.144 millones de euros, incluyendo aumentar el número de profesionales cubanos de 40.000 a 60.000 y crear tres empresas mixtas petroleras para refinar crudo venezolano. Pero apenas un mes después, en febrero, Venezuela redujo el suministro de petróleo de 105.000 a 80.000 barriles, cortó a los profesionales cubanos en 12.000 y mermó la ayuda anual venezolana en un 30%. Aquel discurso de “dos banderas y una sola revolución” parece tener los días contados.

En este escenario irrumpe Estados Unidos con medidas que, aunque hayan sido tibias, se orientan al desbloqueo de la economía cubana. Como si de un analgésico se tratase, el presidente estadounidense ha iniciado reformas que mitigan el embargo y ayudan a Cuba a reducir su fuerte dependencia de Venezuela. Entre ellas, cabría destacar la eliminación del límite a la cantidad de dinero que se puede enviar a ese país desde Estados Unidos. Además, se han flexibilizado los requisitos que los barcos deben cumplir cuando viajan entre ambos países. También se ha autorizado a las empresas norteamericanas a abrir determinadas instalaciones en la isla y a participar en empresas mixtas con el Estado cubano. Con estas medidas, las normas del libre mercado parecen llamadas a conquistar la vieja política de la isla, poniendo en riesgo las máximas socialistas que abrazó la revolución.

Nueva era cubana

Según las estimaciones de Euler Hermes, la compañía líder del seguro de crédito a la exportación,  el crecimiento del PIB cubano pasaría de una media del 2% en los últimos cinco años, a un incremento del 5% entre 2016 y 2020. Un crecimiento económico que sería posible gracias a la inversión extranjera que, según sus previsiones, aumentaría entre un 15 y un 20% en el próximo quinquenio.

El levantamiento del embargo a Cuba tendrá consecuencias más allá de las fronteras de la isla. Se dibujará una nueva geopolítica en la que Estados Unidos tendrá un papel protagonista. Según un informe de la misma institución, las exportaciones estadounidenses a la isla rondarán los 1.000 millones de dólares al año. Para 2020, el 25% de todas las importaciones cubanas partirán de Estados Unidos. China sería el otro gran beneficiario del fin del embargo: el aumento de sus ventas se estima en 360 millones de dólares al año. Le seguiría España con 200 millones de dólares y Brasil y Francia con 120 y 100 millones de dólares anuales.

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El gobierno cubano ya ha comenzado a engrasar la maquinaría para reactivar la inversión extranjera. Dos son, hasta el momento, sus grandes bazas. Por un lado se encuentra una cartera de oportunidades con 246 proyectos con la que pretende atraer nada menos que 15.000 millones de dólares a la isla. Pero el proyecto más ambicioso del gobierno de Raúl Castro responde a la denominada “Zona Especial de Desarrollo Mariel”. La bahía de Mariel se convertirá en un centro de comercio de mercancías, con una zona de libre comercio y un puerto de contenedores capaz de alojar a los mayores cargueros del mundo. Se localiza en el centro de la región del Caribe y las Américas, entre el cruce de los ejes norte-sur/este-oeste del tráfico comercial marítimo de mercancías. Es el centro de una circunferencia de 1000 millas de radio, donde se localizan los principales puertos de la región. El régimen pretende atraer capital para construir fábricas industriales y aumentar los servicios de exportación e importación, pero tendrá que hacer frente a un deficitario sistema de cambio.

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Entender la salida de Cataluña del Euro, en 5 minutos

Quizás se confirme aquello de que las segundas partes nunca fueron buenas. La resaca de aquella cita en las urnas para decidir sobre el deseo de los catalanes de ser dueños de su propio destino continúa siendo un dolor de cabeza para muchos. Aquel 9-N fue un preludio de las intenciones del presidente autonómico, Artur Mas. Éste, sin prestar atención a lo que el Tribunal Constitucional concluyese, optó por seguir su camino por la senda secesionista. Hasta el final. El final podría haber sido el pasado 27-S. Fue él quien propuso que las elecciones al Parlamento catalán fuesen más allá y las bautizó de “plebiscitarias”. Celebrados los comicios, Artur Mas se niega a asumir el desenlace que las urnas le atribuyen y que ninguna fuerza política parece dispuesta a edulcorar. Por el momento no hay alianza posible para avanzar en sus propósitos. Sin el respaldo de una mayoría absoluta y con el menos del 50% del electorado a favor de su proyecto soberanista, sus planes navegan a la deriva.

