Egipto estrena relaciones internacionales

Ellos son los nuevos aliados de Egipto

Todo parece indicar que para Egipto ha comenzado una nueva etapa liderada por Abdel Fatah al-Sisi. Su llegada a la presidencia hace un año ha puesto en marcha la maquinaria diplomática. Necesita tejer alianzas para sacar adelante al país más poblado de África. Ardua tarea la que pesa sobre sus espaldas. No obstante, el presidente egipcio cuenta con socios de gran envergadura: los países del Golfo Pérsico le han tendido la mano y, más tarde, Rusia se ha mostrado dispuesta a cooperar y mitigar así su aislamiento internacional.

Las ayudas desde el Golfo Pérsico

Las relaciones entre Egipto y los países del Golfo no son una novedad para Al-Sisi. De hecho, varios de esos países habían apoyado la “revolución del 30 de junio de 2013” para derrocar al entonces presidente islamista, Mohamed Mursi. Se trata pues de continuar respaldando a Egipto. Es el caso de los Emiratos, Arabia Saudí y Kuwait, los principales países en apoyar política y financieramente al nuevo presidente en su lucha contra los Hermanos Musulmanes. Estas tres potencias del Golfo habrían aportado a Egipto alrededor de 12.000 millones de dólares.

Según la agencia oficial de noticias KUNA, la ayuda kuwaití a la presidencia de Al-Sisi habría consistido en un depósito de 2.000 millones de dólares en el Banco Central Egipcio, un préstamo de 1.000 millones y otros 1.000 millones en concepto de préstamo para productos energéticos como petróleo. Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos habrían inyectado los 8.000 millones de dólares restantes. Arabia Saudí, por su parte, aportó 5.000 millones de dólares: una ayuda directa de mil millones de dólares, petróleo y gas por valor de 2.000 millones y crédito sin intereses de otros 2.000 millones. Los Emiratos Árabes Unidos habrían contribuído con una ayuda directa de mil millones de dólares y un crédito sin intereses de 2.000 millones de dólares.

Qatar retoma el contacto

La relación entre Egipto y el emirato catarí ha sido más complicada. Dos eran las grandes diferencias que impedían el idilio entre ambos países. El apoyo de Qatar al expresidente Morsi y los Hermanos Musulmanes -considerados una organización terrorista por Egipto- y, por otro lado, la detención de varios periodistas de Al Yazira, la televisión catarí, por su cobertura a favor de las revueltas en el país. Los lazos diplomáticos entre ambos estaban rotos desde la llegada de Al-Sisi al poder. Pero la reconciliación llegó, en parte, gracias a la mediación de Arabia Saudí que también había recuperado sus relaciones con el emirato en una Cumbre Extraordinaria del Consejo de Cooperación del Golfo.

No obstante, hay que recordar que el emirato apoyó económicamente a Mohamed Morsi. Por aquel entonces, depositó 2.000 millones de dólares en el Banco Central de Egipto para que el gobierno pudiese hacer frente a la crisis de pagos y el fuerte endeudamiento del Estado. El apoyo catarí al gobierno de Morsi fue también gasístico: el país más poblado de África sufría constantes cortes de suministro eléctrico. “Qatar aportará cinco cargamentos de gas natural licuado como un regalo para el pueblo egipcio durante los meses de verano”, aseguraba en junio de 2013 el ministro catarí de Energía e Industria, Mohammed al -Sada en un comunicado.

La promesa rusa

El Kremlin no ha dudo en llamar a la puerta del nuevo presidente egipcio. En su visita a El Cairo, Vladimir Putin ha reforzado las relaciones comerciales con el país africano. Además, se ha mostrado interesado en reforzar la cooperación militar entre ambos países. Juntos pretenden hacer frente al avance del terrorismo. Egipto intenta frenar la insurgencia yihadista en la península del Sinaí, con fuertes críticas en el panorama internacional.

Sin duda, el mejor “regalo” procedente de Moscú es un proyecto realmente importante para Egipto: la construcción de la primera central nuclear. Se levantará en Dabaa, una ciudad al norte de Egipto. Su construcción ayudará a resolver la grave crisis energética que asola un país que sufre constante cortes de suministro.

Tampoco hay que obviar el fuerte aislamiento que sufre Rusia en el ámbito comercial. Tras las diferencias con Occidente por su gestión de la crisis en Ucrania, Putin prohibió cualquier intercambio comercial con la Unión Europea y Estados Unidos. Como nuevo socio estratégico de Egipto, Rusia aumentará las compras de productos como patatas, cebollas, ajos y naranjas. El país africano, por su parte, recibirá toneladas de trigo ruso con las que satisfacer a una población que continúa creciendo. Pero hay más. Putin y Al-Sisi han dado luz verde a la creación de una zona de libre comercio en el Canal de Suez entre Egipto y la unión aduanera que conforman Rusia, Bielorrusia y Kazajistán.

En definitiva, Egipto ha comenzado a tejer sus alianzas para el inicio de una nueva etapa en su historia. Sus grandes aliados se sitúan, por ahora, lejos de Occidente.

En colaboración con Belén García Hidalgo

El presidente, Al-Sisi, en la inauguración de la ampliación del Canal de Suez

Al-Sisi, el Canal de Suez y otros retos para un nuevo Egipto

Fue en 2014. Ante la Asamblea General de la ONU, el recién elegido presidente egipcio, anunciaba un proyecto histórico para su país y para el Medio Oriente. “Será un regalo del pueblo egipcio al mundo”, señaló entonces Al-Sisi. No había tiempo que perder. Menos de un año tardaría el mundo en desatar el lazo de aquel prometido presente. Bajo el envoltorio de aquella ofrenda se hallaba una obra colosal: la ampliación del Canal de Suez, un símbolo para la nación que además representa una de las principales fuentes de divisas para Egipto. Fue así como, medio siglo después de su nacionalización por Gamal Abdel Nasser, el Canal de Suez recobraba protagonismo. El 6 de agosto Abdelfatah Al-Sisi, presidente de Egipto, presentaba al mundo la obra estrella de su primer año como presidente de Egipto. Era su puesta de largo.

