Unión Europea

Después del «Brexit», ¿qué?

Como si de un virus se tratase. Primero fue el «Grexit». Ahora, el «Brexit» llama a la puerta de Bruselas. En Atenas, la fiebre eurofóbica acabó con un fuerte portazo que hizo temblar a los mercados. El referéndum en el país heleno arrojó un estrepitoso «no» a la política de austeridad impuesta por la Unión Europea. Pero el denominado Brexit actúa en un escenario diferente. El primer ministro, David Cameron, consultará a los británicos si Reino Unido debe permanecer como miembro de la Unión Europea. Si las urnas abrazan el euroescepticismo, no sólo la economía británica se vería afectada, los demás Estados miembros también sufrirían importantes cambios.

«Brexit», ¿total o parcial?

La incertidumbre es, hasta el momento, la gran protagonista. Nadie sabe cómo se gestionará el resultado del referéndum. Si las urnas respaldan la salida de Reino Unido del club europeo, son varias las “fórmulas” posibles. Tal y como explican el Dr. Thieß Petersen y el Dr. Ulrich Schoof, de la Fundación Bertelsmann, «Todo dependerá de la forma en que se organicen las relaciones entre el país y la Unión Europea».

Así, por ejemplo, existe la posibilidad de que Reino Unido reciba un status similar al de Noruega o Suiza. En este caso, el estudio realizado por la Fundación Bertelsmann y el Ifo Institute, calcula que el PIB real del país en 2030 caería aproximadamente un 0,6%. Para el resto de los países miembros de esta hipotética UE-27 (sin Reino Unido) la pérdida sería del 0,1%. «Irlanda sería el país más afectado debido a los fuertes lazos económicos con Reino Unido. Su PIB se reduciría un 0,8%», estiman Petersen y Schoof.

Ahora bien, sobre el referéndum pesa una sombra aún más tenebrosa: la pérdida de todos los privilegios comerciales de Reino Unido como Estado miembro de la Unión Europea. En ese caso, se calcula que PIB real del país caería un 3% en 2030. La pérdida para el resto de la UE sería de aproximadamente un 0,4%. «Un Brexit en estas condiciones sería una mala decisión para todos los países, especialmente para el Reino Unido». Podría costarle más de 300 mil millones de euros.

 En la piel británica

El fuerte sentimiento euroescéptico que impera en la sociedad británica hace que los ciudadanos consideren que abandonar la Unión Europea tendrá efectos positivos en la economía del país. Sin embargo, la salida de Reino Unido implica la reducción de las exportaciones y, por tanto, de la producción. Petersen y Schoof lo explican así: «menos comercio reduce la presión de la competencia internacional, por lo tanto, las empresas tienen menos necesidad de mejorar su productividad a través de inversiones e innovación. Un menor aumento de la productividad reduce el crecimiento del empleo a largo plazo. Teniendo en cuenta estas consecuencias económicas, lo que se denomina “Brexit” reduciría el crecimiento económico de Reino Unido».

Las importaciones, el otro extremo de la balanza comercial, también se resentirían. Sin concretar cómo quedarían los acuerdos de comercio con los demás países de la UE, lo más probable es que los precios de los bienes y servicios procedentes del mercado exterior se incrementasen como consecuencias de la puesta en marcha de nuevas políticas arancelarias. Así, los británicos perderían poder adquisitivo: consecuencia directa de una notable alza de los precios. Se estima que la renta per cápita de los británicos caería en 4.850 euros.

Una Unión Europea de 27

La Unión Europea también pierde. Un socio menos supone restar un contribuyente a las arcas del presupuesto comunitario. Así, para compensar la pérdida de la contribución financiera del Reino Unido, Alemania tendría que pagar 2,5 mil millones euros extras al año, lo que convertiría al país en el mayor contribuyente neto.

Dado que el Reino Unido no es miembro de la zona euro, no hay efectos negativos directos para la moneda común. Más bien todo lo contrario. Tal y como señalan Petersen y Schoof, «si los inversores extranjeros reducen sus inversiones en Reino Unido y aumentan sus inversiones directas en el resto de la UE, aumentaría la demanda de euros y, por tanto, se fortalecería la moneda».

No obstante, concluyen, «aparte de estas consecuencias puramente económicas, la salida de Reino Unido de la UE podría causar daños políticos graves y debilitaría a Europa geopolíticamente».

En colaboración con Belén García Hidalgo

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