Más allá del ámbito político, la hipotética independencia de Cataluña preocupa por sus consecuencias económicas. Si “Junts pel Sí”, el partido más votado en las pasadas elecciones lograse el apoyo necesario para seguir adelante con la “transición nacional de Cataluña”, comenzaría a gestarse el futuro Estado catalán. Concluído este proceso, se desvelaría la estructura de la nueva nación y su relación con España y/o con la Unión Europea.

La otra cara de la moneda

Quienes no comulgan con los deseos de independencia de Cataluña -en especial, el Gobierno español liderado por Mariano Rajoy (Partido Popular)- han basado su argumentario en las nefastas consecuencias económicas que tendría romper con España. La “estrategia del miedo” se construyó sobre la salida de Cataluña de la Unión Europea, uno de los efectos más inmediatos. Siguiendo esta línea argumental, si Cataluña no pertenece a España, entonces deja de ser socio del club europeo. Comenzaría aquí su odisea. El nuevo país tendría que determinar qué hacer con la moneda.

Existe la posibilidad de que este recién nacido Estado continúe usando el euro de forma unilateral. En ese caso, el euro pasaría a ser una moneda extranjera para el nuevo país y, por tanto, perdería cualquier influencia sobre su tipo de cambio y sobre los tipos de interés.

Desprenderse de la estructura bancaria de la Unión Europea significa despedirse del Banco Central Europeo (BCE). Dicho de otro modo, perdería el acceso a la liquidez que garantiza el sistema bancario de la zona euro. No hay que obviar que gracias a esa liquidez han sobrevivido no pocas entidades europeas durante la crisis. Tendría que decir adiós también al Banco Europeo de Inversiones (BEI) -el órgano financiero comunitario-, al Mecanismo Europeo de Estabilidad -el fondo de rescate para la zona euro- y al Mecanismo Único de Supervisión financiera -el FROB europeo-.

Ahora bien, no sólo se trata de dejar atrás una política económica o un sistema financiero común. Cataluña renuncia también a una serie de ayudas económicas a las que tiene acceso como miembro de la Unión Europea. Así, por ejemplo, con su adiós estaría renunciando a los 808.433.500€ del Fondo Europeo de Desarrollo Regional (FEDER) para el desarrollo económico de la región, a los 304.742.845€ del Fondo Social Europeo (FSE) para el fomento del empleo y a los 348.500.000€ procedentes del Fondo Europeo Agrícola de Desarrollo Rural (FEADER) que ayuda a sus agricultores.

Cuentas pendientes con España

Aunque la cuestión económica haya sido una de las principales bazas para quienes se aferran a una Cataluña dentro de las fronteras españolas, lo cierto es que Cataluña tendrá que resolver otros pendientes con España.

Tras declarar su independencia Cataluña tendría que negociar con España cómo gestionar, entre otros asuntos, la red ferroviaria y de carreteras. La titularidad de esta infraestructura es española y su mantenimiento es competencia del Ministerio de Fomento. Lo mismo sucede con sus puertos y aeropuertos. El tira y afloja entre ambos Estados está asegurado pues implica una cesión de competencias que sólo sería posible si España reconociese al nuevo Estado. Sin embargo, pesa mayor incertidumbre sobre aquellas obras que aún no han concluído o aquellas que están presupuestadas pero no han sido ejecutadas. Así, por ejemplo, el Ministerio de Fomento prevé destinar en 2016 un total de 1.343 millones de euros al Corredor del Mediterráneo. Además, 169,3 millones de euros irán a parar a las autoridades portuarias de Barcelona y Tarragona.

