La España que Mariano Rajoy lleva a las urnas

España está inmersa en plena campaña electoral. Se acerca el 20-D, una fecha clave para un país del que hace cuatro años tomaba las riendas Mariano Rajoy. Convertido en el décimo presidente de la democracia, llegaba al Palacio de la Moncloa convencido de que sabía qué teclas tocar para recuperar la sintonía económica hasta entonces desafinada por el temor a un rescate bancario. Ahora bien, la campaña electoral que le acercó a la presidencia estuvo cargada de promesas a día de hoy incumplidas que podrían pasar factura. Será en las urnas donde se decida si continúa al frente de la orquesta o si, por el contrario, ha terminado el baile. Sea el resultado que sea, el 20-D el escenario de partida será el mismo para todos.

El peso pesado

El mayor desafío al que se enfrentaba Mariano Rajoy cuando llegó a la Moncloa era, sin duda, el desempleo. Las cifras del paro eran (y continúan siendo) escalofriantes. En octubre de 2011 la tasa de paro era del 21,52%, es decir, 4.978.300 personas se habían quedado sin trabajo en España. El mismo trimestre de 2015 la realidad ha cambiado, eso sí, sigue siendo bastante cruda. Según la Encuesta de Población Activa (EPA), la tasa de paro en este tercer trimestre se sitúa en el 21,18%, es decir, existen 4.850.800 parados en el país, el nivel más reducido desde el segundo trimestre de 2011. Tras esa tímida mejoría se halla una reforma laboral contestada por los sindicatos de trabajadores. Las medidas adoptadas en esta reforma apuntalaban la precarización mediante el abaratamiento del despido y la temporalidad de los puestos de trabajo. Así, en los últimos doce meses, el empleo indefinido se ha incrementado en 178.100 personas; sin embargo, el temporal suma 357.700 empleados.

Un país marcado por el elevado desempleo arrastra otra incontestable verdad. La tasa de personas en riesgo de pobreza o exclusión social ha aumentado hasta el 22,2%. Según la Encuesta de Condiciones de Vida (ECV), los ingresos medios en los hogares españoles en 2014 han bajado hasta los 26.154 euros, es decir, un 2,3% respecto a 2013. Esta variable, que sirve para medir las personas que se encuentran por debajo del umbral de pobreza, indica que los hogares unipersonales y aquellos integrados por una pareja y dos menores viven con menos de 7.961 y 16.719 euros respectivamente, continúa subiendo.

Las cuentas en los hogares españoles son cada vez más parecidas a un encaje de bolillos. La misma encuesta revela que el 42% de los ciudadanos no puede afrontar gastos imprevistos por valor de 650 euros, un 10% sufre retrasos en los pagos relacionados con la vivienda principal -alquiler, hipoteca, luz, agua- y un 16% tiene serias dificultades para llegar a fin de mes.

Presión desde Bruselas

Pero no es la sociedad castigada por la crisis económica el único frente abierto de Mariano Rajoy. La Unión Europea se mantiene firme en sus posiciones y reducir el déficit público continúa siendo un quebradero de cabeza para el gobierno. Las exigencias de Bruselas se saldaron con la puesta en marcha de duros ajustes presupuestarios que castigaban la maltrecha economía de los españoles a base de recortes sociales y subida de impuestos.

No hay que obviar que España tiene abierto un procedimiento de déficit excesivo desde el 27 de abril de 2009. Sólo el año pasado logró cumplir el objetivo pactado con la Comisión Europea -5,8% del Productor Interior Bruto-. No obstante, según los cálculos de Bruselas, este año España incumpliría de nuevo el objetivo de deuda y cerraría con un 4,5% frente al 4,2% fijado. El Gobierno en cambio considera que no es un cálculo acertado, pues no tiene en cuenta que el crecimiento económico del país será tres décimas superior al estimado. Pese a todo, la alerta desde Bruselas continúa. El objetivo para 2016 pasa por otro porcentaje: la deuda pública española no podrá superar el 2,8% de su PIB. La Comisión Europea insiste en su pesimismo y considera que será imposible para el país alcanzar esta cifra con los Presupuestos Generales (PGE) que ha presentado para el año 2016. La bajada de los impuestos y el mayor gasto social que prevé España son la base de sus sospechas.

Hace apenas un mes los Técnicos del Ministerio de Hacienda (Gestha) pedían al Gobierno que acometiese medidas “urgentes” para cumplir con el objetivo del déficit tras haber rebajado el coste de la reforma fiscal en el documento remitido a Bruselas. Proponían la vuelta a la tributación de las ganancias especulativas en la tarifa general del IRPF -las obtenidas en un plazo inferior a un año-; el incremento en cinco puntos de la tributación a las empresas que obtienen más de un millón de euros de beneficio y la aprobación del Impuesto a las Transacciones Financieras. Aseguran que sólo así se evitaría “acometer ajustes en los gastos sociales o aplazar inversiones”.

¿Acertará Moncloa en sus cálculos o pecará de pesimista la Unión Europea? Resuelta la disyuntiva, el país recuperará la ilusión o seguirá sufriendo los duros envites de una recuperación económica cocinada a fuego lento.

En colaboración con Belén García Hidalgo

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