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La economía que deja el chavismo

Así es la Venezuela que deja el chavismo

Algo ha comenzado a cambiar en Venezuela. Al menos, eso parece. Las urnas han dado la espalda al chavismo y a su modelo económico. Un rechazo anunciado tras meses de duras protestas en las calles del país y de eternas colas en los supermercados que han minado la confianza de una sociedad castigada por la represión, la inflación y el desabastecimiento. La victoria de la oposición fue obra de casi 20 millones de venezolanos. Los resultados fueron un contundente rechazo al régimen chavista de Nicolás Maduro que hubo de conformarse con 55 escaños. La alianza opositora MUD -Mesa de Unidad Democrática- sumaba 107.

La oposición venezolana ha conquistado la mayoría de los votos, pero se enfrenta a una dura realidad social y, sobre todo, económica. Recogen el testigo de un país endeudado y una población harta de lidiar con la escasez. Las cifras, desde luego, no son muy alentadoras. Según el Fondo Monetario Internacional, la caída del PIB prevista para este año es del 10% y se espera otro descenso del 6% en 2016. Se trata de la peor evolución de la región y una de las peores del mundo, sólo comparable a la de países en guerra. De hecho, la economía venezolana cayó del cuarto al séptimo puesto en el ránking de las economías de América Latina.

Una economía en picado

La realidad económica del país fue justificada por el régimen como la principal consecuencia de la “guerra económica” iniciada por el imperialismo y la burguesía contra el régimen bolivariano. No obstante, los datos desmontan esta teoría y señalan directamente a una pésima gestión del gobierno chavista. El petróleo, su principal producto de exportación y fuente de divisas, ha caído en picado: 34,46 dólares por cada barril de crudo, el precio más bajo de los últimos seis años. El gobierno venezolano ha intentado que la OPEP recorte la producción, pero se encontró con la feroz negativa de Arabia Saudí, dispuesta a saturar el mercado a precios irrisorios. Las divisas comenzaron a resentirse: apenas entraban dólares en las arcas del Estado. El régimen comenzó a vender petróleo a países del Caribe a precios de saldo para garantizar el abastecimiento del país.

Pero el chavismo tuvo que hacer frente a más dolores de cabeza; el mayor de ellos, la inflación. Los precios se han multiplicado por ocho en los últimos dos años. La inflación en Venezuela ya supera el 159% y se prevé que aumentará hasta el 204% en 2016, según el FMI. El gobierno de Nicolás Maduro optó por establecer precios fijos para los alimentos básicos. El mercado negro y las largas colas en los alrededores de los supermercados no se hicieron esperar. A todo ello hay que añadir que desde la llegada de Maduro al poder el bolívar se ha hundido. Hoy, según el tipo de cambio oficial,  hay que entregar 6,3 bolívares para conseguir un dólar. Otra opción es acudir al mercado negro donde 100 dólares se intercambian por cerca de 800 bolívares, unos  900 euros aproximadamente.

En la calle

Sin duda, una de las imágenes que permanecerá vinculada a la gestión económica del régimen chavista es la de un pueblo litigando con la escasez de bienes y, como consecuencia, haciendo uso de las cartillas de racionamiento. Un legado para el gobierno entrante que caminará hacia el éxito en la medida en que ponga fin a esta realidad.

Erradicar la pobreza había sido una de las principales líneas de actuación del régimen chavista. Es más, en los primeros años del chavismo las denominadas “misiones” habían logrado reducir esta tasa. De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística, la pobreza había pasado del 49% en el primer semestre de 1998 al 27,4 % de hogares venezolanos en el 2011. Pero la tendencia cambió. En 2013 la pobreza afectaba al 27% de los venezolanos y en 2014 al 48% de las familias del país.

Un informe elaborado por investigadores de tres universidades venezolanas -la Universidad Católica Andrés Bello, Universidad Central de Venezuela y la Universidad Simón Bolívar- afirma que la pobreza en el país ha llegada a su punto más alto. Estiman que afecta a cerca del 73% de los hogares. La pobreza extrema se ha duplicado. El 20% de los hogares serían pobres. Suman más de 1.555.000.

Así es el escenario en el que tendrá que lidiar la oposición para devolver al país al lugar que antaño ocupaba en la región. No hay que olvidar que Venezuela es un país rico en recursos. Su subsuelo, sin ir más lejos, lo convierte en el quinto país exportador de petróleo del mundo. Sólo es necesario un giro en la gestión para recuperar el terreno perdido. El primer paso se habría dado en las urnas; el Parlamento habrá de continuar esta andadura.

En colaboración con Belén García Hidalgo

brasil

Una profunda recesión castiga a Brasil

Junto a Rusia, China e India integra un selecto club, el de las superpotencias emergentes. Es la B de los denominados BRIC. No le faltaban méritos para ello, al menos hasta el momento. El país más extenso de América del Sur es también la mayor economía de la región en cuanto al Producto Interior Bruto y la séptima a nivel mundial, según el Fondo Monetario Internacional (FMI). Sus más de 8.500.000 kilómetros cuadrados de territorio convierten a Brasil en el país más extenso de América del Sur. En él habitan más de 206.000.000 de ciudadanos. La renta per cápita en 2014 era de 15 838 dólares. Pero en 2011 el modelo de crecimiento de este país parecía llamado a agotarse. Ahora, la sombra de la recesión se cierne sobre Brasil que se enfrenta a la peor crisis económica de los últimos 25 años.

Las cifras del desaliento

Las cifras que arroja 2015 ponen de manifiesto el comienzo de una dura recesión. El PIB brasileño se contrajo un 1,7% en el tercer trimestre de este año. Es el tercer trimestre consecutivo de recesión. Según el Instituto General de Estadística Brasileño, la economía había retrocedido un 0,8% durante el primer trimestre del año y un 2.1% durante el segundo. El Fondo Monetario Internacional lo había adelantado: la economía de Brasil se contraería un 3% en 2015, el doble del publicado julio.

El paro y la inflación se han convertido en las dos grandes pesadillas del segundo mandato de la presidenta, Dilma Rousseff. Según el Instituto Brasileño de Geografía y Estadística, en octubre de este año el 7,9 % de la población carecía de empleo. Según la misma institución, los salarios ajustados por inflación se redujeron un 0,6% con respecto a septiembre y un 7% desde octubre de 2014, a un promedio de 2.182,10 reales -581,09 dólares- por mes. Los precios al consumidor subieron más de un 10% en el último año. Una realidad cuya consecuencia más inmediata ha sido el descenso del consumo – uno de los principales motores de la economía del país- . Ha experimentado una caída del  4,5%.