Otra cuestión que ha levantado ampollas es la relativa a la deuda pública de la comunidad autónoma con el Estado. Según el Ministerio de Hacienda, entre 2012 y 2015, España ha facilitado liquidez a Cataluña por importe de casi 50.000 millones de euros. En la actualidad, la deuda contraída con el Estado es de 37.487 millones de euros -un 18,4% de su PIB regional-. Una realidad a la que habría que sumar otro dato relevante: Cataluña tiene una calificación crediticia de “bono basura”. La agencia de calificación de riesgos Fitch rebajó la nota de la deuda catalana a un rating de BBB: es el último escalón en el que se considera que una deuda es apta para la inversión. Se trata pues de una carta de presentación poco apetecible para cualquier inversor.

En pocas palabras, una Cataluña independiente tendría que hacer frente a varias desafios. Su ruptura con España implica su salida de la Unión Europea y, con ello, la renuncia a todas las ventajas que supone ser socio del club europeo. No sólo es una cuestión monetaria con el euro como protagonista sino todo un sistema bancario. A ello se suma la cesión de competencias en ámbitos tan importantes como las infraestructuras, la educación o la sanidad o la renuncia a los fondos que financian importantes proyectos gracias a su condición de región española. Supone, en definitiva, renunciar a una suerte de amparo parental para emprender un camino en solitario, como si de un hijo rebelde se tratase.

Los fondos soberanos de Qatar se extienden por todo el mundo

QIA, el “seguro” de Qatar para el futuro

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Planea sobre ellos la sombra de la duda. Juegan con dinero público. El juego consiste en invertir considerables cantidades de dinero en grandes empresas privadas castigadas por la crisis financiera global y ávidas de capital. Pero, cómo se gestiona esa inversión: ¿en público o en privado?

Frente a esta incertidumbre, lo cierto es que los denominados fondos soberanos se están consolidando entre las potencias emergente de África, América Latina y Oriente Medio. Según el informe “Fondos Soberanos 2014”, realizado por la escuela de negocios Esade, en la actualidad existen más de 84 fondos soberanos operativos. Sus activos superan los 5,9 billones de dólares.

La importancia de estos recursos para las economías nacionales es considerable. Según su proporción respecto al Producto Interior Bruto (PIB), los fondos de inversión más importantes serían el de los Emiratos Árabes Unidos (ADIA), seguido de Kuwait (KIA) y Qatar (QIA), el país más rico del mundo. No ha de ser casualidad que se trate de Estados cuya pujanza económica se basa en la producción y exportación de petróleo y gas natural. Recursos que generan la riqueza que después reinvierten en estos fondos soberanos.

 Qatar, por ejemplo

A pesar de la desconfianza que genera su existencia, los fondos soberanos se han convertido en una herramienta para el crecimiento de los países inversores y un “rescate” para aquellos que han recibido el capital. Veamos pues el caso de Qatar, una economía que apuesta por la diversificación y que ha basado su crecimiento en la exportación de gas y petróleo.

Qatar Investment Authority (QIA) es la entidad encargada de la gestión de los fondos soberanos de inversión del emirato. Cuenta con diez años de vida. Su objetivo pasa por «invertir, administrar y hacer crecer las reservas de Qatar a largo plazo para apoyar el desarrollo de la economía qatarí» y «ser reconocido como institución de inversión internacional para convertirse en el socio preferido de los inversores», aseguran.

Al frente de este organismo se encuentra Abdullah bin Mohammed Al Thani, miembro de la familia real qatarí. Como Consejero Delegado tiene la responsabilidad de ejecutar y supervisar las estrategias de inversión. También es responsable de la gestión de este organismo, uno de los mayores fondos de inversión soberana en el mundo con más de 60.000 millones de dólares.

Cuestión de prioridades

Son varios los sectores que resultan especialmente atractivos para los fondos soberanos de inversión. El sector financiero, el sector inmobiliario o el sector del lujo -donde es posible encontrar desde grandes almacenes hasta puertos deportivos- son algunas de las preferencias de estos fondos soberanos.

