Irán entra a competir en el sector energético con el mayor exportador de gas: Qatar

Qatar, ¿un modelo a seguir para un nuevo Irán?

Parecía una quimera. Una asignatura pendiente. Más de 30 años  fueron necesarios para que un presidente estadounidense pudiese pronunciar estas palabras: «Hemos frenado la expansión de las armas nucleares en Oriente Próximo». Con esta afirmación, Barack Obama anunciaba el acuerdo histórico que ponía fin a la posibilidad de que Irán desarrolle su propio arsenal nuclear. Un hito plasmado en cien hojas con más de ochenta anexos marca el comienzo de una nueva era. «Una vez resuelta esta crisis innecesaria emergen nuevos horizontes para centrarnos en desafíos compartidos», anticipaba Hasán Rohaní, presidente iraní, en Twitter.

Pero no es un acuerdo gratuito. A cambio de reducir su capacidad para enriquecer uranio y plutonio – los elementos básicos para el desarrollo de la bomba atómica-, Irán regresa al escenario internacional. Para ello, será sometido a un intenso régimen de inspecciones que servirán para medir su compromiso. De forma gradual y, en la medida en que cumpla con lo pactado, las sanciones que ahogaban al régimen desaparecerán. Eso sí, no contemplan un paso atrás. Si Irán incumple, las sanciones volverán a ponerse en marcha. Es el precio acordado por el grupo internacional 5+1 -los miembros permanentes del Consejo General de la ONU- y Alemania.

El regreso de Irán al tablero internacional pone en jaque sectores estratégicos de la economía mundial. Imposible obviar que se trata de la cuarta mayor reserva de petróleo del mundo -150.000 millones de barriles- y la segunda mayor reserva de gas natural del planeta. ¿Qué cabe esperar?

Irán, ¿jaque al gas qatarí?

La futura irrupción de Irán en el mercado energético internacional supondría una reordenación de las rutas de abastecimiento. Se presenta como un aliado perfecto para una Europa Occidental fuertemente dependiente del gas ruso. Pero no hay que perder de vista a Qatar: el principal exportador mundial de gas natural licuado (GNL) con el 31% del total de las exportaciones mundiales en 2014, según un informe elaborado por Qatar National Bank. De acuerdo con este estudio, la región Asia-Pacífico es el mercado preferente del gas qatarí con el 72% de las exportaciones. Esta fuente de energía -limpia y cuyo transporte es más barato al no depender de interminables gasoductos- también seduce a Occidente.

El levantamiento de las sanciones abre las puertas del mercado internacional del gas a Irán. Sus reservas, las segundas más importantes del mundo -por detrás de Rusia- entrarían a competir directamente con Qatar. El principal inconveniente con el que tendría que lidiar Irán sería la fuerte inversión en infraestructura para la producción de gas natural licuado y su transporte.

Según la Agencia de Calificación Global Fitch, Irán tardaría cinco años en desbancar a Qatar y convertirse en el mayor exportador de gas del mundo. Es el tiempo que necesita para aumentar la producción, escuchar las propuestas de inversión de las no pocas compañías extranjeras que pujan por hacerse hueco en un mercado que se antoja más que prometedor y ver concluidos los principales gasoductos que conectarán con el viejo continente.

En 2020 TANAP (Anatolia Gas Pipeline Project) podría cambiar la geopolítica del gas en Europa. Es la alternativa a los gasoductos rusos, pues todas las rutas de gas procedentes de Asia atraviesan necesariamente este país. Irán estudia unirse al proyecto de gasoducto que discurre a lo largo de 1.850 kilómetros desde la frontera de Grecia hasta la de Georgia, donde enlazará con el futuro gasoducto del sur del Cáucaso, procedente del mar Caspio. Lo adelantó en mayo Mohsen Pakaein, el embajador iraní en Azerbaiyán. «Estamos analizando la posibilidad de comprar en equidad la tubería si alcanzamos nuestros objetivos de producción en 2018».

Hacia dónde mira Qatar

Si bien es cierto que a largo plazo Irán planea desarrollar su potencial energético, no menos evidente resulta que Qatar avanza en otras direcciones. Basta ojear sus últimas cifras macroeconómicas para darse cuenta de que el país con la renta per cápita más alta del mundo -83.000 dólares al año, según el Fondo Monetario Internacional (FMI)- ya no centra su crecimiento económico en el gas o el petróleo. La baza que juega el emirato se resume en la diversificación: una estrategia con la que pretende amortiguar la caída de los precios en el sector energético.

Según los datos publicados por el Ministry of Development Planning and Statistics (Ministerio de Planificación y Desarrollo de Estadísticas), en el primer trimestre de 2015 la economía qatarí creció un 4,1% respecto al año anterior. Un crecimiento en el que la construcción, los servicios financieros, la industria manufacturera y el sector servicios fueron los verdaderos protagonistas. Los proyectos de infraestructura a gran escala -metro de Doha, nuevas carreteras y autopistas o la expansión del aeropuerto internacional de Hamad- son el motor de la economía qatarí. Por su parte, el sector de los hidrocarburos se contrajo un 0,1% como consecuencia de la menor producción de crudo y de las paradas de mantenimiento en las instalaciones de gas.

El emirato no se conforma con continuar ostentando el título de más rico del globo. Su objetivo para 2030 es convertirse en referencia mundial de educación y sanidad. La familia real qatarí no escatimará en recursos para llevar a buen puerto lo que se conoce ya como ‘Qatar National Vision2030’. El dinero procedente de la explotación de sus recursos naturales más cotizados se reinvertirá en la creación de un sistema educativo con el que dotar a los estudiantes de una formación comparable a la que se oferta en cualquier lugar del mundo. Ejemplo de ello es la Ciudad de la Educación, un complejo de 14 kilómetros cuadrados que aspira a convertirse en la referencia educativa y de investigación científica y técnica de la región. Entre sus pretensiones también se encuentra el desarrollo de un sistema universal de salud, gestionado de acuerdo a estándares mundiales. El fin último es que todos los servicios sanitarios estén al alcance de toda la población.

Acompañado de las excelentes cifras macroeconómicas, Qatar se enfrasca en un nuevo reto: poner esos resultados al servicio de los qatarís mediante servicios básicos universales.

En colaboración con Belén García Hidalgo

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