Resulta imposible obviar que el caso de corrupción de la petrolera estatal, Petrobras, ha sido un duro golpe para la economía brasileña. La crisis política en que derivó este escándalo de corrupción tuvo como consecuencia directa la reducción de la inversión hasta en un 18,1%. El escándalo costaría a la economía brasileña 27.000 millones de dólares. Según la Fundación Getulio Vargas y el Centro de Estudios de Derechos Económico y Social (CEDES) el sector más afectado sería el de la construcción. Se estima que se perderían 192.000 puestos de trabajo.

¿Funcionará el plan de austeridad?

La crisis económica está socavando la popularidad de la presidenta, Dilma Rousseff. Miles de manifestantes salieron a las calles del país pidiendo su dimisión. A ello se sumaba la decisión de la Standard & Poor’s de rebajar la nota de la deuda del país al nivel de “bono basura”. En septiembre, Brasil dejaba de ser considerado un buen pagador. Tocaba fondo.

La respuesta de la presidenta brasileña fue contundente. El plan de ajuste pasaba por eliminar 10 de los 39 ministerios, reducir 1.000 empleos estatales y recrear un viejo impuesto a las transacciones financieras. A estos recortes se sumaban otros impopulares cuyos efectos caerían sobre los programas sociales de vivienda y salud, los pilares del Partido de los Trabajadores. El objetivo de este paquete de medidas basadas en la reducción del gasto público no es otro que lograr un superávit del 0,7%, es decir, de 17.030 millones de dólares.

Salpicada por la corrupción y castigada por la desconfianza de una crisis económica que cada vez se torna más cruda, será complicado para Dilma Rousseff recuperar la confianza. Su próximo reto pasa por hacer frente a un proceso de destitución que ahonda aún más la crisis política. Le acusan de haber realizado maniobras fiscales irregulares para ajustar las cuentas de su Gobierno en 2015.

En colaboración con Belén García Hidalgo

París vive el peor atentado terrorista de su historia

Los atentados de París, siete días después

Podría haber sido un viernes cualquiera, pero fue el más sangriento de la historia reciente de Francia. París, la cuna de la libertad, fue el escenario elegido por el Estado Islámico para perpetrar su barbarie. El terrorismo yihadista regresaba a la capital gala. Ni siquiera un año había pasado desde la última fechoría de Al-Qaeda contra Charlie Hebdo, el semanario satírico francés, en el que irrumpieron armadas con rifles de asalto el pasado 7 de enero de 2015. Doce personas perdieron la vida entonces. Pero el viernes 13 de noviembre el objetivo fue más ambicioso.

Apenas acababa de comenzar el fin de semana en la capital gala. Todo era aparentemente normal. La gente disfrutaba en terrazas, acudía a conciertos o paseaba por las calles parisinas ajenas a la tragedia que se estaba gestando. Incluso el presidente, François Hollande, asistía al partido entre la selección nacional y Alemania con absoluta normalidad. Ocho yihadistas serían los encargados de truncar el fin de semana. Por delante, horas de pánico y caos. El estadio francés, el restaurante “Le Petit Cambodge”, el local “Belle Équipe”, el bar “Le Carillon”, el Boluevar Fontaine y la sala “Bataclan” eran tomados por los yihadistas.

Música y fútbol

Cerca de 80.000 aficionados asistían al Estadio de Francia de París, conocido como estadio Saint-Denis, para disfrutar del partido amistoso entre las selecciones de Francia y Alemania. Pasaban 20 minutos de las 21:00h cuando tres explosiones sembraron el pánico. Tres terroristas se habían inmolado en los alrededores del estadio. Era el primero de los siete atentados. Además de los yihadistas, otra persona perdía la vida. Se encontraba en un restaurante próximo.

El grupo “Eagles of Death Metal” tenía todo preparado para el show. Pero se atravesó en su camino el horror. La Sala Bataclan pasó a ser una ratonera para los asistentes al concierto de la banda de rock. La policía asaltó el local para capturar a los terroristas y poner fin a la pesadilla. Sin embargo, éstos hicieron estallar los explosivos adosados a su cuerpo y más de 80 personas perdieron la vida en el interior de la sala.

La fatídica noche se saldó con 130 muertos y más de 350 heridos.

A la caza del enemigo

Abdelhamiid Abaaoud era el objetivo prioritario. Fue el “cerebro” de los atentados, el autor intelectual de la barbarie. Fue localizado en el barrio de Saint-Denis, en un piso franco. La policía francesa ponía en marcha un operativo de casi ocho horas que se saldó con siete personas detenidas y dos muertos.

Apenas 24 horas después, las autoridades galas confirmaban la identidad de las personas fallecidas en la redada. Se trataba de Hasna Ait Boulahcen, la primera mujer kamikaze en suicidarse en Europa. Con 26 años, no dudó en activar su chaleco ante la presencia policial. Era la prima de Abdelhamiid Abaaoud, que fue alcanzado por un francotirador de la policía durante el asalto al edificio.

A día de hoy, las autoridades galas siguen buscando al único terrorista que participó activamente en el atentado y sigue con vida. Se trata de Salah Abdeslam. Los investigadores creen que habría cambiado su imagen -usaría peluquín y gafas- y que está usando otra identidad. Se haría llamar Yassine Baghli.

La respuesta de Francia

48 horas tardó el estado francés en responder a los atentados. París inició una intensa ofensiva sobre la ciudad siria de Raqa, la autoproclamada capital del Estado Islámico. Según el ministerio francés de Defensa, se lanzaron una veintena de bombas. “El primer objetivo destruido era usado por Daesh como puesto de mando, centro de reclutamiento y depósito de armas y munición. El segundo albergaba un campo de entrenamiento terrorista”, según el ministro de Defensa francés, Kean-Yves Le Drian.

La necesidad de combatir el terrorismo yihadista es ahora un objetivo internacional. El Consejo de Seguridad de Naciones Unidas aprobó este viernes por unanimidad una resolución impulsada por Francia. El texto insta a los países miembros a tomar “todas las medidas necesarias” en cumplimiento con las leyes internacionales y las zonas controladas por los terroristas en Siria e Irak, para “redoblar y coordinar sus esfuerzos para prevenir y sofocar actos terroristas cometidos específicamente por el ISIS, también conocidos como Daesh y Frente Al Nusra, y otros grupos, individuos y entidades asociados a Al Qaeda y por otros grupos terroristas”. Eso sí, no invoca el capítulo 7 de la Carta de Naciones Unidas, que autoriza el uso de la fuerza.