Fue en 2008 cuando el fondo soberano qatarí se estrenó en el mercado financiero europeo. Entonces, QIA invertía 6.100 millones de libras esterlinas en Barclays. Así, pasaba a controlar el 10% de la entidad financiera. Era sólo el principio. QIA se haría con el 6,2% de Credit Suisse, convirtiéndose en el segundo mayor accionista después de Olayan Group de Arabia Saudita, que tiene una participación del 6,6%, según datos de Reuters. En 2010 el país del Golfo se hacía con el 5,17% de Banco Santander Brasil. Qatar compró entonces bonos de la filial brasileña que, posteriormente se canjearían por acciones, por valor de 2.719 millones de dólares. Todo podría ser apenas una pequeña muestra de su presencia en el sector financiero mundial. Resulta imposible obviar que el 20,86% de las acciones de la bolsa de Londres (London Stock Exchange) es propiedad de Qatar Investment Authority. Dicho de otro modo, Dubai y Qatar son los dos mayores accionistas de la tercera mayor bolsa de valores del mundo.

Para poner en marcha sus inversiones en el sector inmobiliario, Qatar creó otro organismo dependiente también del ya mencionado Qatar Investment Authority (QIA). Se trata de Qatari Diar, el fondo de inversión inmobiliaria del emirato. Las cifras hablan por sí mismas. Desde 2012, Qatari Diar cuenta con más de 49 proyectos en desarrollo o planificación en Qatar y en otros 29 países alrededor del mundo, con un valor de más de 35.000 millones de dólares. En cualquier región del globo es posible encontrar la firma qatarí en opulentas obras de arquitectura y suntuosos complejos urbanístico. Destacan, entre otros proyectos relevantes, el exclusivo complejo hotelero “​Sea Pearl” en Atakoy (Turquía), el puerto deportivo de Tarragona (España), la embajada de Estados Unidos en Londres (Reino Unido), el City Centre DC en Washington (Estados Unidos), la City Gate en El Cairo (Egipto) o el Diar Dushanbe en Dushanbe (Tayikistán).

El sector del lujo es otra de las grandes bazas que juega Qatar para diversificar su economía. Así, el país más rico del mundo ya es dueño de Harrods, los grandes almacenes londinenses. La famosa cadena de tiendas fue comprada al empresario egipcio Mohamed al Fayed por unos 1.740 millones de euros. Pero el interés del emirato por lo británico va más allá. El país del Golfo tiene el control del 25% de la cadena de supermercados Sainsbury, la tercera más grande de Reino Unido.

Si hay algo que resulta imposible obviar es el interés de Qatar por las grandes firmas. El emirato tiene un 1,03% del conglomerado LVMH, propietario de marcas como Louis Vuitton, Loewe o Kenzo. En su haber también se encuentra el 11,3% de  Tiffany & Co. Grandes hoteles de lujo engordan la lista de propiedades del país del Golfo. Qatar’s Constellation Hotel Holdings pagó 750 millones de euros por la adquisición de una cartera de hoteles que incluía nada menos que el Louvre y el Concorde Lafayette en París, el Hotel Martínez en Cannes y el Palais de la Mediterranee  en Niza.

La diversificación de la economía qatarí es pues una amplia red que se extiende por diversos sectores. Así es como el emirato ha hecho uso de la riqueza del subsuelo para  extender su dominio y controlar su dependencia de los recursos naturales.

Así cambiará el precio del petróleo la política internacional

La caída del precio del petróleo. Consecuencias en geopolítica

Mucho se ha especulado sobre la bajada del precio del crudo y la posibilidad de que Arabia Saudí, el mayor productor de petróleo de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), redujese la extracción para regular el precio en los mercados globales.

Sin embargo, el gigante de oro negro se niega a perder su cuota de mercado. Ante la falta de ingresos del sector energético Riyadh ha optado por vender deuda púbica. El pasado julio Arabia Saudí realizó su primera emisión de bonos desde 2007. Fueron 15.000 millones de riyales -unos 4.000 millones de dólares-, que se colocaron entre los bancos nacionales. Según el diario británico Financial Times, Arabia Saudí planea levantar un total 27.000 millones de dólares.

Banqueros comentan el banco central del reino saudí pretende colocar 5.300 millones de dólares mensuales en bonos —en tramos de cinco, siete y diez años- para el resto del 2015 y 2016.