No es, ni mucho menos, un asunto baladí. Hablar del Canal de Suez es hacer referencia a una de las rutas de navegación comercial más importantes del mundo. Por él pasa actualmente el 8% del comercio mundial basado en la navegación. Pero, ¿qué supone esta ampliación? Según la Autoridad del Canal de Suez, su ejecución costó unos 8.500 millones de dólares. Fue financiado a través de bonos del Estado con un 12% de interés anual durante cinco años. No obstante, a medio plazo y según el mismo organismo, la inversión habrá merecido la pena. Se prevén unas ganancias de 13.200 millones de dólares para 2023; es decir, más de la mitad de lo que reportaba antes del gran proyecto (5.300 millones de dólares en 2014). El “gran sueño egipcio”, como lo bautizó la prensa local, reducirá el tiempo de tránsito de barcos de 18 a 11 horas. Estos nuevos 35 kilómetros que discurren en paralelo al Canal de Suez permitirán duplicar la capacidad de la vía marítima: se esperan 97 buques diarios para 2023 frente a los 49 actuales.

La otra cara de la moneda

Pero el país más poblado del continente africano enfrenta retos de igual o mayor envergadura que este fastuoso proyecto. El presidente tomó las riendas de un país con una economía lastrada que arrastra cuatro años de inestabilidad política. La inauguración es el primer síntoma de una larga recuperación que, según los indicadores macroeconómicos ya habría comenzado a dar sus primeros frutos. El crecimiento del producto interior bruto (PIB) de Egipto en 2014 fue de un 2,2%, una décima más que en el mismo periodo de 2013. El valor absoluto del PIB creció 11.140 millones de euros. Eso sí, el crecimiento de la deuda pública del país ha sido más pronunciado. En 2014 la deuda pública egipcia fue de 194.973 millones de euros, creció 13.022 millones desde 2013. Supone el 90,47% del PIB del país.

A pesar de estas cifras, las agencias de calificación de riesgo son optimistas con la marcha de la economía egipcia. Según Moody’s, el crecimiento del PIB real en Egipto aumentará hasta el 5-6% en los próximos años. Además, confían en la estabilidad de las reservas internacionales. No hay que olvidar que los gobiernos de Kuwait, Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos han mantenido su compromiso de apoyar al país a través de grandes depósitos en el Banco Central egipcio. En marzo de 2015 los países del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG) se comprometieron con un total de 12.500 millones de dólares en ayuda oficial e inversiones. Un respaldo económico que mitiga la vulnerabilidad del país.

No obstante, la misma agencia lanza un aviso al gobierno de Al-Sisi: han de continuar las reformas fiscales y económicas. La partida de los gastos debe disminuir, por ejemplo, mediante el reajuste de los subsidios y del crecimiento salarial en el sector público. Para incrementar los ingresos, la agencia de calificación de riesgo propone aprobar para el próximo año fiscal el impuesto sobre el valor añadido (IVA). El objetivo último de estas medidas pasa por reducir el déficit público. Prevé que para el año fiscal 2015 éste disminuya hasta el 10% del PIB y que ronde el 9,3% en 2016. Alerta también de los riesgos en materia de seguridad que ha de prevenir el gobierno. Destaca los conflictos en el Sinaí, la violencia sectaria y la presión social derivada de la elevada tasa de desempleo que sufre el país (12,7%).

En definitiva, el gobierno de Al-Sisi no puede dormirse a la sombra de obras colosales. Las necesarias reformas estructurales han de ser una prioridad. El Parlamento elegido en las elecciones legislativas del próximo 18 y 19 de octubre, tres años después de su disolución, tendrá en sus manos la posibilidad de apuntalar la estabilidad política que, a su vez, garantice la estabilidad económica del país.

En colaboración con Belén García Hidalgo

¿Está cerca el fin del bloqueo estadounidense a Cuba?

Cómo Estados Unidos desbloquea la economía de Cuba

Es un conflicto tan antiguo que obliga a emplear conceptos reservados a la Historia. Abordarlo supone regresar  a la ya superada política de bloques; por un lado, aquellos que defendían el liberalismo con Estados Unidos al frente y, por el otro, la ya caduca Unión Soviética (URSS) que sostenía que el comunismo era la única vía posible. En este contexto surgía el enfrentamiento entre Estados Unidos y Cuba.  El embargo estadounidense a la isla caribeña se remonta a la revolución emprendida por el expresidente Raúl Castro. Los guiños a  la URSS molestaban a Estados Unidos, inmerso ya en la Guerra Fría. El régimen castrista y su reforma agraria a base de expropiaciones fueron el detonante. El 19 de octubre de 1960 el gobierno estadounidense prohíbe toda exportación a Cuba. El embargo echaba raíces.

Más de medio siglo ha pasado desde que comenzase el denominado bloqueo cubano.  Poco ha cambiado desde entonces. Actualmente, Cuba continúa sin poder exportar e importar libremente productos y servicios hacia o desde los Estados Unidos, no puede utilizar el dólar estadounidense en sus transacciones financieras internacionales o tener cuentas en esa moneda en bancos de terceros países. Tampoco se le permite tener acceso a créditos de bancos en Estados Unidos, de sus filiales en terceros países y de las instituciones financieras internacionales como el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional (FMI) o el Banco Interamericano de Desarrollo (BID). Según un informe del Ministerio de Relaciones Exteriores del gobierno cubano, a precios corrientes, durante todos estos años, el bloqueo ha provocado daños económicos que superarían los 116.880 millones de dólares.

La Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) se ha pronunciado en 22 ocasiones para condenar, por abrumadora mayoría, el embargo estadounidense a la isla. No obstante, el cambio de rumbo no habría de producirse hasta el 17 de diciembre de 2014. Un cuarto de siglo después de la caída del muro de Berlín, el presidente estadounidense, Barack Obama, anunciaba el inicio de las conversaciones con la isla para restablecer las relaciones diplomáticas. Se avanzaba hacia el fin de las sanciones. Pero levantar por completo el embargo no depende únicamente del presidente. Barack Obama necesita la aprobación del Congreso.

El daño a Cuba

Resulta complejo cuantificar el perjuicio real del embargo estadounidense a la isla caribeña. Obviamente, el comercio exterior fue la gran víctima. Según las estimaciones del Ministerio de Asuntos Exteriores, entre abril de 2013 y junio de 2014, Cuba perdió 3.900 millones de dólares en exportaciones de bienes y servicios. Así, por ejemplo, si los productos tradicionales como el tabaco y el ron llegasen al mercado estadounidense, Cuba dispondría de 205,8 millones de dólares. Otro de los sectores fuertemente castigado por el embargo fue el turismo y todas las actividades económicas vinculadas a él. En el mismo período, las pérdidas en este sector habrían ascendido hasta los 2.052,5 millones de dólares.