En colaboración con Belén García Hidalgo

Egipto tiene un desafío: que fluya la liquidez

Si hay una importante batalla por librar en la economía de Egipto es, sin duda, la de la liquidez. El dinero ha de fluir de nuevo. Una cuestión de vital importancia para engrasar la recuperación de la actividad económica. Tras años de inestabilidad y de fuerte dependencia externa, el recién nombrado gobernador del Banco Central Egipcio, Tarek Amer, tendrá que lidiar con esta carga.

De acuerdo con el Banco Central Egipcio, las reservas de divisas se habrían incrementado en 80 millones de dólares en octubre. Significa que las reservas de divisas del país ascienden a 16. 415 millones de dólares. A primera vista podría parecer un dato más que optimista. Sin embargo, de acuerdo con el mismo organismo, el nivel actual de reservas de divisas apenas cubre las importaciones de materias primas básicas por unos tres meses. Lo cierto es que tras esta realidad se esconden fenómenos que podríamos calificar de temporales y que harían mermar esa buena perspectiva. Las divisas del país del Nilo han aumentado gracias a fenómenos como el turismo o las exportaciones y las importaciones. Sin embargo, la caída de uno de estos fenómenos pondría en entredicho esta tendencia.

Inyecciones en tiempos revueltos

No se puede obviar que el mercado de divisas egipcio ha estado recibiendo capital de terceros países durante la convulsa revolución. Sin ir más lejos, el año pasado el Banco Central Egipcio recibió 4.000 millones de dólares de Qatar. A esta cifra habría que sumar otros 3.000 millones que el emirato prometió en bonos del Tesoro por un interés del 3,5%. Pero Qatar no fue el único país que inyectó dinero en las arcas egipcias. Arabia Saudí y Turquía han abonado 1.000 millones de dólares cada una. Libia, por su parte, depositó 2.000 millones. Con estas inyecciones de dinero, el país del Nilo pudo hacer frente a la importación de productos básicos como el trigo o la energía (gas y petróleo).

Lo cierto es que las cifras hablan de un fuerte endeudamiento externo. Según el propio Banco Central, en el segundo trimestre de 2015 la deuda externa nacional aumentó hasta los 48.063 millones de dólares. En el primer trimestre del mismo año era de 39.853 millones.

Un desafío para Tarek Amer

Revertir la situación es la gran encomienda para el nuevo gobernador del Banco Central Egipcio, Tarek Amer. La principal línea de actuación pasa, entre otras medidas, por convertir las deudas contraídas con los importadores en dólares en deudas pendientes de amortización en moneda local. Su objetivo no es otro que evitar los riesgos con el tipo de cambio y aliviar la demanda de dólar tanto en el mercado oficial como en el paralelo. Esta deuda ascendería a 4.000 millones de dólares.

Devaluar el dólar frente a la libra egipcia ha sido una de las últimas medidas adoptadas por el Banco Central Egipcio. Un cambio de estrategia que supone la puesta en marcha de una fórmula con actuaciones totalmente opuestas a las llevadas a cabo hasta el momento. A lo largo de 2015, la libra egipcia fue devaluada en tres ocasiones. Este nuevo rumbo parece encaminado a fortalecer la moneda nacional frente al dólar. Sus consecuencias más inmediatas habrían de manifestarse en la partida de las exportaciones. Pero las medidas no paran ahí. El Banco Central Egipcio decidió cubrir el 25% de las líneas de crédito temporales concedidos por los bancos a sus clientes importadores en moneda extranjera. A cambio, los bancos tendrán que devolver esta liquidez al Banco Central Egipcio como un depósito con un tipo de interés vinculado al London Interbank Offered Rate (LIBOR).

Otra de las grandes bazas para incrementar la liquidez tiene como escenario el Canal de Suez, una fuente casi inagotable de divisas para el país africano. La ruta de navegación más rápida entre Europa y Asia aporta a Egipto cerca de 3.000 millones de dólares al año. La Autoridad del Canal de Suez prevé que para 2023, con la creación de un centro industrial y de logística internacional, los ingresos aumenten hasta los 13.000 millones de dólares frente a los 5.000 millones que reporta tras la ampliación del mismo en agosto de este mismo año.

Habrá que dar tiempo al tiempo y esperar que las nuevas medidas echen raíces. Esperar que al final de la temporada puedan recogerse los frutos deseados, con la madurez necesaria para seguir alimentado la economía egipcia.

En colaboración con Belén García Hidalgo

La España que Mariano Rajoy lleva a las urnas

España está inmersa en plena campaña electoral. Se acerca el 20-D, una fecha clave para un país del que hace cuatro años tomaba las riendas Mariano Rajoy. Convertido en el décimo presidente de la democracia, llegaba al Palacio de la Moncloa convencido de que sabía qué teclas tocar para recuperar la sintonía económica hasta entonces desafinada por el temor a un rescate bancario. Ahora bien, la campaña electoral que le acercó a la presidencia estuvo cargada de promesas a día de hoy incumplidas que podrían pasar factura. Será en las urnas donde se decida si continúa al frente de la orquesta o si, por el contrario, ha terminado el baile. Sea el resultado que sea, el 20-D el escenario de partida será el mismo para todos.

El peso pesado

El mayor desafío al que se enfrentaba Mariano Rajoy cuando llegó a la Moncloa era, sin duda, el desempleo. Las cifras del paro eran (y continúan siendo) escalofriantes. En octubre de 2011 la tasa de paro era del 21,52%, es decir, 4.978.300 personas se habían quedado sin trabajo en España. El mismo trimestre de 2015 la realidad ha cambiado, eso sí, sigue siendo bastante cruda. Según la Encuesta de Población Activa (EPA), la tasa de paro en este tercer trimestre se sitúa en el 21,18%, es decir, existen 4.850.800 parados en el país, el nivel más reducido desde el segundo trimestre de 2011. Tras esa tímida mejoría se halla una reforma laboral contestada por los sindicatos de trabajadores. Las medidas adoptadas en esta reforma apuntalaban la precarización mediante el abaratamiento del despido y la temporalidad de los puestos de trabajo. Así, en los últimos doce meses, el empleo indefinido se ha incrementado en 178.100 personas; sin embargo, el temporal suma 357.700 empleados.