Está claro que el sector energético global está en una fase de cambio y estamos en un momento crítico que marcará el devenir del futuro, sobre todo en los países que dependen del crudo como la mayoría de los Estados del Golfo, Venezuela, Rusia y África Occidental. La explicación de este paradigma se encuentra en las nuevas técnicas de extracción de crudo, como el fracking.

Estados Unidos, el segundo importador de petróleo mundial, cansado de comprar el crudo a terceros ha conseguido desarrollar métodos alternativos de extracción con los que ha logrado autoabastecerse y aumentar la oferta de crudo. Ahora bien, habrá que tener en cuenta lo daños que el fracking puede ocasionar en el medioambiente. Esta técnica inyecta miles de litros de agua mezclada con sustancias químicas en las rocas bajo tierra para la obtención de gas natural, lo que puede ocasionar efectos nocivos para la salud y dañar las reservas de agua naturales.

La llave para compensar el exceso de oferta sería, precisamente, cortar la producción de petróleo y así regular la oferta. Sin embargo, Arabia Saudí se niega a perder su cuota de mercado y decide incrementar la producción de petróleo hasta los 10.564 millones de barriles durante el pasado junio, según informa CNN.

Pero al aumento de la producción de crudo no es suficiente para subsanar las pérdidas ocasionadas por la bajada de los precios del petróleo y Riyadh está considerando recortar el gasto público un 10% para combatir el déficit, el cual asciende alrededor del 20% del PIB según datos del FMI. Una medida de austeridad a la que tan acostumbrados estamos en Europa.

Maduro en el Golfo

Como el efecto dominó, el exceso de oferta, no solo ha perjudicado las finanzas de los países del Golfo. Venezuela ha sido otro de los grandes países afectados. Razón por la cual se explica el reciente viaje de Maduro a Qatar –ambos países pertenecientes a la OPEC-, el pasado 4 de septiembre, buscando acuerdos que hagan subir el precio del petróleo. Venezuela es el quinto productor mundial de crudo con la exportación de alrededor de 2,5 millones de barriles diarios. Su principal mercado es China y Estados Unidos.

Sin embargo, los datos no deben interpretarse de manera negativa. Ante el derrumbe de los precios del crudo, los países dependientes del sector energético se ven obligados a diversificar su economía. Un ejemplo a seguir en el Golfo es, sin duda, Dubai, el Estado que ha conseguido basar sus ingresos en el sector servicios y consagrarse como un destino de negocios atractivo para empresas internacionales. Ejemplo que Qatar está siguiendo muy de cerca ya que pretende convertirse en un centro de referencia en la región en cuanto a educación y medicina.

Cuba, un país dependiente de los petrodólares venezolanos, se ha visto forzado por primera vez en la historia a acercarse a Estados Unidos y comenzar sus relaciones diplomáticas con Washington tras el cese de la ayuda financiera de Caracas. La crisis energética obligará a los países cuyo PIB dependen del crudo a diversificar su economía y buscar nuevos aliados. Hecho que cambiará la geopolítica internacional.

Qatar, así es su economía antes del Mundial

La economía de Qatar en cinco minutos

Poco queda ya de aquel país que basaba su economía en la comercialización de perlas y la pesca. De aquel Qatar se hablará usando el pretérito. Es un capítulo en su historia. Su presente se explica en cifras. Hoy es el país con la renta per cápita más alta del planeta: 83.000 dólares al año, según el Fondo Monetario Internacional (FMI). Las reservas de gas natural y petróleo son las responsables de su poderío internacional. Qatar es el principal exportador mundial de gas natural licuado (GNL) con el 31% del total de las exportaciones mundiales en 2014, según un informe elaborado por Qatar National Bank. Su riqueza está llamada a convertirse en su gran baza. Billones de dólares se invertirán en transformar el país en referencia mundial. Será en 2022, ya convertido en sede del mundial de fútbol.

¿El fin de la era del petróleo y del gas?

Qatar ha sido para el colectivo mundial una potencia petrolera y gasística, una bestia que arañaba a su subsuelo billones de dólares al año. Su hegemonía mundial en el sector energético no conocía rivales. Sin embargo, un acuerdo anhelado por la comunidad internacional podría poner en jaque su liderato. Irán cede y se compromete a no enriquecer uranio con fines militares a cambio del levantamiento de sanciones económicas que mantienen ahogada su economía.