El sector financiero ha sido otra de las herramientas utilizadas para el bloqueo económico de la isla. El cierre de cuentas de bancos cubanos por parte de instituciones financieras y bancarias extranjeras como consecuencia de las presiones estadounidenses han sido constantes. Ello implica la necesidad de un intermediario para las transacciones. Se disparan las costes. A esta realidad habría que añadir una más. No hay que olvidar que Cuba no puede utilizar el dólar como moneda de pago, por lo tanto, las transacciones quedan afectadas por las tasas de cambio. Se endurece el sistema de pagos y cobros. Se resienten las inversiones. No fluye el dinero.

El «deshielo» derrite la revolución

El mayor problema que afronta Cuba es su ineficiente sistema económico. Necesita equilibrar su balanza comercial. El déficit del comercio de mercancías fue de 8.570 millones de euros en 2013, el segundo mayor de la historia socialista. Es más, las exportaciones cayeron por dos años consecutivos y su valor en 2013 era un 12% menor a su nivel en 1985, sin tener en cuenta la inflación. Resulta imposible obviar que la economía cubana ha sufrido las consecuencias de la crisis económica y política que atraviesa su mayor aliado: Venezuela. Según las estimaciones de Carmelo Mesa-Lago, Catedrático Emérito de Economía en la Universidad de Pittsburgh, en 2010 Venezuela aportaba a la isla 11.800 millones de euros -comercio de mercancías, compra de servicios profesionales cubanos, petróleo e inversión directa-, el 21% del PIB cubano. En enero de 2014 Venezuela firmó 56 proyectos de cooperación con Cuba por valor de 1.144 millones de euros, incluyendo aumentar el número de profesionales cubanos de 40.000 a 60.000 y crear tres empresas mixtas petroleras para refinar crudo venezolano. Pero apenas un mes después, en febrero, Venezuela redujo el suministro de petróleo de 105.000 a 80.000 barriles, cortó a los profesionales cubanos en 12.000 y mermó la ayuda anual venezolana en un 30%. Aquel discurso de “dos banderas y una sola revolución” parece tener los días contados.

En este escenario irrumpe Estados Unidos con medidas que, aunque hayan sido tibias, se orientan al desbloqueo de la economía cubana. Como si de un analgésico se tratase, el presidente estadounidense ha iniciado reformas que mitigan el embargo y ayudan a Cuba a reducir su fuerte dependencia de Venezuela. Entre ellas, cabría destacar la eliminación del límite a la cantidad de dinero que se puede enviar a ese país desde Estados Unidos. Además, se han flexibilizado los requisitos que los barcos deben cumplir cuando viajan entre ambos países. También se ha autorizado a las empresas norteamericanas a abrir determinadas instalaciones en la isla y a participar en empresas mixtas con el Estado cubano. Con estas medidas, las normas del libre mercado parecen llamadas a conquistar la vieja política de la isla, poniendo en riesgo las máximas socialistas que abrazó la revolución.

Nueva era cubana

Según las estimaciones de Euler Hermes, la compañía líder del seguro de crédito a la exportación,  el crecimiento del PIB cubano pasaría de una media del 2% en los últimos cinco años, a un incremento del 5% entre 2016 y 2020. Un crecimiento económico que sería posible gracias a la inversión extranjera que, según sus previsiones, aumentaría entre un 15 y un 20% en el próximo quinquenio.

El levantamiento del embargo a Cuba tendrá consecuencias más allá de las fronteras de la isla. Se dibujará una nueva geopolítica en la que Estados Unidos tendrá un papel protagonista. Según un informe de la misma institución, las exportaciones estadounidenses a la isla rondarán los 1.000 millones de dólares al año. Para 2020, el 25% de todas las importaciones cubanas partirán de Estados Unidos. China sería el otro gran beneficiario del fin del embargo: el aumento de sus ventas se estima en 360 millones de dólares al año. Le seguiría España con 200 millones de dólares y Brasil y Francia con 120 y 100 millones de dólares anuales.

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El gobierno cubano ya ha comenzado a engrasar la maquinaría para reactivar la inversión extranjera. Dos son, hasta el momento, sus grandes bazas. Por un lado se encuentra una cartera de oportunidades con 246 proyectos con la que pretende atraer nada menos que 15.000 millones de dólares a la isla. Pero el proyecto más ambicioso del gobierno de Raúl Castro responde a la denominada “Zona Especial de Desarrollo Mariel”. La bahía de Mariel se convertirá en un centro de comercio de mercancías, con una zona de libre comercio y un puerto de contenedores capaz de alojar a los mayores cargueros del mundo. Se localiza en el centro de la región del Caribe y las Américas, entre el cruce de los ejes norte-sur/este-oeste del tráfico comercial marítimo de mercancías. Es el centro de una circunferencia de 1000 millas de radio, donde se localizan los principales puertos de la región. El régimen pretende atraer capital para construir fábricas industriales y aumentar los servicios de exportación e importación, pero tendrá que hacer frente a un deficitario sistema de cambio.

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Entender la salida de Cataluña del Euro, en 5 minutos

Quizás se confirme aquello de que las segundas partes nunca fueron buenas. La resaca de aquella cita en las urnas para decidir sobre el deseo de los catalanes de ser dueños de su propio destino continúa siendo un dolor de cabeza para muchos. Aquel 9-N fue un preludio de las intenciones del presidente autonómico, Artur Mas. Éste, sin prestar atención a lo que el Tribunal Constitucional concluyese, optó por seguir su camino por la senda secesionista. Hasta el final. El final podría haber sido el pasado 27-S. Fue él quien propuso que las elecciones al Parlamento catalán fuesen más allá y las bautizó de “plebiscitarias”. Celebrados los comicios, Artur Mas se niega a asumir el desenlace que las urnas le atribuyen y que ninguna fuerza política parece dispuesta a edulcorar. Por el momento no hay alianza posible para avanzar en sus propósitos. Sin el respaldo de una mayoría absoluta y con el menos del 50% del electorado a favor de su proyecto soberanista, sus planes navegan a la deriva.

Más allá del ámbito político, la hipotética independencia de Cataluña preocupa por sus consecuencias económicas. Si “Junts pel Sí”, el partido más votado en las pasadas elecciones lograse el apoyo necesario para seguir adelante con la “transición nacional de Cataluña”, comenzaría a gestarse el futuro Estado catalán. Concluído este proceso, se desvelaría la estructura de la nueva nación y su relación con España y/o con la Unión Europea.