Un país marcado por el elevado desempleo arrastra otra incontestable verdad. La tasa de personas en riesgo de pobreza o exclusión social ha aumentado hasta el 22,2%. Según la Encuesta de Condiciones de Vida (ECV), los ingresos medios en los hogares españoles en 2014 han bajado hasta los 26.154 euros, es decir, un 2,3% respecto a 2013. Esta variable, que sirve para medir las personas que se encuentran por debajo del umbral de pobreza, indica que los hogares unipersonales y aquellos integrados por una pareja y dos menores viven con menos de 7.961 y 16.719 euros respectivamente, continúa subiendo.

Las cuentas en los hogares españoles son cada vez más parecidas a un encaje de bolillos. La misma encuesta revela que el 42% de los ciudadanos no puede afrontar gastos imprevistos por valor de 650 euros, un 10% sufre retrasos en los pagos relacionados con la vivienda principal -alquiler, hipoteca, luz, agua- y un 16% tiene serias dificultades para llegar a fin de mes.

Presión desde Bruselas

Pero no es la sociedad castigada por la crisis económica el único frente abierto de Mariano Rajoy. La Unión Europea se mantiene firme en sus posiciones y reducir el déficit público continúa siendo un quebradero de cabeza para el gobierno. Las exigencias de Bruselas se saldaron con la puesta en marcha de duros ajustes presupuestarios que castigaban la maltrecha economía de los españoles a base de recortes sociales y subida de impuestos.

No hay que obviar que España tiene abierto un procedimiento de déficit excesivo desde el 27 de abril de 2009. Sólo el año pasado logró cumplir el objetivo pactado con la Comisión Europea -5,8% del Productor Interior Bruto-. No obstante, según los cálculos de Bruselas, este año España incumpliría de nuevo el objetivo de deuda y cerraría con un 4,5% frente al 4,2% fijado. El Gobierno en cambio considera que no es un cálculo acertado, pues no tiene en cuenta que el crecimiento económico del país será tres décimas superior al estimado. Pese a todo, la alerta desde Bruselas continúa. El objetivo para 2016 pasa por otro porcentaje: la deuda pública española no podrá superar el 2,8% de su PIB. La Comisión Europea insiste en su pesimismo y considera que será imposible para el país alcanzar esta cifra con los Presupuestos Generales (PGE) que ha presentado para el año 2016. La bajada de los impuestos y el mayor gasto social que prevé España son la base de sus sospechas.

Hace apenas un mes los Técnicos del Ministerio de Hacienda (Gestha) pedían al Gobierno que acometiese medidas “urgentes” para cumplir con el objetivo del déficit tras haber rebajado el coste de la reforma fiscal en el documento remitido a Bruselas. Proponían la vuelta a la tributación de las ganancias especulativas en la tarifa general del IRPF -las obtenidas en un plazo inferior a un año-; el incremento en cinco puntos de la tributación a las empresas que obtienen más de un millón de euros de beneficio y la aprobación del Impuesto a las Transacciones Financieras. Aseguran que sólo así se evitaría “acometer ajustes en los gastos sociales o aplazar inversiones”.

¿Acertará Moncloa en sus cálculos o pecará de pesimista la Unión Europea? Resuelta la disyuntiva, el país recuperará la ilusión o seguirá sufriendo los duros envites de una recuperación económica cocinada a fuego lento.

En colaboración con Belén García Hidalgo

El gas, la llave de la independencia energética en Egipto

Egipto pisa el acelerador del gas para frenar su dependencia

Su descubrimiento viene a borrar casi de un plumazo uno de los mayores dolores de cabeza del país cuya población no deja de crecer obligando al gobierno a hacer frente a una demanda interna que parece insaciable. La energía es uno de los puntos débiles de Egipto. Apagones constantes y una productividad lastrada por el encarecimiento de este recurso son las grandes batallas con las que han de lidiar los egipcios. Familias y empresas lo padecen. Ahora bien, esta realidad podría tener los días contados.

Hace apenas un mes, la compañía italiana Eni hallaba un yacimiento de gas natural que podría ser el más grande del Mar Mediterráneo y, probablemente, del mundo. Cubre más de 100 kilómetros cuadrados y representa un potencial de 30.000 millones de pies cúbicos de gas natural. Según la propia compañía, Zhor -como se conoce al pozo- equivaldría a unos 5.500 millones de barriles de petróleo. Ubicado en la costa norte de Egipto, podría satisfacer la demanda del país africano durante décadas.

Según el informe “BP 2014 Statistical Review of World Energy”, el consumo de energía primaria en Egipto fue de 1,7 millones de barriles de petróleo por día en 2013. El gas y el petróleo son los combustibles primarios más utilizados en el país. Representan el 94% del consumo total de energía. Mientras que el petróleo es el recurso más utilizado para el transporte, el gas es prioritario para el sector de la energía.

Consumo de energía primaria en Egipto

Consumo de energía primaria en Egipto

 

El presidente egipcio, Abdel Fattah al-Sisi, y el consejero delegado de Eni, Claudio Descalzi, se reunieron el pasado 19 de octubre. En el encuentro, la compañía italiana presentó el plan de desarrollo para este yacimiento. Ambas partes confirmaron su compromiso para acelerar su puesta en marcha. No hay que obviar que el gobierno ha exigido a las empresas extranjeras que operan en el sector que los nuevos descubrimientos gasísticos sean destinados al mercado interno.

Un pasado muy presente

La dependencia energética no es, por el momento, una cuestión del pasado más remoto de Egipto. Su crítica situación económica tras las revueltas y la agitación política castigaron a un sector que apenas ha sufrido modificaciones en las últimas décadas. El sistema energético egipcio aún está pendiente de un proceso de liberación. Es un holding de propiedad estatal -Egyptian Electricity Holding Company- el encargado de gestionar y mantener la red eléctrica nacional.

En el sector gasístico es EGAS – Egyptian Natural Gas Holding Company- el encargado de supervisar el desarrollo, producción y comercialización de gas natural. Suya es también la competencia de organizar las rondas internacionales de licitación de exploración y, por tanto, también se ocupa de la concesión de licencias.

Egipto ha pagado a los operadores extranjeros por el gas natural producido en su territorio 2,65 dólares por millón de unidades térmicas británicas (BTU). Un precio bajo cuya principal consecuencia ha sido la paralización de proyectos por su escasa viabilidad económica. Ante la necesidad de atraer inversión y teniendo en cuenta los últimos descubrimientos en el Mar Mediterráneo, EGAS ha pasado a firmar acuerdos en los que se comprometía a pagar a los operadores extranjeros un precio más alto por el gas natural -desde 3,95 a 5,88 dólares por millón de BTU-.

