París vive el peor atentado terrorista de su historia

Los atentados de París, siete días después

Podría haber sido un viernes cualquiera, pero fue el más sangriento de la historia reciente de Francia. París, la cuna de la libertad, fue el escenario elegido por el Estado Islámico para perpetrar su barbarie. El terrorismo yihadista regresaba a la capital gala. Ni siquiera un año había pasado desde la última fechoría de Al-Qaeda contra Charlie Hebdo, el semanario satírico francés, en el que irrumpieron armadas con rifles de asalto el pasado 7 de enero de 2015. Doce personas perdieron la vida entonces. Pero el viernes 13 de noviembre el objetivo fue más ambicioso.

Apenas acababa de comenzar el fin de semana en la capital gala. Todo era aparentemente normal. La gente disfrutaba en terrazas, acudía a conciertos o paseaba por las calles parisinas ajenas a la tragedia que se estaba gestando. Incluso el presidente, François Hollande, asistía al partido entre la selección nacional y Alemania con absoluta normalidad. Ocho yihadistas serían los encargados de truncar el fin de semana. Por delante, horas de pánico y caos. El estadio francés, el restaurante “Le Petit Cambodge”, el local “Belle Équipe”, el bar “Le Carillon”, el Boluevar Fontaine y la sala “Bataclan” eran tomados por los yihadistas.

Música y fútbol

Cerca de 80.000 aficionados asistían al Estadio de Francia de París, conocido como estadio Saint-Denis, para disfrutar del partido amistoso entre las selecciones de Francia y Alemania. Pasaban 20 minutos de las 21:00h cuando tres explosiones sembraron el pánico. Tres terroristas se habían inmolado en los alrededores del estadio. Era el primero de los siete atentados. Además de los yihadistas, otra persona perdía la vida. Se encontraba en un restaurante próximo.

El grupo “Eagles of Death Metal” tenía todo preparado para el show. Pero se atravesó en su camino el horror. La Sala Bataclan pasó a ser una ratonera para los asistentes al concierto de la banda de rock. La policía asaltó el local para capturar a los terroristas y poner fin a la pesadilla. Sin embargo, éstos hicieron estallar los explosivos adosados a su cuerpo y más de 80 personas perdieron la vida en el interior de la sala.

La fatídica noche se saldó con 130 muertos y más de 350 heridos.

A la caza del enemigo

Abdelhamiid Abaaoud era el objetivo prioritario. Fue el “cerebro” de los atentados, el autor intelectual de la barbarie. Fue localizado en el barrio de Saint-Denis, en un piso franco. La policía francesa ponía en marcha un operativo de casi ocho horas que se saldó con siete personas detenidas y dos muertos.

Apenas 24 horas después, las autoridades galas confirmaban la identidad de las personas fallecidas en la redada. Se trataba de Hasna Ait Boulahcen, la primera mujer kamikaze en suicidarse en Europa. Con 26 años, no dudó en activar su chaleco ante la presencia policial. Era la prima de Abdelhamiid Abaaoud, que fue alcanzado por un francotirador de la policía durante el asalto al edificio.

A día de hoy, las autoridades galas siguen buscando al único terrorista que participó activamente en el atentado y sigue con vida. Se trata de Salah Abdeslam. Los investigadores creen que habría cambiado su imagen -usaría peluquín y gafas- y que está usando otra identidad. Se haría llamar Yassine Baghli.

La respuesta de Francia

48 horas tardó el estado francés en responder a los atentados. París inició una intensa ofensiva sobre la ciudad siria de Raqa, la autoproclamada capital del Estado Islámico. Según el ministerio francés de Defensa, se lanzaron una veintena de bombas. “El primer objetivo destruido era usado por Daesh como puesto de mando, centro de reclutamiento y depósito de armas y munición. El segundo albergaba un campo de entrenamiento terrorista”, según el ministro de Defensa francés, Kean-Yves Le Drian.

La necesidad de combatir el terrorismo yihadista es ahora un objetivo internacional. El Consejo de Seguridad de Naciones Unidas aprobó este viernes por unanimidad una resolución impulsada por Francia. El texto insta a los países miembros a tomar “todas las medidas necesarias” en cumplimiento con las leyes internacionales y las zonas controladas por los terroristas en Siria e Irak, para “redoblar y coordinar sus esfuerzos para prevenir y sofocar actos terroristas cometidos específicamente por el ISIS, también conocidos como Daesh y Frente Al Nusra, y otros grupos, individuos y entidades asociados a Al Qaeda y por otros grupos terroristas”. Eso sí, no invoca el capítulo 7 de la Carta de Naciones Unidas, que autoriza el uso de la fuerza.

En colaboración con Belén García Hidalgo

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