La firma de este acuerdo sitúa a Irán en el tablero y con él, las segundas reservas de gas natural licuado más importantes del mundo, por detrás de Rusia. Pero no será el único dolor de cabeza para los países del Golfo, incluído Qatar. Las últimas noticias lo corroboran. La caída del precio del petróleo es un hecho consolidado. Arabia Saudí, el mayor productor de la OPEP, se niega a dejar de extraer petróleo y mantendrá su producción de crudo. Su estrategia pasa por demostrar que el «fracking» no es rentable.

El emirato se niega a seguir dependiendo económicamente de sus reservas. De hecho, las cifras macroeconómicas arrojan la puesta en marcha de una nueva economía que apuesta por la diversificación. En el primer trimestre de 2015 la economía qatarí creció un 4,1% respecto al año anterior. Un crecimiento en el que la construcción, los servicios financieros, la industria manufacturera y el sector servicios fueron los verdaderos protagonistas. Por su parte, el sector de los hidrocarburos se contrajo un 0,1% como consecuencia de la menor producción de crudo y de las paradas de mantenimiento en las instalaciones de gas.

Un sueño mundial

Dotar a la capital, Doha, de todo lo necesario para acoger la Copa del Mundo de fútbol en 2022 está siendo el gran reto del país. Qatar invertirá alrededor de 200.000 millones de dólares en proyectos relacionados con la Copa del Mundo 2022, según un informe de Deloitte de 2013 que ha sido publicado por Oxford Business Group. De ellos, se espera que 140.000 millones sean invertidos en infraestructura de transporte, incluyendo un nuevo aeropuerto, carreteras y el metro de Doha, y 20.000 millones en infraestructura turística. Qatar 2022 contará con un total de 12 estadios; nueve de ellos nuevos y tres remodelados, todos con un especial aire acondicionado para combatir las altas temperaturas. El gasto total de esta inversión en estadios rondará los 4.000 millones de dólares. Un dato llamativo teniendo en cuenta el total de lo invertido, según informa América&Industria.

La mayor partida, por tanto, será la destinada a infraestructura. Son tres los grandes proyectos que el emirato ha puesto en marcha de cara a la cita futbolística: el nuevo aeropuerto internacional, el puerto y el metro de Doha. El primero de ellos, ya concluído, supuso el desembolso de 15.000 millones de dólares. El Nuevo Aeropuerto Internacional Hamad es el segundo mayor aeropuerto en tráfico de pasajeros del golfo Pérsico después de Dubai.

Para dar  un empujón a la industria de la exportación y satisfacer las necesidades comerciales del país, el emirato ha puesto en marcha la construcción del nuevo puerto de Doha. Este megraproyecto, además del puerto, prevé construir una nueva base para las Fuerzas Navales y una zona económica que será conocida como QEZ3 (Qatar Economic Zone 3). Un conjunto portuario cuyo coste se estima en 7.400 millones de dólares y cuya inauguración se prevé para 2016.

Sólo faltaría por apuntalar la comunicación terrestre. Una cuestión que no ha sido olvidada por Qatar. La capital contará con cuatro líneas de metro. Será en 2026, fecha en la que se habrán terminado las obras de toda la red proyectada. Cubrirán el área metropolitana de Doha y conectará con los principales centros de población. Funcionará principalmente bajo tierra, salvo en la periferia, donde las líneas operarán a nivel del suelo o elevadas. Según Abdullah al-Subaie, director gerente de Qatar Railways Company, el proyecto costaría al país 36.000 millones de dólares. Se emplearán 1,2 millones de toneladas de hierro en su construcción.

Cuando Qatar despierte del sueño mundialista, toneladas de acero y hormigón quedarán para la posterioridad en su territorio. Dependerá de la capacidad de gestión del emirato que la gran inversión realizada revierta en beneficios para la sociedad qatarí. El reto, en definitiva, no es llenar estadios más allá de 2022, sino sacar partido a un país obligado a reinventarse para seguir siendo el más rico del mundo.