¿Qué pasa con Israel?

Si bien es cierto que los países del Golfo han contribuido a aliviar la escasez de recursos energéticos de Egipto, no menos evidente resultan las importacione egipcias de gas israelí. Dos serían los proyectos que podrían pasar a la sombra tras el hallazgo gasístico llamado a cambiar el escenario energético del país africano: Tamar y Leviatán.

Fue en 2009 cuando se descubrió el yacimiento de gas de Tamar, a 80 kilómetro de la costa de Haifa. Contenía 275.000 millones de metros cúbicos de gas natural. Tan solo un año más tarde aparecería en escena Leviatán, un yacimiento de gas al oeste de Tamar y más grande que éste. Ambos hallazgos permitían a Israel satisfacer la demanda interna y, al mismo tiempo, convertirse en una potencia exportadora.

Israel puso su mirada en Egipto. El país del Nilo sería uno de esos destinos.Sin embargo, la entrada en escena de Zhor pone en entredicho el volumen de exportaciones. Un Egipto capaz de autoabastecerse mermaría las importaciones de gas y, por tanto, dejaría de ser el cliente ideal de Israel. Ante esta nueva realidad, los mercados no tardaron en responder. Las principales empresas de energía sufrieron pérdidas de más de 4,5 millones de shekels -1,1 millones de dólares- después de la noticia del hallazgo de Zohr.

No obstante, desde El Cairo hacen una llamada a la calma. En una entrevista a Reuters, el Ministro de Petróleo, Sherif Ismail, asegura que “no se detendrá ninguna negociación entre empresas privadas en Egipto y en el Mediterráneo oriental, y con ello quiero decir Israel y Chipre”. Al mismo tiempo, insiste en que “la prioridad es para el mercado interno”. La compañía italiana, Eni, tendrá una participación del 35% de las reservas de Zohr; el resto será administrado por el Estado.

En colaboración con Belén García Hidalgo

Egipto estrena relaciones internacionales

Ellos son los nuevos aliados de Egipto

Todo parece indicar que para Egipto ha comenzado una nueva etapa liderada por Abdel Fatah al-Sisi. Su llegada a la presidencia hace un año ha puesto en marcha la maquinaria diplomática. Necesita tejer alianzas para sacar adelante al país más poblado de África. Ardua tarea la que pesa sobre sus espaldas. No obstante, el presidente egipcio cuenta con socios de gran envergadura: los países del Golfo Pérsico le han tendido la mano y, más tarde, Rusia se ha mostrado dispuesta a cooperar y mitigar así su aislamiento internacional.

Las ayudas desde el Golfo Pérsico

Las relaciones entre Egipto y los países del Golfo no son una novedad para Al-Sisi. De hecho, varios de esos países habían apoyado la “revolución del 30 de junio de 2013” para derrocar al entonces presidente islamista, Mohamed Mursi. Se trata pues de continuar respaldando a Egipto. Es el caso de los Emiratos, Arabia Saudí y Kuwait, los principales países en apoyar política y financieramente al nuevo presidente en su lucha contra los Hermanos Musulmanes. Estas tres potencias del Golfo habrían aportado a Egipto alrededor de 12.000 millones de dólares.

Según la agencia oficial de noticias KUNA, la ayuda kuwaití a la presidencia de Al-Sisi habría consistido en un depósito de 2.000 millones de dólares en el Banco Central Egipcio, un préstamo de 1.000 millones y otros 1.000 millones en concepto de préstamo para productos energéticos como petróleo. Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos habrían inyectado los 8.000 millones de dólares restantes. Arabia Saudí, por su parte, aportó 5.000 millones de dólares: una ayuda directa de mil millones de dólares, petróleo y gas por valor de 2.000 millones y crédito sin intereses de otros 2.000 millones. Los Emiratos Árabes Unidos habrían contribuído con una ayuda directa de mil millones de dólares y un crédito sin intereses de 2.000 millones de dólares.

Qatar retoma el contacto

La relación entre Egipto y el emirato catarí ha sido más complicada. Dos eran las grandes diferencias que impedían el idilio entre ambos países. El apoyo de Qatar al expresidente Morsi y los Hermanos Musulmanes -considerados una organización terrorista por Egipto- y, por otro lado, la detención de varios periodistas de Al Yazira, la televisión catarí, por su cobertura a favor de las revueltas en el país. Los lazos diplomáticos entre ambos estaban rotos desde la llegada de Al-Sisi al poder. Pero la reconciliación llegó, en parte, gracias a la mediación de Arabia Saudí que también había recuperado sus relaciones con el emirato en una Cumbre Extraordinaria del Consejo de Cooperación del Golfo.

No obstante, hay que recordar que el emirato apoyó económicamente a Mohamed Morsi. Por aquel entonces, depositó 2.000 millones de dólares en el Banco Central de Egipto para que el gobierno pudiese hacer frente a la crisis de pagos y el fuerte endeudamiento del Estado. El apoyo catarí al gobierno de Morsi fue también gasístico: el país más poblado de África sufría constantes cortes de suministro eléctrico. “Qatar aportará cinco cargamentos de gas natural licuado como un regalo para el pueblo egipcio durante los meses de verano”, aseguraba en junio de 2013 el ministro catarí de Energía e Industria, Mohammed al -Sada en un comunicado.

La promesa rusa

El Kremlin no ha dudo en llamar a la puerta del nuevo presidente egipcio. En su visita a El Cairo, Vladimir Putin ha reforzado las relaciones comerciales con el país africano. Además, se ha mostrado interesado en reforzar la cooperación militar entre ambos países. Juntos pretenden hacer frente al avance del terrorismo. Egipto intenta frenar la insurgencia yihadista en la península del Sinaí, con fuertes críticas en el panorama internacional.

Sin duda, el mejor “regalo” procedente de Moscú es un proyecto realmente importante para Egipto: la construcción de la primera central nuclear. Se levantará en Dabaa, una ciudad al norte de Egipto. Su construcción ayudará a resolver la grave crisis energética que asola un país que sufre constante cortes de suministro.