La otra cara de la moneda

Quienes no comulgan con los deseos de independencia de Cataluña -en especial, el Gobierno español liderado por Mariano Rajoy (Partido Popular)- han basado su argumentario en las nefastas consecuencias económicas que tendría romper con España. La “estrategia del miedo” se construyó sobre la salida de Cataluña de la Unión Europea, uno de los efectos más inmediatos. Siguiendo esta línea argumental, si Cataluña no pertenece a España, entonces deja de ser socio del club europeo. Comenzaría aquí su odisea. El nuevo país tendría que determinar qué hacer con la moneda.

Existe la posibilidad de que este recién nacido Estado continúe usando el euro de forma unilateral. En ese caso, el euro pasaría a ser una moneda extranjera para el nuevo país y, por tanto, perdería cualquier influencia sobre su tipo de cambio y sobre los tipos de interés.

Desprenderse de la estructura bancaria de la Unión Europea significa despedirse del Banco Central Europeo (BCE). Dicho de otro modo, perdería el acceso a la liquidez que garantiza el sistema bancario de la zona euro. No hay que obviar que gracias a esa liquidez han sobrevivido no pocas entidades europeas durante la crisis. Tendría que decir adiós también al Banco Europeo de Inversiones (BEI) -el órgano financiero comunitario-, al Mecanismo Europeo de Estabilidad -el fondo de rescate para la zona euro- y al Mecanismo Único de Supervisión financiera -el FROB europeo-.

Ahora bien, no sólo se trata de dejar atrás una política económica o un sistema financiero común. Cataluña renuncia también a una serie de ayudas económicas a las que tiene acceso como miembro de la Unión Europea. Así, por ejemplo, con su adiós estaría renunciando a los 808.433.500€ del Fondo Europeo de Desarrollo Regional (FEDER) para el desarrollo económico de la región, a los 304.742.845€ del Fondo Social Europeo (FSE) para el fomento del empleo y a los 348.500.000€ procedentes del Fondo Europeo Agrícola de Desarrollo Rural (FEADER) que ayuda a sus agricultores.

Cuentas pendientes con España

Aunque la cuestión económica haya sido una de las principales bazas para quienes se aferran a una Cataluña dentro de las fronteras españolas, lo cierto es que Cataluña tendrá que resolver otros pendientes con España.

Tras declarar su independencia Cataluña tendría que negociar con España cómo gestionar, entre otros asuntos, la red ferroviaria y de carreteras. La titularidad de esta infraestructura es española y su mantenimiento es competencia del Ministerio de Fomento. Lo mismo sucede con sus puertos y aeropuertos. El tira y afloja entre ambos Estados está asegurado pues implica una cesión de competencias que sólo sería posible si España reconociese al nuevo Estado. Sin embargo, pesa mayor incertidumbre sobre aquellas obras que aún no han concluído o aquellas que están presupuestadas pero no han sido ejecutadas. Así, por ejemplo, el Ministerio de Fomento prevé destinar en 2016 un total de 1.343 millones de euros al Corredor del Mediterráneo. Además, 169,3 millones de euros irán a parar a las autoridades portuarias de Barcelona y Tarragona.

Otra cuestión que ha levantado ampollas es la relativa a la deuda pública de la comunidad autónoma con el Estado. Según el Ministerio de Hacienda, entre 2012 y 2015, España ha facilitado liquidez a Cataluña por importe de casi 50.000 millones de euros. En la actualidad, la deuda contraída con el Estado es de 37.487 millones de euros -un 18,4% de su PIB regional-. Una realidad a la que habría que sumar otro dato relevante: Cataluña tiene una calificación crediticia de “bono basura”. La agencia de calificación de riesgos Fitch rebajó la nota de la deuda catalana a un rating de BBB: es el último escalón en el que se considera que una deuda es apta para la inversión. Se trata pues de una carta de presentación poco apetecible para cualquier inversor.

En pocas palabras, una Cataluña independiente tendría que hacer frente a varias desafios. Su ruptura con España implica su salida de la Unión Europea y, con ello, la renuncia a todas las ventajas que supone ser socio del club europeo. No sólo es una cuestión monetaria con el euro como protagonista sino todo un sistema bancario. A ello se suma la cesión de competencias en ámbitos tan importantes como las infraestructuras, la educación o la sanidad o la renuncia a los fondos que financian importantes proyectos gracias a su condición de región española. Supone, en definitiva, renunciar a una suerte de amparo parental para emprender un camino en solitario, como si de un hijo rebelde se tratase.

Los fondos soberanos de Qatar se extienden por todo el mundo

QIA, el “seguro” de Qatar para el futuro

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Planea sobre ellos la sombra de la duda. Juegan con dinero público. El juego consiste en invertir considerables cantidades de dinero en grandes empresas privadas castigadas por la crisis financiera global y ávidas de capital. Pero, cómo se gestiona esa inversión: ¿en público o en privado?

Frente a esta incertidumbre, lo cierto es que los denominados fondos soberanos se están consolidando entre las potencias emergente de África, América Latina y Oriente Medio. Según el informe “Fondos Soberanos 2014”, realizado por la escuela de negocios Esade, en la actualidad existen más de 84 fondos soberanos operativos. Sus activos superan los 5,9 billones de dólares.

La importancia de estos recursos para las economías nacionales es considerable. Según su proporción respecto al Producto Interior Bruto (PIB), los fondos de inversión más importantes serían el de los Emiratos Árabes Unidos (ADIA), seguido de Kuwait (KIA) y Qatar (QIA), el país más rico del mundo. No ha de ser casualidad que se trate de Estados cuya pujanza económica se basa en la producción y exportación de petróleo y gas natural. Recursos que generan la riqueza que después reinvierten en estos fondos soberanos.

 Qatar, por ejemplo

A pesar de la desconfianza que genera su existencia, los fondos soberanos se han convertido en una herramienta para el crecimiento de los países inversores y un “rescate” para aquellos que han recibido el capital. Veamos pues el caso de Qatar, una economía que apuesta por la diversificación y que ha basado su crecimiento en la exportación de gas y petróleo.

Qatar Investment Authority (QIA) es la entidad encargada de la gestión de los fondos soberanos de inversión del emirato. Cuenta con diez años de vida. Su objetivo pasa por «invertir, administrar y hacer crecer las reservas de Qatar a largo plazo para apoyar el desarrollo de la economía qatarí» y «ser reconocido como institución de inversión internacional para convertirse en el socio preferido de los inversores», aseguran.