Tampoco hay que obviar el fuerte aislamiento que sufre Rusia en el ámbito comercial. Tras las diferencias con Occidente por su gestión de la crisis en Ucrania, Putin prohibió cualquier intercambio comercial con la Unión Europea y Estados Unidos. Como nuevo socio estratégico de Egipto, Rusia aumentará las compras de productos como patatas, cebollas, ajos y naranjas. El país africano, por su parte, recibirá toneladas de trigo ruso con las que satisfacer a una población que continúa creciendo. Pero hay más. Putin y Al-Sisi han dado luz verde a la creación de una zona de libre comercio en el Canal de Suez entre Egipto y la unión aduanera que conforman Rusia, Bielorrusia y Kazajistán.

En definitiva, Egipto ha comenzado a tejer sus alianzas para el inicio de una nueva etapa en su historia. Sus grandes aliados se sitúan, por ahora, lejos de Occidente.

En colaboración con Belén García Hidalgo

El presidente, Al-Sisi, en la inauguración de la ampliación del Canal de Suez

Al-Sisi, el Canal de Suez y otros retos para un nuevo Egipto

Fue en 2014. Ante la Asamblea General de la ONU, el recién elegido presidente egipcio, anunciaba un proyecto histórico para su país y para el Medio Oriente. “Será un regalo del pueblo egipcio al mundo”, señaló entonces Al-Sisi. No había tiempo que perder. Menos de un año tardaría el mundo en desatar el lazo de aquel prometido presente. Bajo el envoltorio de aquella ofrenda se hallaba una obra colosal: la ampliación del Canal de Suez, un símbolo para la nación que además representa una de las principales fuentes de divisas para Egipto. Fue así como, medio siglo después de su nacionalización por Gamal Abdel Nasser, el Canal de Suez recobraba protagonismo. El 6 de agosto Abdelfatah Al-Sisi, presidente de Egipto, presentaba al mundo la obra estrella de su primer año como presidente de Egipto. Era su puesta de largo.

No es, ni mucho menos, un asunto baladí. Hablar del Canal de Suez es hacer referencia a una de las rutas de navegación comercial más importantes del mundo. Por él pasa actualmente el 8% del comercio mundial basado en la navegación. Pero, ¿qué supone esta ampliación? Según la Autoridad del Canal de Suez, su ejecución costó unos 8.500 millones de dólares. Fue financiado a través de bonos del Estado con un 12% de interés anual durante cinco años. No obstante, a medio plazo y según el mismo organismo, la inversión habrá merecido la pena. Se prevén unas ganancias de 13.200 millones de dólares para 2023; es decir, más de la mitad de lo que reportaba antes del gran proyecto (5.300 millones de dólares en 2014). El “gran sueño egipcio”, como lo bautizó la prensa local, reducirá el tiempo de tránsito de barcos de 18 a 11 horas. Estos nuevos 35 kilómetros que discurren en paralelo al Canal de Suez permitirán duplicar la capacidad de la vía marítima: se esperan 97 buques diarios para 2023 frente a los 49 actuales.

La otra cara de la moneda

Pero el país más poblado del continente africano enfrenta retos de igual o mayor envergadura que este fastuoso proyecto. El presidente tomó las riendas de un país con una economía lastrada que arrastra cuatro años de inestabilidad política. La inauguración es el primer síntoma de una larga recuperación que, según los indicadores macroeconómicos ya habría comenzado a dar sus primeros frutos. El crecimiento del producto interior bruto (PIB) de Egipto en 2014 fue de un 2,2%, una décima más que en el mismo periodo de 2013. El valor absoluto del PIB creció 11.140 millones de euros. Eso sí, el crecimiento de la deuda pública del país ha sido más pronunciado. En 2014 la deuda pública egipcia fue de 194.973 millones de euros, creció 13.022 millones desde 2013. Supone el 90,47% del PIB del país.

A pesar de estas cifras, las agencias de calificación de riesgo son optimistas con la marcha de la economía egipcia. Según Moody’s, el crecimiento del PIB real en Egipto aumentará hasta el 5-6% en los próximos años. Además, confían en la estabilidad de las reservas internacionales. No hay que olvidar que los gobiernos de Kuwait, Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos han mantenido su compromiso de apoyar al país a través de grandes depósitos en el Banco Central egipcio. En marzo de 2015 los países del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG) se comprometieron con un total de 12.500 millones de dólares en ayuda oficial e inversiones. Un respaldo económico que mitiga la vulnerabilidad del país.

No obstante, la misma agencia lanza un aviso al gobierno de Al-Sisi: han de continuar las reformas fiscales y económicas. La partida de los gastos debe disminuir, por ejemplo, mediante el reajuste de los subsidios y del crecimiento salarial en el sector público. Para incrementar los ingresos, la agencia de calificación de riesgo propone aprobar para el próximo año fiscal el impuesto sobre el valor añadido (IVA). El objetivo último de estas medidas pasa por reducir el déficit público. Prevé que para el año fiscal 2015 éste disminuya hasta el 10% del PIB y que ronde el 9,3% en 2016. Alerta también de los riesgos en materia de seguridad que ha de prevenir el gobierno. Destaca los conflictos en el Sinaí, la violencia sectaria y la presión social derivada de la elevada tasa de desempleo que sufre el país (12,7%).

En definitiva, el gobierno de Al-Sisi no puede dormirse a la sombra de obras colosales. Las necesarias reformas estructurales han de ser una prioridad. El Parlamento elegido en las elecciones legislativas del próximo 18 y 19 de octubre, tres años después de su disolución, tendrá en sus manos la posibilidad de apuntalar la estabilidad política que, a su vez, garantice la estabilidad económica del país.

En colaboración con Belén García Hidalgo

¿Está cerca el fin del bloqueo estadounidense a Cuba?

Cómo Estados Unidos desbloquea la economía de Cuba

Es un conflicto tan antiguo que obliga a emplear conceptos reservados a la Historia. Abordarlo supone regresar  a la ya superada política de bloques; por un lado, aquellos que defendían el liberalismo con Estados Unidos al frente y, por el otro, la ya caduca Unión Soviética (URSS) que sostenía que el comunismo era la única vía posible. En este contexto surgía el enfrentamiento entre Estados Unidos y Cuba.  El embargo estadounidense a la isla caribeña se remonta a la revolución emprendida por el expresidente Raúl Castro. Los guiños a  la URSS molestaban a Estados Unidos, inmerso ya en la Guerra Fría. El régimen castrista y su reforma agraria a base de expropiaciones fueron el detonante. El 19 de octubre de 1960 el gobierno estadounidense prohíbe toda exportación a Cuba. El embargo echaba raíces.