Al frente de este organismo se encuentra Abdullah bin Mohammed Al Thani, miembro de la familia real qatarí. Como Consejero Delegado tiene la responsabilidad de ejecutar y supervisar las estrategias de inversión. También es responsable de la gestión de este organismo, uno de los mayores fondos de inversión soberana en el mundo con más de 60.000 millones de dólares.

Cuestión de prioridades

Son varios los sectores que resultan especialmente atractivos para los fondos soberanos de inversión. El sector financiero, el sector inmobiliario o el sector del lujo -donde es posible encontrar desde grandes almacenes hasta puertos deportivos- son algunas de las preferencias de estos fondos soberanos.

Fue en 2008 cuando el fondo soberano qatarí se estrenó en el mercado financiero europeo. Entonces, QIA invertía 6.100 millones de libras esterlinas en Barclays. Así, pasaba a controlar el 10% de la entidad financiera. Era sólo el principio. QIA se haría con el 6,2% de Credit Suisse, convirtiéndose en el segundo mayor accionista después de Olayan Group de Arabia Saudita, que tiene una participación del 6,6%, según datos de Reuters. En 2010 el país del Golfo se hacía con el 5,17% de Banco Santander Brasil. Qatar compró entonces bonos de la filial brasileña que, posteriormente se canjearían por acciones, por valor de 2.719 millones de dólares. Todo podría ser apenas una pequeña muestra de su presencia en el sector financiero mundial. Resulta imposible obviar que el 20,86% de las acciones de la bolsa de Londres (London Stock Exchange) es propiedad de Qatar Investment Authority. Dicho de otro modo, Dubai y Qatar son los dos mayores accionistas de la tercera mayor bolsa de valores del mundo.

Para poner en marcha sus inversiones en el sector inmobiliario, Qatar creó otro organismo dependiente también del ya mencionado Qatar Investment Authority (QIA). Se trata de Qatari Diar, el fondo de inversión inmobiliaria del emirato. Las cifras hablan por sí mismas. Desde 2012, Qatari Diar cuenta con más de 49 proyectos en desarrollo o planificación en Qatar y en otros 29 países alrededor del mundo, con un valor de más de 35.000 millones de dólares. En cualquier región del globo es posible encontrar la firma qatarí en opulentas obras de arquitectura y suntuosos complejos urbanístico. Destacan, entre otros proyectos relevantes, el exclusivo complejo hotelero “​Sea Pearl” en Atakoy (Turquía), el puerto deportivo de Tarragona (España), la embajada de Estados Unidos en Londres (Reino Unido), el City Centre DC en Washington (Estados Unidos), la City Gate en El Cairo (Egipto) o el Diar Dushanbe en Dushanbe (Tayikistán).

El sector del lujo es otra de las grandes bazas que juega Qatar para diversificar su economía. Así, el país más rico del mundo ya es dueño de Harrods, los grandes almacenes londinenses. La famosa cadena de tiendas fue comprada al empresario egipcio Mohamed al Fayed por unos 1.740 millones de euros. Pero el interés del emirato por lo británico va más allá. El país del Golfo tiene el control del 25% de la cadena de supermercados Sainsbury, la tercera más grande de Reino Unido.

Si hay algo que resulta imposible obviar es el interés de Qatar por las grandes firmas. El emirato tiene un 1,03% del conglomerado LVMH, propietario de marcas como Louis Vuitton, Loewe o Kenzo. En su haber también se encuentra el 11,3% de  Tiffany & Co. Grandes hoteles de lujo engordan la lista de propiedades del país del Golfo. Qatar’s Constellation Hotel Holdings pagó 750 millones de euros por la adquisición de una cartera de hoteles que incluía nada menos que el Louvre y el Concorde Lafayette en París, el Hotel Martínez en Cannes y el Palais de la Mediterranee  en Niza.

La diversificación de la economía qatarí es pues una amplia red que se extiende por diversos sectores. Así es como el emirato ha hecho uso de la riqueza del subsuelo para  extender su dominio y controlar su dependencia de los recursos naturales.

Así cambiará el precio del petróleo la política internacional

La caída del precio del petróleo. Consecuencias en geopolítica

Mucho se ha especulado sobre la bajada del precio del crudo y la posibilidad de que Arabia Saudí, el mayor productor de petróleo de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), redujese la extracción para regular el precio en los mercados globales.

Sin embargo, el gigante de oro negro se niega a perder su cuota de mercado. Ante la falta de ingresos del sector energético Riyadh ha optado por vender deuda púbica. El pasado julio Arabia Saudí realizó su primera emisión de bonos desde 2007. Fueron 15.000 millones de riyales -unos 4.000 millones de dólares-, que se colocaron entre los bancos nacionales. Según el diario británico Financial Times, Arabia Saudí planea levantar un total 27.000 millones de dólares.

Banqueros comentan el banco central del reino saudí pretende colocar 5.300 millones de dólares mensuales en bonos —en tramos de cinco, siete y diez años- para el resto del 2015 y 2016.

Está claro que el sector energético global está en una fase de cambio y estamos en un momento crítico que marcará el devenir del futuro, sobre todo en los países que dependen del crudo como la mayoría de los Estados del Golfo, Venezuela, Rusia y África Occidental. La explicación de este paradigma se encuentra en las nuevas técnicas de extracción de crudo, como el fracking.

Estados Unidos, el segundo importador de petróleo mundial, cansado de comprar el crudo a terceros ha conseguido desarrollar métodos alternativos de extracción con los que ha logrado autoabastecerse y aumentar la oferta de crudo. Ahora bien, habrá que tener en cuenta lo daños que el fracking puede ocasionar en el medioambiente. Esta técnica inyecta miles de litros de agua mezclada con sustancias químicas en las rocas bajo tierra para la obtención de gas natural, lo que puede ocasionar efectos nocivos para la salud y dañar las reservas de agua naturales.

La llave para compensar el exceso de oferta sería, precisamente, cortar la producción de petróleo y así regular la oferta. Sin embargo, Arabia Saudí se niega a perder su cuota de mercado y decide incrementar la producción de petróleo hasta los 10.564 millones de barriles durante el pasado junio, según informa CNN.

Pero al aumento de la producción de crudo no es suficiente para subsanar las pérdidas ocasionadas por la bajada de los precios del petróleo y Riyadh está considerando recortar el gasto público un 10% para combatir el déficit, el cual asciende alrededor del 20% del PIB según datos del FMI. Una medida de austeridad a la que tan acostumbrados estamos en Europa.

Maduro en el Golfo

Como el efecto dominó, el exceso de oferta, no solo ha perjudicado las finanzas de los países del Golfo. Venezuela ha sido otro de los grandes países afectados. Razón por la cual se explica el reciente viaje de Maduro a Qatar –ambos países pertenecientes a la OPEC-, el pasado 4 de septiembre, buscando acuerdos que hagan subir el precio del petróleo. Venezuela es el quinto productor mundial de crudo con la exportación de alrededor de 2,5 millones de barriles diarios. Su principal mercado es China y Estados Unidos.

Sin embargo, los datos no deben interpretarse de manera negativa. Ante el derrumbe de los precios del crudo, los países dependientes del sector energético se ven obligados a diversificar su economía. Un ejemplo a seguir en el Golfo es, sin duda, Dubai, el Estado que ha conseguido basar sus ingresos en el sector servicios y consagrarse como un destino de negocios atractivo para empresas internacionales. Ejemplo que Qatar está siguiendo muy de cerca ya que pretende convertirse en un centro de referencia en la región en cuanto a educación y medicina.

Cuba, un país dependiente de los petrodólares venezolanos, se ha visto forzado por primera vez en la historia a acercarse a Estados Unidos y comenzar sus relaciones diplomáticas con Washington tras el cese de la ayuda financiera de Caracas. La crisis energética obligará a los países cuyo PIB dependen del crudo a diversificar su economía y buscar nuevos aliados. Hecho que cambiará la geopolítica internacional.

Unión Europea

Después del «Brexit», ¿qué?

Como si de un virus se tratase. Primero fue el «Grexit». Ahora, el «Brexit» llama a la puerta de Bruselas. En Atenas, la fiebre eurofóbica acabó con un fuerte portazo que hizo temblar a los mercados. El referéndum en el país heleno arrojó un estrepitoso «no» a la política de austeridad impuesta por la Unión Europea. Pero el denominado Brexit actúa en un escenario diferente. El primer ministro, David Cameron, consultará a los británicos si Reino Unido debe permanecer como miembro de la Unión Europea. Si las urnas abrazan el euroescepticismo, no sólo la economía británica se vería afectada, los demás Estados miembros también sufrirían importantes cambios.

«Brexit», ¿total o parcial?

La incertidumbre es, hasta el momento, la gran protagonista. Nadie sabe cómo se gestionará el resultado del referéndum. Si las urnas respaldan la salida de Reino Unido del club europeo, son varias las “fórmulas” posibles. Tal y como explican el Dr. Thieß Petersen y el Dr. Ulrich Schoof, de la Fundación Bertelsmann, «Todo dependerá de la forma en que se organicen las relaciones entre el país y la Unión Europea».

Así, por ejemplo, existe la posibilidad de que Reino Unido reciba un status similar al de Noruega o Suiza. En este caso, el estudio realizado por la Fundación Bertelsmann y el Ifo Institute, calcula que el PIB real del país en 2030 caería aproximadamente un 0,6%. Para el resto de los países miembros de esta hipotética UE-27 (sin Reino Unido) la pérdida sería del 0,1%. «Irlanda sería el país más afectado debido a los fuertes lazos económicos con Reino Unido. Su PIB se reduciría un 0,8%», estiman Petersen y Schoof.

Ahora bien, sobre el referéndum pesa una sombra aún más tenebrosa: la pérdida de todos los privilegios comerciales de Reino Unido como Estado miembro de la Unión Europea. En ese caso, se calcula que PIB real del país caería un 3% en 2030. La pérdida para el resto de la UE sería de aproximadamente un 0,4%. «Un Brexit en estas condiciones sería una mala decisión para todos los países, especialmente para el Reino Unido». Podría costarle más de 300 mil millones de euros.

 En la piel británica

El fuerte sentimiento euroescéptico que impera en la sociedad británica hace que los ciudadanos consideren que abandonar la Unión Europea tendrá efectos positivos en la economía del país. Sin embargo, la salida de Reino Unido implica la reducción de las exportaciones y, por tanto, de la producción. Petersen y Schoof lo explican así: «menos comercio reduce la presión de la competencia internacional, por lo tanto, las empresas tienen menos necesidad de mejorar su productividad a través de inversiones e innovación. Un menor aumento de la productividad reduce el crecimiento del empleo a largo plazo. Teniendo en cuenta estas consecuencias económicas, lo que se denomina “Brexit” reduciría el crecimiento económico de Reino Unido».

Las importaciones, el otro extremo de la balanza comercial, también se resentirían. Sin concretar cómo quedarían los acuerdos de comercio con los demás países de la UE, lo más probable es que los precios de los bienes y servicios procedentes del mercado exterior se incrementasen como consecuencias de la puesta en marcha de nuevas políticas arancelarias. Así, los británicos perderían poder adquisitivo: consecuencia directa de una notable alza de los precios. Se estima que la renta per cápita de los británicos caería en 4.850 euros.

Una Unión Europea de 27

La Unión Europea también pierde. Un socio menos supone restar un contribuyente a las arcas del presupuesto comunitario. Así, para compensar la pérdida de la contribución financiera del Reino Unido, Alemania tendría que pagar 2,5 mil millones euros extras al año, lo que convertiría al país en el mayor contribuyente neto.

Dado que el Reino Unido no es miembro de la zona euro, no hay efectos negativos directos para la moneda común. Más bien todo lo contrario. Tal y como señalan Petersen y Schoof, «si los inversores extranjeros reducen sus inversiones en Reino Unido y aumentan sus inversiones directas en el resto de la UE, aumentaría la demanda de euros y, por tanto, se fortalecería la moneda».

No obstante, concluyen, «aparte de estas consecuencias puramente económicas, la salida de Reino Unido de la UE podría causar daños políticos graves y debilitaría a Europa geopolíticamente».