Más de medio siglo ha pasado desde que comenzase el denominado bloqueo cubano.  Poco ha cambiado desde entonces. Actualmente, Cuba continúa sin poder exportar e importar libremente productos y servicios hacia o desde los Estados Unidos, no puede utilizar el dólar estadounidense en sus transacciones financieras internacionales o tener cuentas en esa moneda en bancos de terceros países. Tampoco se le permite tener acceso a créditos de bancos en Estados Unidos, de sus filiales en terceros países y de las instituciones financieras internacionales como el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional (FMI) o el Banco Interamericano de Desarrollo (BID). Según un informe del Ministerio de Relaciones Exteriores del gobierno cubano, a precios corrientes, durante todos estos años, el bloqueo ha provocado daños económicos que superarían los 116.880 millones de dólares.

La Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) se ha pronunciado en 22 ocasiones para condenar, por abrumadora mayoría, el embargo estadounidense a la isla. No obstante, el cambio de rumbo no habría de producirse hasta el 17 de diciembre de 2014. Un cuarto de siglo después de la caída del muro de Berlín, el presidente estadounidense, Barack Obama, anunciaba el inicio de las conversaciones con la isla para restablecer las relaciones diplomáticas. Se avanzaba hacia el fin de las sanciones. Pero levantar por completo el embargo no depende únicamente del presidente. Barack Obama necesita la aprobación del Congreso.

El daño a Cuba

Resulta complejo cuantificar el perjuicio real del embargo estadounidense a la isla caribeña. Obviamente, el comercio exterior fue la gran víctima. Según las estimaciones del Ministerio de Asuntos Exteriores, entre abril de 2013 y junio de 2014, Cuba perdió 3.900 millones de dólares en exportaciones de bienes y servicios. Así, por ejemplo, si los productos tradicionales como el tabaco y el ron llegasen al mercado estadounidense, Cuba dispondría de 205,8 millones de dólares. Otro de los sectores fuertemente castigado por el embargo fue el turismo y todas las actividades económicas vinculadas a él. En el mismo período, las pérdidas en este sector habrían ascendido hasta los 2.052,5 millones de dólares.

El sector financiero ha sido otra de las herramientas utilizadas para el bloqueo económico de la isla. El cierre de cuentas de bancos cubanos por parte de instituciones financieras y bancarias extranjeras como consecuencia de las presiones estadounidenses han sido constantes. Ello implica la necesidad de un intermediario para las transacciones. Se disparan las costes. A esta realidad habría que añadir una más. No hay que olvidar que Cuba no puede utilizar el dólar como moneda de pago, por lo tanto, las transacciones quedan afectadas por las tasas de cambio. Se endurece el sistema de pagos y cobros. Se resienten las inversiones. No fluye el dinero.

El «deshielo» derrite la revolución

El mayor problema que afronta Cuba es su ineficiente sistema económico. Necesita equilibrar su balanza comercial. El déficit del comercio de mercancías fue de 8.570 millones de euros en 2013, el segundo mayor de la historia socialista. Es más, las exportaciones cayeron por dos años consecutivos y su valor en 2013 era un 12% menor a su nivel en 1985, sin tener en cuenta la inflación. Resulta imposible obviar que la economía cubana ha sufrido las consecuencias de la crisis económica y política que atraviesa su mayor aliado: Venezuela. Según las estimaciones de Carmelo Mesa-Lago, Catedrático Emérito de Economía en la Universidad de Pittsburgh, en 2010 Venezuela aportaba a la isla 11.800 millones de euros -comercio de mercancías, compra de servicios profesionales cubanos, petróleo e inversión directa-, el 21% del PIB cubano. En enero de 2014 Venezuela firmó 56 proyectos de cooperación con Cuba por valor de 1.144 millones de euros, incluyendo aumentar el número de profesionales cubanos de 40.000 a 60.000 y crear tres empresas mixtas petroleras para refinar crudo venezolano. Pero apenas un mes después, en febrero, Venezuela redujo el suministro de petróleo de 105.000 a 80.000 barriles, cortó a los profesionales cubanos en 12.000 y mermó la ayuda anual venezolana en un 30%. Aquel discurso de “dos banderas y una sola revolución” parece tener los días contados.

En este escenario irrumpe Estados Unidos con medidas que, aunque hayan sido tibias, se orientan al desbloqueo de la economía cubana. Como si de un analgésico se tratase, el presidente estadounidense ha iniciado reformas que mitigan el embargo y ayudan a Cuba a reducir su fuerte dependencia de Venezuela. Entre ellas, cabría destacar la eliminación del límite a la cantidad de dinero que se puede enviar a ese país desde Estados Unidos. Además, se han flexibilizado los requisitos que los barcos deben cumplir cuando viajan entre ambos países. También se ha autorizado a las empresas norteamericanas a abrir determinadas instalaciones en la isla y a participar en empresas mixtas con el Estado cubano. Con estas medidas, las normas del libre mercado parecen llamadas a conquistar la vieja política de la isla, poniendo en riesgo las máximas socialistas que abrazó la revolución.

Nueva era cubana

Según las estimaciones de Euler Hermes, la compañía líder del seguro de crédito a la exportación,  el crecimiento del PIB cubano pasaría de una media del 2% en los últimos cinco años, a un incremento del 5% entre 2016 y 2020. Un crecimiento económico que sería posible gracias a la inversión extranjera que, según sus previsiones, aumentaría entre un 15 y un 20% en el próximo quinquenio.

El levantamiento del embargo a Cuba tendrá consecuencias más allá de las fronteras de la isla. Se dibujará una nueva geopolítica en la que Estados Unidos tendrá un papel protagonista. Según un informe de la misma institución, las exportaciones estadounidenses a la isla rondarán los 1.000 millones de dólares al año. Para 2020, el 25% de todas las importaciones cubanas partirán de Estados Unidos. China sería el otro gran beneficiario del fin del embargo: el aumento de sus ventas se estima en 360 millones de dólares al año. Le seguiría España con 200 millones de dólares y Brasil y Francia con 120 y 100 millones de dólares anuales.

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El gobierno cubano ya ha comenzado a engrasar la maquinaría para reactivar la inversión extranjera. Dos son, hasta el momento, sus grandes bazas. Por un lado se encuentra una cartera de oportunidades con 246 proyectos con la que pretende atraer nada menos que 15.000 millones de dólares a la isla. Pero el proyecto más ambicioso del gobierno de Raúl Castro responde a la denominada “Zona Especial de Desarrollo Mariel”. La bahía de Mariel se convertirá en un centro de comercio de mercancías, con una zona de libre comercio y un puerto de contenedores capaz de alojar a los mayores cargueros del mundo. Se localiza en el centro de la región del Caribe y las Américas, entre el cruce de los ejes norte-sur/este-oeste del tráfico comercial marítimo de mercancías. Es el centro de una circunferencia de 1000 millas de radio, donde se localizan los principales puertos de la región. El régimen pretende atraer capital para construir fábricas industriales y aumentar los servicios de exportación e importación, pero tendrá que hacer frente a un deficitario sistema de cambio.