En colaboración con Belén García Hidalgo

Qatar, así es su economía antes del Mundial

La economía de Qatar en cinco minutos

Poco queda ya de aquel país que basaba su economía en la comercialización de perlas y la pesca. De aquel Qatar se hablará usando el pretérito. Es un capítulo en su historia. Su presente se explica en cifras. Hoy es el país con la renta per cápita más alta del planeta: 83.000 dólares al año, según el Fondo Monetario Internacional (FMI). Las reservas de gas natural y petróleo son las responsables de su poderío internacional. Qatar es el principal exportador mundial de gas natural licuado (GNL) con el 31% del total de las exportaciones mundiales en 2014, según un informe elaborado por Qatar National Bank. Su riqueza está llamada a convertirse en su gran baza. Billones de dólares se invertirán en transformar el país en referencia mundial. Será en 2022, ya convertido en sede del mundial de fútbol.

¿El fin de la era del petróleo y del gas?

Qatar ha sido para el colectivo mundial una potencia petrolera y gasística, una bestia que arañaba a su subsuelo billones de dólares al año. Su hegemonía mundial en el sector energético no conocía rivales. Sin embargo, un acuerdo anhelado por la comunidad internacional podría poner en jaque su liderato. Irán cede y se compromete a no enriquecer uranio con fines militares a cambio del levantamiento de sanciones económicas que mantienen ahogada su economía.

La firma de este acuerdo sitúa a Irán en el tablero y con él, las segundas reservas de gas natural licuado más importantes del mundo, por detrás de Rusia. Pero no será el único dolor de cabeza para los países del Golfo, incluído Qatar. Las últimas noticias lo corroboran. La caída del precio del petróleo es un hecho consolidado. Arabia Saudí, el mayor productor de la OPEP, se niega a dejar de extraer petróleo y mantendrá su producción de crudo. Su estrategia pasa por demostrar que el «fracking» no es rentable.

El emirato se niega a seguir dependiendo económicamente de sus reservas. De hecho, las cifras macroeconómicas arrojan la puesta en marcha de una nueva economía que apuesta por la diversificación. En el primer trimestre de 2015 la economía qatarí creció un 4,1% respecto al año anterior. Un crecimiento en el que la construcción, los servicios financieros, la industria manufacturera y el sector servicios fueron los verdaderos protagonistas. Por su parte, el sector de los hidrocarburos se contrajo un 0,1% como consecuencia de la menor producción de crudo y de las paradas de mantenimiento en las instalaciones de gas.

Un sueño mundial

Dotar a la capital, Doha, de todo lo necesario para acoger la Copa del Mundo de fútbol en 2022 está siendo el gran reto del país. Qatar invertirá alrededor de 200.000 millones de dólares en proyectos relacionados con la Copa del Mundo 2022, según un informe de Deloitte de 2013 que ha sido publicado por Oxford Business Group. De ellos, se espera que 140.000 millones sean invertidos en infraestructura de transporte, incluyendo un nuevo aeropuerto, carreteras y el metro de Doha, y 20.000 millones en infraestructura turística. Qatar 2022 contará con un total de 12 estadios; nueve de ellos nuevos y tres remodelados, todos con un especial aire acondicionado para combatir las altas temperaturas. El gasto total de esta inversión en estadios rondará los 4.000 millones de dólares. Un dato llamativo teniendo en cuenta el total de lo invertido, según informa América&Industria.

La mayor partida, por tanto, será la destinada a infraestructura. Son tres los grandes proyectos que el emirato ha puesto en marcha de cara a la cita futbolística: el nuevo aeropuerto internacional, el puerto y el metro de Doha. El primero de ellos, ya concluído, supuso el desembolso de 15.000 millones de dólares. El Nuevo Aeropuerto Internacional Hamad es el segundo mayor aeropuerto en tráfico de pasajeros del golfo Pérsico después de Dubai.

Para dar  un empujón a la industria de la exportación y satisfacer las necesidades comerciales del país, el emirato ha puesto en marcha la construcción del nuevo puerto de Doha. Este megraproyecto, además del puerto, prevé construir una nueva base para las Fuerzas Navales y una zona económica que será conocida como QEZ3 (Qatar Economic Zone 3). Un conjunto portuario cuyo coste se estima en 7.400 millones de dólares y cuya inauguración se prevé para 2016.

Sólo faltaría por apuntalar la comunicación terrestre. Una cuestión que no ha sido olvidada por Qatar. La capital contará con cuatro líneas de metro. Será en 2026, fecha en la que se habrán terminado las obras de toda la red proyectada. Cubrirán el área metropolitana de Doha y conectará con los principales centros de población. Funcionará principalmente bajo tierra, salvo en la periferia, donde las líneas operarán a nivel del suelo o elevadas. Según Abdullah al-Subaie, director gerente de Qatar Railways Company, el proyecto costaría al país 36.000 millones de dólares. Se emplearán 1,2 millones de toneladas de hierro en su construcción.

Cuando Qatar despierte del sueño mundialista, toneladas de acero y hormigón quedarán para la posterioridad en su territorio. Dependerá de la capacidad de gestión del emirato que la gran inversión realizada revierta en beneficios para la sociedad qatarí. El reto, en definitiva, no es llenar estadios más allá de 2022, sino sacar partido a un país obligado a reinventarse para seguir siendo el más rico del mundo.

David Cameron (Twitter Oficial)

David Cameron, un reto euroescéptico para la UE

“Europa será más fuerte si Francia es Francia, España es España, Gran Bretaña es Gran Bretaña, cada uno con sus costumbres, tradiciones e identidad. Sería una locura intentar encajar a todos en una especie de retrato robot europeo”. Fueron las palabras de Margaret Thatcher en el Colegio Europeo de Brujas hace apenas un cuarto de siglo. Ya entonces, la Dama de Hierro no dudaba en mostrar sus reticencias a una Europa federal que implicaba ceder soberanía ante Bruselas. Ahora es el reelegido primer ministro quien retoma el debate y pasa el testigo a los ciudadanos. David Cameron deja al aire la herida abierta del euroescepticismo en el Reino Unido. El país celebrará un referéndum para decidir si permanece (o no) en el seno de la Unión Europea.

 ¿Una historia interminable?

 La cronología de la fundación de la Unión Europea está salpicada de duras negociaciones marcadas por el escepticismo británico. Fue en 1973 cuando el Reino Unido entró en la Comunidad Económica Europea (CEE). No sin dificultades. Pues apenas dos años más tarde, el país votó en referéndum su permanencia en la CEE. El 67% de los británicos apoyó entonces continuar en el mercado común que comenzaba a fraguarse.

 La llegada de Margaret Thatcher al poder sentó las bases de lo que hoy se conoce como euroescepticismo. Una dura crisis económica sacudía entonces a Reino Unido, las huelgas se sucedían ante el aumento del desempleo y la Dama de Hierro emprendía la privatización de gran parte de las industrias del país. En 1984, ante sus socios europeos, Thatcher negoció el denominado “cheque británico”. Así, Bruselas se comprometía a devolver a Reino Unido parte de su contribución a las finanzas europeas, una compensación por el exiguo uso que el país hace de las ayudas a la política agraria común (PAC).

 El Tratado de Maastricht (1992) sería la siguiente batalla entre el sueño europeísta y el recelo del escepticismo. La creación de una moneda común y una mayor cooperación política chocaban de nuevo con la idea de la Europa de los estados-nación sostenida por Reino Unido. El resultado fue una cláusula de exención conocida como “opt-out”: el país no queda obligado a formar parte de la Unión Económica y Monetaria (UEM) que comenzaba a fraguarse. Tampoco se compromete a adoptar la moneda única: el euro.

 Un nuevo pulso

 Es ahora, en 2015, cuando el primer ministro británico ha destapado la caja de Pandora con una promesa electoral que, al parecer, está dispuesto a cumplir. Sobre la mesa, una serie de propuestas con las que pretende recuperar el terreno cedido. Una conquista que espera concluir antes del referéndum, previsto para finales de 2017. Tres serían las principales demandas que el primer ministro inglés ha puesto sobre la mesa. Demandas que afectan a temas tan ásperos como la inmigración, las competencias o el ámbito financiero comunitario.

 En primer lugar, David Cameron propone limitar los beneficios sociales de los inmigrantes que llegan a Reino Unido procedentes de los países miembro. Además, no oculta la su deseo de establecer límites más estrictos a la libertad de movimiento de trabajadores dentro de la Unión Europea. Propuestas que chocan directamente con unos de los principios básicos de la Unión Europea: la libre circulación de personas entre los Estados miembro.

Frente a la unión política por la que aboga el Tratado de Lisboa, David Cameron apuesta por el regreso a Westminster de determinadas facultades cedidas a Bruselas. Eso sí, aún no ha concretado qué competencias desea recuperar.

Su tercera línea de actuación es lograr que los países que no pertenecen a la Eurozona -10 de los 28 países que integran la Unión Europea- no estén en clara desventaja con el resto de países. Dicho de otro modo, Londres parece estar dispuesto a dar un paso más a la ya mencionada claúsula de exención que negoció en el Tratado de Maastricht. Entonces, no quedó obligado a integrarse en la unión monetaria y tampoco a adoptar la moneda única. Ahora, David Cameron plantea otra vuelta de tuerca.

Comienza pues una cuenta atrás. Antes del referéndum Bruselas debe dar respuesta a las demandas de Londres. Si no es posible alcanzar un acuerdo que satisfaga las pretensiones del primer ministro, serán las urnas las que tengan la última palabra. O no. En el aire flota otra cuestión: qué hará David Cameron si los ciudadanos británicos le dan la espalda y continúan abrazados a la Unión Europea.

En colaboración con Belén García Hidalgo

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Sudáfrica 2010: los errores que Qatar 2022 aún puede evitar

Resulta interesante analizar las expectativas de crecimiento y desarrollo que los Mundiales de Futbol prometen a los países emergentes y sus costes económicos.

Pongamos por ejemplo el caso del la Copa del Mundo en Sudáfrica en 2010. Fue el Gobierno nacional de Pretoria el que le dio los 470 millones de euros a la City de Ciudad de Cabo para construir el lujoso estadio de Green Point. El problema es que una vez pasado el mundial era la City la responsable de su mantenimiento. No es fácil llenar un estadio de 60.000 asientos en el país que presenta grandes desigualdades sociales y cuyo deporte favorito es el rugby o el cricket.

En mayo del 2008 la City puso en marcha una licitación para que el estadio tuviese un operador, es decir: una empresa privada que asumiera los costes. Sólo hubo tres ofertas. Un comité especial escogió un consorcio formado por la compañía de gestión de deportes locales (SAIL) y la operadora francesa Stade de France (Sail Stadefrance) como los licitantes ganadores, entre otras razones porque fueron los que aceptaron el riesgo financiero. El contrato de arrendamiento se firmó por el plazo transcurrido de Junio del 2009 hasta octubre del 2010. El Gobierno de la City pagó 11 millones de euros a la empresa Sail Stadefrance por hacerse cargo del estadio, antes y durante la Copa del Mundo, dando a la City el 30% de los beneficios, teniendo el gobierno local que pagar marketing de los eventos y costes adicionales.

Pero lo cierto es que el contrato con Sail Stadefrance sólo se firmó durante un año, y después de los pocos visitantes que tuvieron durante el campeonato, se mantuvieron escépticos a prolongarlo. Un plan de estudio era lo que fallaba. No había ningún plan financiero de cómo hacer que el estadio de Green Point en Ciudad del Cabo fuera económicamente sostenible una vez finalizada la cita deportiva. Y estamos hablando solo de un estadio de los cinco que se construyeron en el 2010 para el campeonato. El país africano gastó 5.170 millones de dólares en infraestructura para acoger la competición, según informa CNN Expansión. De ellos, 1.400 millones fueron destinados a remodelar o construir los diez estadios. ¿Realmente merece la pena?

El caso de Qatar también está lleno de expectativas y distintas opiniones. Es obvia la inversión que el Emirato está realizando en deportes, en parte para diversificar la economía dependiente del sector energético y en parte para prepararse como país anfitrión para el campeonato de la FIFA 2022.

Qatar invertirá alrededor de 200.000 millones de dólares en proyectos relacionados con la Copa del Mundo 2022, según un informe de Deloitte de 2013 que ha sido publicado por Oxford Business Group. De los 200.000 millones, se espera 140.000 millones sean invertidos en infraestructura de transporte, incluyendo un nuevo aeropuerto, carreteras y el metro de Doha, y 20.000 millones en infraestructura turística. Qatar 2022 contará con un total de 12 estadios; nueve de ellos nuevos y tres remodelados, todos con un especial aire acondicionado para combatir las altas temperaturas. El gasto total de esta inversión en estadios rondará los 4.000 millones de dólares. Un dato llamativo teniendo en cuenta el total de lo invertido, según informa América&Industria.

Al igual que Sudáfrica, habrá que analizar si la inversión trae los resultados económicos esperados para un país con poco más de dos millones de habitantes y sin tradición futbolística.