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Entender la salida de Cataluña del Euro, en 5 minutos

Quizás se confirme aquello de que las segundas partes nunca fueron buenas. La resaca de aquella cita en las urnas para decidir sobre el deseo de los catalanes de ser dueños de su propio destino continúa siendo un dolor de cabeza para muchos. Aquel 9-N fue un preludio de las intenciones del presidente autonómico, Artur Mas. Éste, sin prestar atención a lo que el Tribunal Constitucional concluyese, optó por seguir su camino por la senda secesionista. Hasta el final. El final podría haber sido el pasado 27-S. Fue él quien propuso que las elecciones al Parlamento catalán fuesen más allá y las bautizó de “plebiscitarias”. Celebrados los comicios, Artur Mas se niega a asumir el desenlace que las urnas le atribuyen y que ninguna fuerza política parece dispuesta a edulcorar. Por el momento no hay alianza posible para avanzar en sus propósitos. Sin el respaldo de una mayoría absoluta y con el menos del 50% del electorado a favor de su proyecto soberanista, sus planes navegan a la deriva.

Más allá del ámbito político, la hipotética independencia de Cataluña preocupa por sus consecuencias económicas. Si “Junts pel Sí”, el partido más votado en las pasadas elecciones lograse el apoyo necesario para seguir adelante con la “transición nacional de Cataluña”, comenzaría a gestarse el futuro Estado catalán. Concluído este proceso, se desvelaría la estructura de la nueva nación y su relación con España y/o con la Unión Europea.

La otra cara de la moneda

Quienes no comulgan con los deseos de independencia de Cataluña -en especial, el Gobierno español liderado por Mariano Rajoy (Partido Popular)- han basado su argumentario en las nefastas consecuencias económicas que tendría romper con España. La “estrategia del miedo” se construyó sobre la salida de Cataluña de la Unión Europea, uno de los efectos más inmediatos. Siguiendo esta línea argumental, si Cataluña no pertenece a España, entonces deja de ser socio del club europeo. Comenzaría aquí su odisea. El nuevo país tendría que determinar qué hacer con la moneda.

Existe la posibilidad de que este recién nacido Estado continúe usando el euro de forma unilateral. En ese caso, el euro pasaría a ser una moneda extranjera para el nuevo país y, por tanto, perdería cualquier influencia sobre su tipo de cambio y sobre los tipos de interés.

Desprenderse de la estructura bancaria de la Unión Europea significa despedirse del Banco Central Europeo (BCE). Dicho de otro modo, perdería el acceso a la liquidez que garantiza el sistema bancario de la zona euro. No hay que obviar que gracias a esa liquidez han sobrevivido no pocas entidades europeas durante la crisis. Tendría que decir adiós también al Banco Europeo de Inversiones (BEI) -el órgano financiero comunitario-, al Mecanismo Europeo de Estabilidad -el fondo de rescate para la zona euro- y al Mecanismo Único de Supervisión financiera -el FROB europeo-.

Ahora bien, no sólo se trata de dejar atrás una política económica o un sistema financiero común. Cataluña renuncia también a una serie de ayudas económicas a las que tiene acceso como miembro de la Unión Europea. Así, por ejemplo, con su adiós estaría renunciando a los 808.433.500€ del Fondo Europeo de Desarrollo Regional (FEDER) para el desarrollo económico de la región, a los 304.742.845€ del Fondo Social Europeo (FSE) para el fomento del empleo y a los 348.500.000€ procedentes del Fondo Europeo Agrícola de Desarrollo Rural (FEADER) que ayuda a sus agricultores.

Cuentas pendientes con España

Aunque la cuestión económica haya sido una de las principales bazas para quienes se aferran a una Cataluña dentro de las fronteras españolas, lo cierto es que Cataluña tendrá que resolver otros pendientes con España.

Tras declarar su independencia Cataluña tendría que negociar con España cómo gestionar, entre otros asuntos, la red ferroviaria y de carreteras. La titularidad de esta infraestructura es española y su mantenimiento es competencia del Ministerio de Fomento. Lo mismo sucede con sus puertos y aeropuertos. El tira y afloja entre ambos Estados está asegurado pues implica una cesión de competencias que sólo sería posible si España reconociese al nuevo Estado. Sin embargo, pesa mayor incertidumbre sobre aquellas obras que aún no han concluído o aquellas que están presupuestadas pero no han sido ejecutadas. Así, por ejemplo, el Ministerio de Fomento prevé destinar en 2016 un total de 1.343 millones de euros al Corredor del Mediterráneo. Además, 169,3 millones de euros irán a parar a las autoridades portuarias de Barcelona y Tarragona.

Otra cuestión que ha levantado ampollas es la relativa a la deuda pública de la comunidad autónoma con el Estado. Según el Ministerio de Hacienda, entre 2012 y 2015, España ha facilitado liquidez a Cataluña por importe de casi 50.000 millones de euros. En la actualidad, la deuda contraída con el Estado es de 37.487 millones de euros -un 18,4% de su PIB regional-. Una realidad a la que habría que sumar otro dato relevante: Cataluña tiene una calificación crediticia de “bono basura”. La agencia de calificación de riesgos Fitch rebajó la nota de la deuda catalana a un rating de BBB: es el último escalón en el que se considera que una deuda es apta para la inversión. Se trata pues de una carta de presentación poco apetecible para cualquier inversor.

En pocas palabras, una Cataluña independiente tendría que hacer frente a varias desafios. Su ruptura con España implica su salida de la Unión Europea y, con ello, la renuncia a todas las ventajas que supone ser socio del club europeo. No sólo es una cuestión monetaria con el euro como protagonista sino todo un sistema bancario. A ello se suma la cesión de competencias en ámbitos tan importantes como las infraestructuras, la educación o la sanidad o la renuncia a los fondos que financian importantes proyectos gracias a su condición de región española. Supone, en definitiva, renunciar a una suerte de amparo parental para emprender un camino en solitario, como si de un hijo rebelde se tratase.